30 marzo 2007

Sencillo electrónico


Justo cuando creíamos que el formato single desaparecía de nuestras vidas, Internet se transforma en un goteo de canciones y tonadas inmediatas. Descargas, escuchas en streaming, reproductores flash, grupos de mySpace que nos cautivan tres minutos para, poco después, perderse en la cibernética maraña de nombres... Un estribillo, una melodía que te deja boquiabierto unos segundos. Mi canción de la semana, mi canción favorita... ¿de quién era? Grupos de consumo rápido y olvido inmediato. Nos quejamos mucho pero... ¿no era esto el pop?


El otro día estaba jugando con Last.fm y no pude evitar caer en la tentación de sintonizar Radio Roque. Como no podía ser menos, aquello era una sucesión de indie canónico, un muzak de puro pop sucesivo donde se entremezclaban los himnos habituales, con las canciones de esos micro-grupos que, con tanto tino, descubren en Mira El Péndulo. Un telón exquisito pero uniforme de pop, en el cual es difícil que un estribillo destaque sobre otro. Por eso, me llamó mucho la atención que me llamase tanto la atención una canción directa, jangly, rítmica y trepidante como Motorcyle daydream. Precisamente porque todas las canciones eran trepidantes, frescas, jangly, poppy. Y sin embargo, lo hizo. Me dejó lo suficientemente enganchado como para buscar en Internet el nombre de la banda que la firmaba: Bedroom Eyes. Incluso, me intrigó tanto como para llegar a descargarme su primer EP, Embrace in stereo, disponible, por el morro, en su pagina web.






Motorcle Daydream se ha convertido en mi canción de la semana. La he escuchado por las mañanas en el autobús de camino al trabajo, por la tarde, de vuelta a casa. Ha estado arriba y abajo en las playlist del pequeño iPod karpoviano. Y es que es una descarga de pop de guitarras, chispeante, un poco dramática, directa y contundente. Tiene un final con trompetillas in crescendo. Es puro jangle y nada twee. Bedroom Eyes es un cuarteto sueco y este EP en cuestión es su primera referencia. Es de finales del año pasado ¿eh? lo aclaro por si los puristas me señalan con el dedo. Afirman su vocación por hacer canciones de pop rutilante. Y lo logran con creces. También es cierto que, en los cuatro cortes del EP le dan un poco a todo, por si acaso. Algo que, claro, les resta mérito. Pero bueno...




Ahí está el pop de inspiración sueca en Blueprint for departure (en su momento menos inspirado), pero también a la tralla melódica en Dancing under influence (esas baterias, esas palmitas, vamos que nos vamos) y al dream pop descarado en la melodramática The Skywriter. En cualquier caso ninguna supera a la canción que ha captado mi atención TODA LA SEMANA. Un hit de indie-pop. Un super-single on demand. Es posible que en cantidades mayores se hagan pesados, incluso vulgares. Pero el impacto inmediato, el volver a pulsar PLAY, los pies que tamborilean y que se van, la emoción desechable... sigue mereciendo la pena siempre que se de la dósis adecuada de emoción y simpleza. Excelente canción, la que han firmado estos Bedroom Eyes. Ojalá no volvamos a escuchar nada más de ellos. A fín de cuentas es solo una canción y ya está bien.

Bedroom Eyes - Motorcycle daydream



28 marzo 2007

Chicas, chicas, chicas


Tenía pensado hablar en estos días de Stephen Duffy (mi nueva obsesión) y del disco de regreso de los Orchids (en los próximos días) pero, al final, la vuelta a la escena de la prosa rock electrónica de la bloguista Marta y su Fuck Me I'm Twee, me han hecho cambiar de tercio. La culpa es de un interesante artículo sore mujeres y crítica rock que, desde ya, recomiendo leer. Allá va, por tanto, una aproximación al eterno femenino blogosférico.


1. La opinión femenina radical que siempre se agradece. El artículo en cuestión es éste, y me ha gustado porque, en primer lugar, describe con acierto la ausencia de voces femeninas en la crítica musical no sólo a nivel mainstream. Con tino señala que el underground es cosa de hombres (sí, nosotros), principalmente pajeros (también, un poco), y busca la razón en argumentos tan acertados como éste:

[...] el crítico se cree que puede decidir qué es lo que mola y lo que no y se atreve a prescribir qué es lo que hay que escuchar. pero las niñas no somos educadas para mostrar nuestra opinión, para decir no o para imponernos, sino para ser complacientes, asertivas y, por definición, "educadas".

Personalmente, me he ruborizado un poco al leer esto. Porque en el fondo, si uno es sincero consigo mismo, no puede más que sentirse retratado. Si no lo es dirá que esta niña es una radical feminista y que la realidad es que a las mujeres les gustá más quedarse con sus cosas, en casa. Así, de manera espontánea, sin secular opresión de por medio. O que los hombres tenemos más hobbies... como dice algún aguililla por ahí. Lo cierto es que, sin comulgar demasiado con determinadas visiones feministo-reduccionistas, es muy bueno que se recuerde que sería deseable un mundo musical con más mujeres. Sin ir más lejos en el indie pop, que es un género que en sus orígenes muy poco machista (orígenes que es una pena que desvirtúen petardas como las Pipettes, o la señora de Lucky Soul) esta presencia ha marcado la diferencia. De todas maneras, tampoco hace falta irse tan lejos en el tiempo: ahí está Toby Vail, las Hello Cuca, las Wet Dog para hacernos desear esta feminización musical, pero ya. Tampoco hay que ser un radical para coincidir con Marta en que:

[...] evidentemente nosotras no sufrimos los niveles de discriminación que sufrieron nuestras madres. es más sutil, quizá no se reproduzca en todas las esferas, pero estar está. y creo que eso no se puede negar. es más, me parece peligrosísimo que se niegue (es que yo, como soy mujer, soy feminista).

