28 febrero 2007

Agua, azucarillos y... ¿aguardiente? (2)

Nos gustarán menos, nos gustarán más... el caso es que cuando se habla de maketas, de nuevos grupos y de las cosas de aquí los ánimos se encienden y la gente se anima. Personalemente, a mi me gusta hablar de lo que sale o deja de salir aunque sea mediocre. Aunque no esté a la altura de esos microscópicos clásicos que nos hacen vibrar, es lo que hay. Lo que tenemos más a mano. Y, por eso ya se merece una oportunidad ¿no? Yo creo que sí. Por eso sigo, sin prisa pero sin pausa, con una revisión del ése otro pop más azucarado que, hace años levantaba pasiones. Y, si no discuten mucho, al final de la saga les daré, como premio por su infinita paciencia, un simbólico azucarillo.

LINDA GUILALA

Linda Guilala surge de las cenizas de los Juniper Moon. Son, por tanto, puro after-ñoñi. Hace unas semanas, prometí prestarles más atención tras una presentación en Madrid bastante sosaina. Al verles en directo, esto me resultó curioso porque recordaba a aquel grupo de chavalitos leoneses, un poco punky poppies, como muy divertidos y enérgicos en escena. Así que cuando se puso a tiro
su segunda maqueta (gracias a las descargas de La Suerte del Perdedor), no dudé un instante en hacerme con ella.



Linda Guilala es un dúo que, ocasionalmente, se convierte en trío. Formado por Eva e Iván (teclista y batera de los Juniper) y el argentino Ignacio Espumado (miembro del grupo Matilda; bastante tremendo, por cierto) que les envía su parte por la Internet. En esta demo, sin Espumado (el dice que si, pero que lo que pasa es que no le han sacado en los créditos), Eva e Iván continúan la andadura ya apuntada en su primera entrega. Influencias de ñoñi canónico (La Buena Vida, Fresones, Vacaciones, La Casa Azul... todo aquello revisitado), matizadas por algún que otro desplante de agresividad juvenil pretendidamente hormonal (quitaté de en medio o te rompo los dientes, tararean con una actitud que queda rara, rara, entre tanto parapapá). Las canciones son pegadizas, muy melódicas y bastante planas. Es pop. Sólo pop, pero sabe a poco-poquísimo. Aunque,es cierto que para una chavalería hambrienta de alternativas a Amaral, esto puede ser gloria bendita. También puede llegar a enervar y generar un vacío existencial insalvable a los más mayores, todo hay que decirlo.




Pero... siendo objetivos y justos no están tan mal. Canciones como Ni hoy ni mañana o Nadie ha estado se hacen simpáticas a partir de la segunda escucha. El despertar me gusta mucho, pero es una cosa personal porque no es nada del otro jueves. En cualquier caso, si uno pone voluntad, un mínimo sentido de la justicia y guarda la correspondiente distancia, será capaz de valorar su mano izquierda con la melodía, un par de aciertos y algún que otro gesto simpático que termina por hacerles ganar el cinco pelao.En julio tendrán disco con Elefant en la calle, así que podremos decidir de qué parte estamos. Ahora mismo, a mi lo que me más me fascina de todo lo que rodea al dúo es la turbadora fealdad de las portadas de las maquetas. Esto es lo que hay, ya digo. Ahora ustedes echen cuentas.

27 febrero 2007

Agua, azucarillos y... ¿aguardiente? (1)


A mi me gusta la música pop. Las melodías saltarinas, las guitarras luminosas, los rítmos sincopados, mover la cabecita y tararear estribillos pegadizos. Ya sabemos cómo andan los
indies globales (aquí hablamos de Suecia, Olympia, Sebastopol... sitios cool) y nuestros grupos más underground. Ya es hora, por tanto, de hablar de esos otros grupos de pop español a los que sólo les preocupan las melodías, el candor, unas gotas de azúcar y pasión... ¿no? Ya sabía yo que alguno pondría caras.

Es curioso, con tantas reverencias al pop puro como hago cuando viene de la mano de grupos foráneos y, sin embargo, prefiero a aquellos grupos locales cuya actitud se presenta con más aristas. No hay más que ver si los Cohete, los Espanto, los Punsetes, Hello Cuca, Incruzifikables o Bicicross son lo que se podría denominar grupos de indie-pop al uso (no pongo links, que ya saben cómo encontrales a todos). Está claro que no. Y, sin embargo, siento mil y un recelos, por no mencionar un ligero repelús, ante esos otros grupos que intentan traducir esa filosofía poppy a nuestra realidad. Será que aquí se nos da mejor el rock o el (power) pop que el indie. Y que para hacer Donosti Sound ya está Dotore. Sin embargo, sí merece la pena echar un vistazo a cuatro propuestas que están intentando reverdecer viejos laureles melódicos. ¿Rescoldos del tonti-pop? ¿Sólo sopa de amor, camarero? Todavía no lo sé. Por si acaso, lo haré por entregas, para que no se nos empalague nadie.