Posts como este son un soplo de aire fresco que nos hace reflexionar que a esa crítica rock, que ya de por sí vemos insuficiente, le falta incorporar la sensibilidad de buena parte de su audiencia. Porque sí, chicas que escuchan (mucha) música, que tienen un criterio excepcional y que disfrutan e investigan sobre la cultura pop hay. Tampoco está mal posiciones firmes como ésta frente a la tibieza del "si ya no hay discriminación" con el que muchos calman sus conciencias. ¿De verdad se lo creen? Yo no, y menos en estos tiempos de descarada reacción.






2. Un festival que vuelve. Vuelve el Ladyfest y yo, desde aquí, lo celebro. Celebro que se hayan puesto en marcha de nuevo. La primera edición me pareció (salvando un par de deslices ético-estéticos y alguna petardada progre de más) un excelente escaparate para la nueva creatividad rock femenina. Y así lo dije. Porque realmente creo que, ante la decadencia del pajero contracultural, la frescura, imaginación y falta de complejos de las chicas puede llegar a salvarnos a todos. Desde ya Karpov! apoya la iniciativa y promete ir a todos los conciertos y a todas las fiestas.




3. Una gran mujer. Y además indie. Sí, estamos hablando de la divina Amelia. Habrá quien piense que no es lo suficientemente riot-grrrrl. Dulce front-woman de los legendarios Talulah Gosh y de los no menos legendarios Heavenly, desterró para siempre la idea de que furia y amor, ira y sensibilidad, no podían ir de la mano. Más punk que muchas lagartonas punks, algún día alguien descubrirá que lo suyo es conclusión directa de los hallazgos de las Raincoats. Mientras tanto, los que ya lo sabemos podemos descargar un directo inédito del año 1991, cortesía del famoso blog Indie Mp3.






4. Unas chiquitas muy K records. Eso son las All Girl Summer Fun Band. Y merece la pena leerlas en esta entrevista.





5. Un standard de la canción dado la vuelta, deconstruído y destrozado con gracia y cachondeo femenino y ochentero. Esto lo grabó Isabelle Antenna para los Discos del Crepúsculo. Sobran los comentarios, ¿verdad?

25 marzo 2007

Cuatro formas de cotidianeidad



Llega la primavera a Madrid, cambia la hora, tenemos luz y (pese a alguna que otra ola de frío aislada, polar y desagradable) calorcito y brisa para disfrutar de paseos matutinos. También tenemos, como ya hemos comentado la semana pasada, un rítmo trepidante de conciertos y novedades fonográficas, pequeños acontecimientos locales y asombrosos movimientos musicales. Saltos adelante, grandes saltos en el vacío: Bicicross y Punsetes en directo. Una vida cotidiana a veces ajetreada, a veces tranquila, de la que dejo cuatro flashes.



1. Lo cotidiano necesario.- Por mucho que les resulte asombroso a unos y otros, abandoné durante un día completo la vida virtual. Cumplí así con el Shut Down Day, curiosa inciativa de dos pajeros candienses que, precoupados por el (excesivo) tiempo que pasaban ante el ordenador, y por su creciente adicción al mismo, han decidido lanzar esta peculiar iniciativa. La verdad, es que tras mis recientes experimentos con las últimas utilidades cibernéticas, se agradece tener un día de desconexión.






2. Lo cotidiano posible.-
Un sábado en el mundo real sirve así para hacer el flaneur por un primaveral paseo de Recoletos, bien bonito y soleado, y dar una vuelta por las salas del Museo Arquelógico de Madrid. Esta experiencia es, doblemente recomendable en esta temporada en la que parece que se lleva el revival ultramontano y nacionalcatólico y la apropiación indebida de rasgos identitarios. Toda una lección de sincretismo protohistórico, un recordatorio de la importancia de contar con un pasado remoto que es crisol de culturas, de cultos y maneras, mezcla de ensueños mediterráneos y de gestas germánicas. Uno sueña con los tartessos y con los fenicios venidos de Tiro y Sidón, con su mercatilismo exploratorio y sensual; observa la extraña y críptica imaginería de los iberos; se deja llevar por el sentido práctico de los romanos de la provincia, con sus mosaicos de perdices y faisanes y su adoración a los lares del hogar, se explica muchas cosas ante las joyas visigóticas que presenciaron la abjuración de Recaredo del culto arriano y pasa una mañana fenomenal. También están muy bien las momias egipcias, pero pueden dar un poco de cosa, todo hay que decirlo.








3. Lo cotidiano imposible.- Lo cotidiano imposibe es, sin duda, Bicicross. Una semana después de verles telonear a los Mittens, poco más se puede decir. En el Nasti dieron un concierto muy similar al de hace siete días que confirma su talento a la hora de elaborar una estética de la dispersión. Yo, como el Sr. Tremolino, aprecio su miniaturizada lírica, las canciones que se disuelven en algún lugar entre el todo o la nada y ese vanguardista candor que sitúa su propuesta en un terreno casi mágico que no pertenece ni a la realidad ni al deseo. Buena elección la de emparejarles con Los Punsetes. Al costumbrismo ultrarrealista de unos, se contrapone el lirismo (im)posibilista de los otros, formando un cuadro musical peculiar e interesante. Hubo quien salió echando pestes y fijando su atención en los aspectos más anecdóticos de la propuesta... Bueno, como dice Mr. T, cargado de razón:

O los amas o los odias y ayer, entre los que fuimos se encontraron las dos posturas. Yo, lógicamente, tomo partido a su favor, a que sigan así, explorando mundos de extraños dadaismos sonoros






4. Lo cotidiano real.-
Los Punsetes presentaron su primer single, más de un año después de que en este blog alucinásemos con su primera maqueta. Ha sido un año viendo la evolución pública del grupo que ha retratado mejor el día a día de esta España after-todo que se recrea jugando a ser su propio estereotipo. En cosecuencia, en el Nasti se podían ver caras ilustres: algunos miembros de los Cohete, la esquiva leyenda del indie llamada Federica Pulla, componentes del sello Spicnic, un pintor moderno, bloguistas indies, cronistas de la realidad retroactiva... dispuestos a presenciar la puesta de largo de los madrileños. Los Punsetes es el único grupo que ha sido capaz de saltar la tapia que rodea a nuestra música underground y se han atrevido a mirar más allá de las puertas del local de ensayo. Con talento, con indiferencia, con agonía, están construyendo la crónica del agobio estructural español. No es una crónica negra, son despachos grises desde el día a día. Pero esta vez con un sonido descarnado, mucho más básico que en ocasiones anteriores. Certeros y reconcentrados. Vísceras al aire, malas caras y un telón de rutina y guitarras distorsionadas que cubren la mecánica narración de los días de diario que hace, con tono maquinal y alienado, su hipnótica cantante. En la sala Nasti, con un sonido PERFECTO, Los Punsetes dieron su mejor concierto. Topacios y jacintos, La dificultad que encierra, Fondo de armario... lo hemos dicho todo de estas canciones que, ahora, casi sin florituras noventeras, resuenan como obesivas fotografías de la nada cotidiana. Se las tocan de corrido. Sin pausas, con patibulario hastío, hasta que les cortan y nos quedamos sin las dos últimas. Trabajar cansa, ya lo decía Pavese. Ya lo dicen ellos con una insomne y paranoide ausencia de romanticismo. Y mañana es lunes de nuevo. Este es el mejor grupo que tenemos. Lo que hace un año parecía lógico empieza a volverse obvio. Ahora queremos un LP, Punsetes. Y una chapa que me debéis.




22 marzo 2007

Bocados de realidad

Después de tanto divagar sobre la cuestión sueca y los multiples pros y contras del pop nórdico, anoche pudimos ver, bajo los focos y el colorín del escenario, todas sus virtudes y sus defectos. Los encantadores Loveninjas presentaban su disco The secret of the Loveninjas ante una sala Moby Dick bastante llena para ser miércoles y en la que no faltaban chavalitos canónicamente indies que parecían sacados del folleto corporativo de la disquera Labrador. Todo estaba dispuesto para una noche triunfal, por tanto, y sin embargo...

Sin embargo, no es tan sencillo trasladar la pulcritud del sonido sueco al directo. Primera decepción, los fonográficamente impecables Loveninjas, suenan bastante a lata. Con una formación poco contundente (sólo una guitarra, bajo, teclados, baterías) aparecen bastante más básicos y menos sutiles de lo que hacía intuir su disco. Curiosamente, tampoco son máquinas instrumentales. Suecia no es América, amigos, y el frío ártico se nota, aunque se esconda bajo capas de encanto y educación exquisitamente socialdemócrata. Segunda decepción, los Loveninjas no mueven ficha y se escastillan en el pop chispeante y sutil pese a no tener suficiente artillería para ello. Más lógico hubiese sido que hubiesen optado por recrudecer su propuesta, dar volúmen a la guitarra, y acentuar ése lado pop-punk que dejan intuir, a veces, sus canciones. Pero los Loveninjas son suecos. No son ingleses. No son cenutrios.




Así que comienzan con la deliciosa Care, que queda bonita y un poco fría pero que hace, a pesar de todo, albergar expectativas; el concierto puede ser simpático, agradable y encantadoramente agreste. En las canciones siguientes, esta sensación se va difuminando. Falta sonido y cohesión: el grupo no termina de pillar el puntillo. I wanna be like Johnny C, con su rollo rítmico queda bien, otras no tanto... La cosa avanza con altibajos hasta la segunda mitad del concierto. Con Earl grey with honey se lanzan a un civilizado dream-pop de guitarra(s) afiladas que les sienta bien. El guitarrista rubiales cobra protagonismo y sube el volúmen, mete distorsión y da a los Loveninjas, ya en la recta final, un brío que no les sienta mal. Para el bis, la banda suena mucho, muchísimo mejor. Pero se ha acabado el repertorio y nos vamos todos a casa. Tanta expectativa se ha quedado reducida a un concierto sin historia. Un concierto en el que uno recuerda con más simpatía las, un poco amaneradas, poses y miraditas del cantante, alguna sonrisa cómplice entre los miembros del grupo y lo educadísimos que son con el público, que los (escasos) momentos estelares. Una pena, ya digo. Al final, uno no puede más que maldecir un poco a estos chicos que graban unos discos hermosos pero que no resisten demasiado bien el contacto con la realidad, antes de irse a casa en una noche de frío polar y horrible que me hace pensar que Estocolmo no debe ser Hawaii. Ni tan guay.


Loveninjas tocaron la noche del 21 de marzo en la sala Moby Dick, por cortesía de la asociación Fikasound, organizadora del concierto.



20 marzo 2007

Movimiento continuo


Yo no se si la cosa se mueve o se deja de mover. El caso es que estamos todo el día de la ceca a la meca y ya no se si voy o vengo. Por si acaso, por el camino me entretengo. Al fin y al cabo, no podemos negar que Madrid está que es un rollercoaster y un carrusel. En fín, para que los más despistados terminen de cuadrar sus agendas, allá va una andanada de cosas que hay que hacer de aquí a que llegue la Primavera.


1. El concierto de los Loveninjas. Tanto hablar de que si el pop sueco esto, que si el pop sueco lo otro. A ver si confirman la buena impresión de su reiterativo pero molón disco. Yo estoy un poquillo resfriado pero creo que haré el esfuerzo.



2. Ver a los Punsetes y a los Bicicross. Mira que hemos hablado de ellos veces; eso sí, siempre por separado. El sábado que viene (24 de marzo), a las diez en punto de la noche (ojito que serán puntuales) podremos hablar de ellos simultáneamente. Acontecimiento, arte, talento, heterodoxia. Concierto IMPRESCINDIBLE, con mayúsculas.

24/03/2007 22:00h Presentación del 7" Nasti C/ San Vicente Ferrer, 33




3. Hidrogenesse en la Sala El Sol. Presentando su disco, Animalitos. Ya está, ya lo he dicho todo.

Hidrogenesse (Concierto) 30 de Marzo Madrid (El Sol c/ Jardines 3) Hora: 23.oo - Precio: 10 euros





4. Cosas que hacen BUM! La Barcelona underground se viene a hacer los madriles. Y con toda la artillería. Corto, pego y no me responsabilizo de los comentarios, ojito los más susceptibles.



Día 31 de Marzo del 2007 a las 18:00h en el centro cultural Ladinamo (C/ mira el sol nº 2, 28012 Madrid).

Presentará al autor: Jordi Costa

Leerán fragmentos del libro: Roberto Herreros (Grande-Marlaska), Bruno Galindo y Paloma Pop.

Kiko Amat hablará de Cosas que hacen BUM y, qué caray, también leerá algún fragmento. Tras la presentación se les ofrecerá a los asistentes champán catalán para beber y soul americano para escuchar.


Pues eso, que otra cosa no, pero marcha tenemos toda la que queramos y un poco más.



18 marzo 2007

Las múltiples vidas de Karpov!


Es una temporada intensa en el infierno de lo virtual para Karpov! Lejos quedan aquellos días en los que intentaba, en vano, customizar mi propio espacio. La conquista del espacio virtual se ha vuelto extraña y compleja. Está empezando a incluir radios digitales, sistemas de recomendaciones, muñecos que se mueven por universos viruales y leopard-skin jackets. Realmente, otra vida es posible más allá del bloguito indie. Ahora bien, habrá que ver si podemos con ella.


Cada vez que me acuerdo de aquellas declaraciones ampulosas que hacían las revistas de tendencias, mediados los locos Años Noventa, en las que afirmaban que se dirigían a un target que necesitaba días con el doble de horas para poder vivir en condiciones, no puedo evitar contener la risa. ¡Qué tiempos aquellos en los que, con un límite 48 horas, te arreglabas la modernidad! En la era de lo social el tiempo es continuo, las cosas no se paran ni cuando uno duerme, y uno tiene que estar en línea de manera permanente. Así que, enlinéandome con los últimos gadgets disponibles en la Red, entrego, humildemente, lo que quede de mi alma a dos nuevas aplicaciones que devorarán mis ratos vivos y muertos...




En primer lugar, ya tengo mi sitio en el sistema de recomendaciones y radio por Internet Last.fm. Ivan Polygon explicaba, hace unos días, en qué consiste el invento con sencillez y acierto. A mi me descubrieron los chicos de MEP, ya que hice hace un tiempo un
login y lo olvidé. Ahora sin embargo se ha convertido en una especie de juguete favorito. Recomiendo canciones, escucho la radio de otros, hago amigos, pertenezco a grupos y participo en foros. Pierdo el tiempo. No entiendo muy bien cómo se sincroniza con el iTunes, tampoco se cómo se editan del todo bien las listas para quedar de tío cool, como está hacendo medio planeta... Por lo demás es una divertida manera de desmaterializar la música. ¡En Last.fm si que no dicen nada de tu vida! En fín, por si acaso, ahí estoy. Junto a La Increíble Verdad o El Ruido de la Calle, además de los chicos de Mira el Péndulo.




Pero lo que de verdad me ha dejado absorto ha sido entrar en el satánico juego social Second Life. La dinámica es sencilla. te das de alta, te descargas una aplicación (un
cliente, como le dicen los que controlan), te generas un avatar y te introduces en un mundo virtual dela mano de tu muñeco. Por ahora, he dado algunos pasos por parajes insólitos, bizarros, banales... especulación inmobiliaria, futurismo, playas terminales, fiestas rave, algunos amigos nuevos, mensajería instantánea. Tengo una guitarra eléctrica que siempre toca lo mismo y puedo crear pirámides de cristal. Poco indie, por ahora en un mundo donde Karpov! viste estilo Los Setenta con chupa de piel de leopardo, pantalones ceñidos y un pelo que mezcla en look ENO con el de Krypton. Y es que si esto es otra vida, no vamos a terminar haciendo lo mismo que en la de siempre ¿no? Lo mejor es poder volar y teleportarse. Y, lo cierto, es que al ver la primera puesta de sol en Second Life, mi muñeco y yo sentimos una cierta emoción melancólica, mecánica e impotente. En fín, dejo fotos del virtua-karpov! para que se hagan una idea.





Es interesante, también hablando de este tema, leerse este texto que encontré trasteando por Internet. En el pedante y asombroso blog We make money not art! se entrevistan con el gurú de lo digital Julian Bleeker que, con sabiduría, afirma lo siguiente:

If the project of the digital age is to make everything that we have in "1st life" available in 2nd life, then I think we're on the wrong path. Laminating 1st life and 2nd life isn't about creating digital analogs. It's about elevating human experience in simple and profound ways. This blogject project is an early manifestation of what I think we will start seeing as clever tinkerers experiment with creating meaningful bridges between 1st life and 2nd life in which ethics precedes doing something "just 'cause" it's possible. And those bridges come firstly in very simple expressions of 1st life activity in 2nd life, or 2nd life activity in 1st life.

Bruce Sterling
has a great turn-of-phrase I once heard him speak — "we will get the future we deserve." And in this case it means if we want Gap Stores, shopping malls and advertising signage in Second Life, that's what we'll get. But I think many people want something that will yield more habitable worlds, not more efficient ways to market and get people to buy crap. We could create impacts and shape thinking and behavior with digital networks, particularly ones that speak to 1st life. We can create bridges that capture, share and disseminate the current, day by day state of the thinning northern ice cap. We can create a 1st life / 2nd life bridge that makes this condition as present, as impactful and as resonant as a dripping faucet in the next room, rather than an abstraction only occasionally brought to our mind through a newspaper article or cocktail party conversation.

Sirva de epílogo a este primer capítulo de unas memorias virtuales. No sé si continuará, porque estás chucherías electrónicas son dulzonas pero de sabor breve. En fín, al menos
ya estamos dentro.

Eso sí, el domingo di unos paseos al sol, mire al cielo y casi me he terminado este libro, cuya lectura me ha revelado que hay sutilezas y placeres que lo virtual no logrará emular jamás, amigos.


17 marzo 2007

Imposible y emocionante

Si esta mañana me preguntasen cuál es el grupo más extraño y original de cuantos pueblan nuestros juegos florales subterráneos no dudaría un instante en responder. Melodías dispersas, cuidados castillos de humo y acuosas derivaciones pop convierten el pop artie de Bicicross en un raro lujo. De nuevo sobre un escenario, su propuesta parece que no detiene su germinación perenne y sus canciones crecen a ojos vista ¿no es emocionante? Sí, claro que sí. Al final me darán la razon.


Viernes noche en el barrio de Lavapiés, Mittens (éstos, no éstos otros, cuidado) presentan su single (autoeditado, creo) y Bicicross les hacen de teloneros. Lo siento mucho por el aparatito fonográfico que motiva la reunión pero, para mi, el verdadero acontecimiento es poder ver de nuevo a los extraños duendes madrileños desgranando su hermosas y anómalas canciones. Esta vez no dejo nada al azar y, poco antes de que empiecen, mietras montan todo el aparataje, los cacharritos y el gigantesco armonio, que parece guardar todos sus secretos, ya me he hecho con un buen sitio en la primera fila. He decidido no volver a perderme una de Bicicross. Y mucho menos después de la aparición de la excelente maqueta Le automedían. Ellos montan todo el extraño lío de bártulos y útiles musicales que les sirve de instrumental para conjugar la belleza. Y yo pienso en lo extraño que es tener a Bicicross en esto que se llama el panorama. Qué lejos están de las propuestas que se llevan, que salen en la prensa. Qué canciones tan anómalas, tan hermosas, tan cercanas y líricas.



En fín, dejo de pensar en esto en cuanto empiezan a cantar, a chillar y a hacer el indio. Hermoso salvajismo poético, como siempre digo. Pero esta vez conjurado con mayor certeza, con intensa conciencia de ser Bicicross. No existe la tentación de escaparse hacia espacios progresivos porque, con sabiduría prefieren qudarse en lo microscópico, se cambian instrumentos raros, se concentran en unas melodías preciosas. Miran a los lados, al publico y al techo, como siempre un poco arrobados. Yo no puedo dejar de mirarles, al pie del escenario, escuchando una joya como es Mustio y disfruto, mesmerizado, la extraña brujería que conjuran estos peculiares alquimistas domésticos. Preguntas sin respuesta que, al escuchar los berridos con que se escapan de la cordura pop en Anatolia, se convierten sólo en emoción musicada. He hablado tanto de ellos que ya me he quedado sin palabras. Pero nunca he dicho, sin más, que sus canciones son preciosas y emocionantes. Pues bien, anoche me parecieron más hermosas que nunca y me emocionaron como si las estuviese escuchando de nuevo por primera vez. Ésta es la medida con que se debe valorar su concierto: la de lo imposible y lo emocionante.




Poco después, Los Mittens presentaron su single a modo. A granel, con cucharadas de maximum power-pop madrileño, puñitos en alto, coros y balanceos de cabeza. Colorín sesentero, revivalismo cenutrio y ni un sólo mátiz. Tal vez sólo quieran ser un grupo de pop mimético, contarnos que tienen una buena colección de discos, que se saben las referencias correctas de pé a pá y que han llegado a tocar bastante bien. Me parece una historia poco interesante pero legítima, al fin y al cabo. El público lo pasó bien pegando saltos, que no se le olvide a nadie que el power-pop es el único género músical que ha arraígado en Madrid con la fuerza suficiente como para incorporarse al folklore urbano. Ellos se lo pasaron muy bien y sudaron la camiseta. Tocaron con garra y hailidad y a un volúmen brutal. En poco más del doble de tiempo del que necesitaron Bicicross para arrancarnos una sutil emoción, desgranaron sus canciones de ecos soleados y retro que no me dijeron nada. No quiero grupos nuevos haciendo revisones sesenteras. Para eso me compro las reediciones correspondeintes en Radio City. Así que, apreciando mucho su pericia, decidí guardar en mi corazón la imagen de unos Bicicross haciendo unos gorgoritos tan bonitos que a uno casi le da por echarse a llorar. Y me fui a tomar algo, como cada noche de viernes, con las tonadas inconscentes guardadas, a buen recaudo, en el inconsciente precisamente.

Bicicross y Mittens tocaron la noche del 16 de marzo en la sala El Juglar, en el madrileño barrio de Lavapiés.

14 marzo 2007

Eres un animalito

Yo quiero ser como Carlos Ballesteros. Quiero poder cantar de todo, ser ineteligente, sensible y divertido. Ser tangencial y muy agudo. Estar dotado para la vanguardia. Tener modales, tener cara dura, y capacidad para pasar verguenza ajena. Observar lo que me rodea con la mirada inocente que da la malicia. Quiero poder hacer un disco como Animalillos. Poder hablar de todo, de todos y para todos. Y tambián hablar para que nadie me escuche. Hacer una obra redonda y que parezca un timo. Quiero ser Carlos Ballesteros y hacer discos de Hidrogenesse al lado de Genís Segarra.


Quiero ser irónico sin resultar cínico. Decir cosas inteligentes y no parecer maleducado o sobreeducado. Quiero decirlo en un disco como Animalitos (Austrohúngaro, 2007). Poder empezar un bestiario fonográfico con una canción rara como Caballos y ponies. Conjugar el verbo desparasitando y que parezca que hablo de las sutilezas del alma. Quiero hacer un disco de tecno-inteligente, de verdad inteligente. Pero que no deje de ser sentimental, ni tampoco incisivo... Un disco que parezca de Momus. Pero con cosas que pasan aquí y que se entienden mejor aquí. Con vanguardia de rastrillo que se acaba volviendo objeto de lujo, no necesariament deportivo. Quiero saber hacer la crónica del solipsismo moderno, escribir Disfraz de tigre y no tener que mencionar la palabra alienación cuando cante la letra. Quiero poder retratar el morbo homoerótico castizo y generalizado que se vive en la oficina de españa con el salero certero con que lo hace él en El poder de tus tejanos.





Todo es Lynch, tumbado bajo el árbol lo pienso muchas veces. Pero no soy capaz de decirlo como lo dice Carlos. El árbol donde enterramos perros y teclados ¿te das cuenta de lo que está diciendo? Cantaría con los pájaros y, si dibujase como él, te haría un retrato. Esto lo dice él en El árbol. Quiero ser raro para no parecer cursi, o poder parecerlo sin remordimientos de conciencia. Hablar de la gente que no mueve un dedo, firmar Los perezosos y hablar de la vagancia existencial sin que parezca que le reprocho nada a nadie. Quiero que los Espanto recomienden mi disco cuando hablan por teléfono con sus amigos. Y que Alfonso Melero toque la batería en él. Quiero poder decir, sin la boca pequeña, vamos a casarnos. Por conveniencia, que también es una forma de amor al fín y al cabo.





Quiero una vida antigua en un castillo que no fue terminado. Quiero ser Carlos Ballesteros. Quiero todo esto, pero sé perfectamente que es demasiado tarde para que sea posible. Y, tal vez sea mucho pedir. Por eso escucho Animalitos de manera obsesiva, para ver si, por lo menos, quedo atrapado como cara B sorda en su galería de realidades bestiales, ridículas y tiernas (animalitos, al fín y al cabo, somos todos). ¡Dios, cómo te odio Carlos Ballesteros! Qué disco el de Hidrogenesse.




Animalitos ya está en la calle. Hidrogenesse estarán tocando el día 30 de marzo en Madrid en la Sala El Sol.


13 marzo 2007

Una nueva prensa musical


Esta semana no tendré mucho tiempo para reflexiones y digresiones pero, como tampoco me apetece dejar de enredar en este minusculo rincón de la blogosfera, les voy a dejar una perla que merece quedar colgada aquí. Trata del siempre espinoso tema de la prensa musical. Yo no se que es lo que pasa pero, desde que soy pequeño, siempre he tenido en la boca la frase la prensa musical es una mierda. Y es posible que lo sea, de verdad, pero cuando uno dice muchas veces lo mismo, al final duda. Por eso alegra encontrarse reflexiones como la que les adjunto.


La reflexión en cuestión la hacía zinc alloy en su blog B'dum B'dum, reseñado puntualmente en estas páginas desde el mismo día de su nacimiento. Ya la había visto hace unos días, lo que sucede es que, el otro día, leyendo en diagonal la prensa gratuíta me acordé de estas palabras. Menuda farsa más grande. Lo peor es que está generalizada y globalizada. Basta con leer el Mojo u ojear las páginas del Plan B para darse cuenta. Eso si son muy finos y no quieren bajar hasta las cavernas que son el RDL o el Mondosonoro, por poner un par de ejemplos significativos pero ni aislados ni únicos. No es que uno encuentre estulticia, amiguismo, payolas o papanatismo. No, eso se podría perdonar, porque es corriente, moliente e incluso previsible. Lo que llama la atención es la ausencia flagrante de pasión, delirio y caos. Locura, ruído, aunque sea de mentira...




Si uno se lee el famoso libro de Nick Cohn, la conclusión que saca (la única, por cierto) es que los datos, los hechos, los detalles, acaban por dar exactamente igual en la prosa-rock. La mente humana se queda con lo anecdótico, lo pasional y chalado. Para eso está el rock ¿no? Bueno, pues cuénteselo ustedes a todos los que este mes firman, de su puño y letra y con su nombre propio, que el disco de los Arcade Fire es una obra maestra. Y en todos los suplementos modernos gratuítos. Luego lean esto que les pongo a continuación. No, no hace falta que escuchen el disco. De verdad, es una mierda. Y, si, desde que éramos pequeños estamos igual ¿Una nueva prensa musical? Vean lo que dicen por ahí...


Como aficionados, debemos exigir que quienes escriben sobre música sean también aficionados. Verdaderos aficionados, no profesionales, ni periodistas, ni "reponedores de estanterías". Basta ya de ruedas de prensa articulizadas. No podemos caer en el engaño de la, así llamada, "prensa especializada". ¿Especializada en qué?, la pregunta tiene su miga. En medio de la inundación musical, cada vez es más necesario que se hable de verdad sobre música. Que se hable con alma, que se hable desde la parcialidad que da la pasión y no desde la parcialidad que dan los poderes que, por detrás de esas casi trescientas páginas mensuales a todo color, nos hacen partícipes de su intercambio de cromos y el reparto de los beneficios que piensan conseguir con la next big thing, que llegará puntualmente a todas las tiendas de ropa y gadgets a primeros del mes de abril.

Por cierto, pongo esta cita para que vean que no sólo doy caña yo porque tengo mucha mala baba, estoy resabiado y soy un notas. Hay otros a los que lo de los fulanitos y los menganitos tampoco les acaba de resultar aceptable.


11 marzo 2007

Haciendo guiños a la luna


Con la presencia del Sr. Tremolino en Madrid, todo un universo fonográfico se ha abierto para mí. Escucho un nuevo mundo, que diría aquel; la minúscula escena de Donosti llega en pequeñas, pero muy efectivas dósis. Home made labels, caprichos y pijadas desde el norte, que nos
encandilan en esta capital embrutecida y ensimismada, que vive convencida de que las escenas son sólo cosa suya. Afortundamente, fuera de la órbita madrileña pasan cosas tan estimulantes como las que nos ofrece, ocasionalmente, Moonpalace Records.

Moonpalace Records es un sellito indie, especializado en cuidadas ediciones. Su querencia por el pop, se ve matizada por una (a veces enfermiza) filia por los sonidos más folkies y brumosos; melancolía, lirismo y hermosura serían banderas de esta disquera para la que graban portentos como Tex La Homa y, sobre todo, los imprescindibles Elurretan. Deudor del más ensimismado espíritu indie, el sellito lunar se dedica, a las ediciones limitadísimas, a la artesanía y la manualidad. Es la manera de sortear las inclemencias del inexistente mercado underground. Esta estrategia manufacturera permite sobrellevar el peso de la indie-ferencia general con el placer que producen las cosas bien hechas. Cien ejemplares, preciosas cajitas de cartón, canciones preciosas ... Así, con la intención de no perderme estas cosas, he llegado a un negociete con el Sr. Tremolina: el me vende las referencias que considere, sin que medien proposiciones o preguntas previas. Y yo, obediente, les voy hacuiendo hueco en mi hogar sin rechistar. Una manera de distribución que convierte al Sr. T en una suerte de personal shopper fonográfico. Un modelo que, por ahora funciona, a tenor de las primeras referencias que han caído en mis manos.




Benjamín Lozninger es un habilidoso geniecillo de la canción triste. Cantadas en inglés, sus composiciones son mínimas y encantadoras oditas. Próximo en sus planteamientos a Dotore, lo suyo es un pop sútil, surrurante, seductor y un poco nocturno; canciones perfectas para ésas tardes de domingo perezosas. Sí, estamos ante esa música que se disfruta ante una tacita de te, con lluvia tras el cristal, con una mantita de Linus, tal vez una chimeneíta. Pero, que nadie se llame a engaño, Lozninger consigue hacer que suene preciosa y ensoñadora. Nada de cabezadas ni bostezos, sólo caricias y confort anímico. Benjamín se ha inspirado en su hija para componer una música íntimista, ambiental y brumosa que termina por ser una caja de sorpresas. Matizada y serpenteante, supera el tono folkie y se escapa hacia terrenos menos áridos. Viajes a cámara lenta, por un pop inmediato y, aún así, camuflado. El fantasmal hit inicial 2 ghost keys, deja paso a una sucesión de pequeñas composiciones perfectas que recordarían a los tremendos y soporiíferos Red House Painters si no fuese porque estas canciones están tocadas por una magia melodiosa. La magia de lo inmediato. Y también la magia de la discreción. Preciosas canciones (canciones de verdad) como Here I stand que, con su dignidad minúscula enamorarán a todos los aficionados a degustar una fabulada tristeza de andar por casa. Parálisis musico-poéticas como Tide on a rope no afean el resultado final. El formato EP hace que la dósis sea la correcta para los menos morfinómanos; algo que no tengo tan claro que suceda en un disco completo. Para los que no se fíen, piensen que el propio Alistair Fichett le editó un single para su Unpopular Records. ¿Sadcore, dicen que dicen? No hagan caso, esto es folk-pop de siempre, triste, precioso, especial. Y todavía secreto. Así que aprovechen.




Los discos de Moonpalace Records y, en concreto, este EP de Lozninger se puede conseguir en Madrid en la tienda Bang!, ya lo saben.


09 marzo 2007

Comportamientos infantiles


Mi relación con el cavernicolista y legendario Billy Childish no ha pasado nunca la barrera del respeto nominal y de una cierta curiosidad formal. Autor de una discografía literalmente inabarcable, Childish es un inquieto, prolífico y polifacético artista de lo suyo. Y lo suyo, lo pillas o no lo pillas. Es lo que tiene ser de culto, todo el mundo te respeta pero la monumentalidad de tu figura puede echar para atrás a los menos avezados.

Por eso, sólo en dos ocasiones me he decidido a acercarme hasta el umbral del mundo de Billy Childish. La primera fue hace muchísimos años; en un largo viaje en tren, tuve la ocasión de leer el libro de poemas Poems to break the hart of impossible princeses (algunos años después, se lo regalaría Nick Cave a Kylie Minogue para ligársela). La segunda ocasión se presentó la noche pasada; a los pies del escenario de la Sala El Sol, volví a cruzar el espejo y meter la nariz en el amplio, autorreferencial, universo Childish. Eso sí, a la karpoviana manera: sin haber escuchado ni un mal elepé del interfecto.



¡Ay, las lagunitas de Karpov! Toda su vida leyendo sobre Billy Childish (no en vano está en tercer lugar como persona de la que más se ha escrito en la revista Ruta 66) y sin haber tenido ni un rato para sentarse a escuchar un disco. Sin embargo, la diletancia y la curiosidad acaban por salvarme. Éstos son los sentimientos que me hizo acercarme un rato para ver al cenutrio bardo de Chatman. Para una vez que toca (desde el 94 no se le había visto el pelo), no me voy a perder la ocasión de saber qué es lo que se canta el Childish y cómo. Así que, así, con lo puesto, en un gesto muy Madrid, me apresto a meter la nariz en un evento que promete ser de culto total. Que nadie se tome esto como una reseña autorizada, por tanto. Ya digo que no lo es. Sólo como el cuento sin final de una velada de rock de garage.






Porque la velada fue eso. Una velada de rock de garage, sesentero, ruidoso y festivo. Poco más dio de si la cosa. Vestido de guardia real, en un estilo a medio camino entre los Beatles y los Downliners Sect, luciendo un poblado bigote y una sonrisa atractiva y amable, se presentó en formato trío bajo el nombre de Billy Childish & The Musicians of the British Empire. Ya me avisó antes de entrar el amable Joan Vich de que la cosa sería extravagante, inglesa, divertida y original... Y, en cierta medida tenía razón. Sin embargo, quienes pensábamos, erroneamente, que el show de estos Caballeros del Imperio Británico Underground iba a dar mucho más de si nos quedamos con tres palmos de narices. Haciendo gala de una ejecución impecable, revivalista y bastante manierista, el trío no soltó el raca-raca de guitarras aceradas, ni las versiones de rythm&blues, ni el pop animal de los sesenta más abrasivos y todo eso... puro rítmo de garage. Rítmico y salvaje ¡Ye-ye! Mil versiones y mil canciones más que parecían versiones jalonaron la noche para disfrute de una in-crew (parroquia, en este caso) de malasañeros que, puño en alto, se desgañitaban ante el buen hacer de Billy y compañía. El problema es que, esta propuesta divierte durante la primera media hora, pero a medida que avanza el concierto, se desliza hacia el tedio, el guiño fácil, el lugar común, el aullido previsible, el exceso de forma... y uno se plantea si hay algún fondo detrás de tan elaborada escenificación de lo primigenio. El fiel fan, eso sí, lo pasaría pipa con el espectáculo.


Mira, ni siquiera suda... me decía, un amigo al oído cuando el concierto se acercaba a su ecuador y ya se veía que la cosa no daría mucho más de si. Y es cierto, Childish no se inmuta. Él a su bola que para eso es el personaje de culto. Al final, todo el concierto fue una celebración de eso precisamente, de Billy y de su culto en Madrid. Del culto al garage y a los berridos sesenteros, a la psicotronía galopante y castiza a las guitarras y amplis vox, a los perfectos sonidos mono y al proto-punk ese famoso que se remonta hasta el incio de la historia de la música. Rodeado del todo Madrid, claro (hasta dueños de tiendas de discos se dejaron caer por allí, lo nunca visto), Billy se desgañitó con lo suyo un par de horitas. Y lo suyo, ya decía al principio, lo pillas o no lo pillas. Y yo, anoche, no acabé de pillarlo del todo.


Para quien quiera otra versión de los conciertos de Childish en esta gira española, Ivan Polyon lo cuenta tal y cómo lo vió con sus propios ojos.


Como actualización y anexo a este post, no puedo evitar incluir estas notas que me envía amablemente nuestra querida Pía (gracias, como siempre). Resúmen bien esa otra faceta artística de Childish que nos hizo albergar grandes esperanzas sobre su heterodoxia. Incluído el noviazgo con la artista Tracey Emin, a la que este blog reverencia por múltiples, variopintas, artísticas y supra-artísticas razones.




http://en.wikipedia.org/wiki/Stuckism

http://en.wikipedia.org/wiki/The_Upper_Room_%28paintings%29

http://www.stuckism.com/emin.html
http://www.stuckism.com/childish/ChildishOnStrangeland.html

Emin's relationship with the artist and musician Billy Childish led to the name of the Stuckism movement in 1999. Childish, who had mocked Emin's new affiliation to conceptualism in the early 90's, was told by Emin, "Your paintings are stuck, you are stuck! – Stuck! Stuck! Stuck!" (that is, stuck in the past for not accepting the Young British Artists approach to art). He recorded the incident in the poem, "Poem for a Pissed Off Wife" published in "Big Hart and Balls" Hangman Books 1994, from which Charles Thomson, who knew them both, later coined the term Stuckism.

Emin and Childish had remained on friendly terms up until 1999, but the activities of the Stuckist group offended her and caused a lasting rift with Childish.


Billy Childish & The Musicians of the British Empire tocaron la noche del 8 de marzo en la sala El Sol de Madrid.

07 marzo 2007

Indie, Vainilla, Incesto


Mientras unos y otros se entusiasman o bostezan ante el anunciado regreso de los esenciales (ellos sí, su regreso no) Jesus & Mary Chain otros preferimos recordarles que, este mes de marzo,
la clásica disquera Chemikal Underground reedita el primer y único disco de Sister Vanilla. La hermana pequeña de los hermanos Reid reaparece en nuestras vidas con un disco que, incluso teniendo en cuenta los dos años de retraso con que llega a Occidente, está lamado a convertirse en la sensación de la temporada.

En marzo se lanza en las islas británicas el debut de la hermanísina Reid, Sister Vanilla. Termina así el extraño vacío discográfico que ha mantenido alejado de los (perros) estantes occidentales un disco tentador y peculiar sólo disponible en el Japón. Realmente, hasta este momento, los menos aguilillas con esto de los discos sólo habíamos podido escuchar una insólita canción, Pastel blue, incluída en el sampler You don't need darkness to do what is right (Geographic, 2001). A mi me puso sobre la pista de este proyecto Federica Pulla, fan perdida de la sister. Sin embargo, pensando que se trataba de un proyecto aislado, me perdí la edición de su LP, Little pop rock en el sello nipón P-Vine en el año 2005. Ahora, el sello de Glasgow se apunta un tanto poniendo de nuevo a tiro el turbio pop onírico de esta ilustre chiquita.




Linda Reid ha estado pululando alrededor de Los Jesus desde pequeñita, así que es lógico que se haya contagiado de algo de su talento y de la endemoniada facilidad para facturar hits manchados de cianuro. No en vano, la leyenda le atribuye la autoría de varias portadas de los JAMC. También ha puesto la voz en alguna que otra rareza postrera de la época del LP Munki. Acérrima seguidora de los Pastels, de los Primal Scream y de sus propios hermanos, hace unos años se junto con Jim y William para facturar una brumosa interpretación de lo que debía ser el pop melódico. El reultado es una copia envenenada y morbosa del sonido Jesus. Eso sí, también mucho más almibarada y juguetona. La música de Sister Vanilla suena, por tanto, sensual y apetitosa, doméstica y fresca. Todo el talento de los Reid está recogido aquí. Más reconcentrado, divertido y relajado. Lo que empezó como un experimento familiar, vuelve a colocar entre nuestros labios aquel caramelo envenenado del que tanto gozamos en vidas anteriores. Sin duda, un disco obligatorio que, por un instante, puede traer de nuevo a nuestra cabeza aquellos idealistas y perversos sueños húmedos con que nos engatusó la música pop. Toda una fantasía. De escucha obligada.



Sister Vanilla
- Can't stop the rock



Sister Vanilla
- Angel