NALDA

Nalda es una chiquita que descubrí estos días gracias al blog Lito Music. Fantasiosa, cursi, minimal y candorosa, Nalda es Elena y Elena, oculta tras el antifaz de Nalda, hace unas canciones lo-fi, absolutamente amateurs que recuerdan un poco a Ray Rumours. Nalda no es tan brillante, aunque creo que le pone cariño a sus canciones y, en consecuencia, le quedan bonitas. Su maqueta (que lleva circulando una buena temporada y enamorando a algunos selectos connoisseurs) es muy hermosa e inspiradora. Tecladitos, guitarritas, un inglés chapurreado en susurros, obviedades, simpatías, dibujitos, camisetas de rayas y colores llamativos. Es decir, todos esos lugares comunes que, a veces, por un raro azar, funcionan y le encandilan a uno recordándole algunas tonterías que hizo antaño. Cuando todo era pop.




La maqueta Tiny Noises Make Tiny Music, que se puede descargar entera de su página web, es puro pastelismo aplicado. Recuerda mucho a los Pipas y al bricolage pop de François. Melodías muy bonitas, con un sonido extremadamente casero que le da a todo un aire de manualidad amable, cercano y encantador. Y una vocecilla dubitativa y azorada que canta con esa temerosa a la par que férrea voluntad indie. El caso es que uno, que tiene su coranzoncito, no puede más que rendirse ante cosas como Modest Circus, derretirse ante la pasmosa naturalidad con que mira a las Softies en Things that never change o suspirar ante la dulce melancolía de Rain. Ya saben... atusarse el pelito, mirarse el zapatito. Qué bonita es, por ejemplo, For my polar bear. Yo me olvido de los complejos y de lo mucho que me fastidia escuchar a los grupos españoles cantando en inglés ante cosas como ésta. Pop hecho con ternura; dulce e íntima cursilería ante la que un bloguista tan chungo como yo no puede proferir ninguna amarga malevolencia. ¿Próximos pasos a los que estar atento? Nalda ha grabado una versión de This love is not wrong de los Field Mice (se puede escuchar en su espacio) para un tributo que está organizando Bubbletone Discos (¡glups! miedo me da) y en la que han colaborado los protagonistas de la próxima entrega: Linda Guilala.



25 febrero 2007

Los planos de la fábrica de sueños



La historia de Factory Records ha quedado unida, de manera indeleble al imaginario popular de los años ochenta y noventa. El periplo de la discográfica que fundase, animase y, finalmente, llevase al colapso el carismático y extrevagante Tony Wilson es, posiblemente, una de las aventuras más ambiciosas, delirantes y legendarias de la cultura popular. Aventura que el excelente libro
Factory records. The Complete Graphic Album de Matthew Robertson (Thames and Hudson, 2006) viene a documentar de manera excelente, retratando su modernismo totalizador insólita e inédita, hasta la fecha, precisión.


Durante los dos últimos meses, he estado disfrutando de manera esporádica este gigantesco coffee table book. Mirando los santos y los diseños en él incluidos que son muchísimos, variados y muy atractivos para el fan. Si, en lo musical, el legado de Factory, muchas veces se difumina, no cabe duda que la imagen corporativa que generó cobra, con el paso de los años, una insólita fuerza y sirve para ofrecer la exacta dimensión de la aventura del sello de Manchester. Para el aficionado a la música, el curioso rastreador de la cultura popular y el amante de las artes visuales, este libro es una auténtica joya, puesto que documenta todos y cada uno de los elementos gráficos, decorativos y arquitectónicos, empleados por el sello de Manchester a lo largo de sus más de diez años de historia. También permite observar la evolución y primeros años de formación del legendario diseñador brit Peter Saville, y apreciar el peso que tuvo la enorme libertad creativa disfrutada en dichos años en su meteórica carrera posterior. Otra cosa buena es poder disfrutar de una visión ordenada y global de los trabajos del resto de diseñadores de la casa (en especial el delirio rave de Central Station Design). Para el amante de los discos hay verdaderas maravillas, curiosidades, posters insólitos, y una nómima muy completa de los artefactos e imposibles portadas y formatos que conformaron la peculiar identidad de la compañía fonográfica mancuniana.




Pero, sin duda, la parte más interesante y la que [dimensiona] mejor permite calibrar el esfuerzo cultural que llevó a cabo Wilson durante los años de vida del sello, esté en aquellos otros documentos sobre la realidad extramusical de la compañía. Realidad, sin duda, mucho más importante que os propios discos que dejó grabados el sello y la única que puede dar una idea relevante de su legado. Me refiero a las secciones sobre los proyectos de ocio (The Haçienda, DRY 205), a sus oficinas centrales, la imagen de las diferentes divisiones, las políticas de naming y branding
(papelerías corporativas, felicitaciones, cartas, material corporativo) o sus extensiones a nuevos mercados (producción videográfica, música clásica, intervenciones artísticas). Toda esta faceta, que suele quedar fuera de la crónica pop (siempre centrada en Joy Division, New Order o Happy Mondays), aparece ahora, por primera vez, de manera diáfana y ordenada. El autor logra, además, un equilibrio certero entre la explicación formal y la concesión al anecdotario que es muy de agradecer. Si la acertada película 24 Hours Party People logró ofrecer un retrato fiel de lo que Factory supuso para la música popular en cuanto a la introducción de prácticas inéditas e insólitas hasta la fecha; este libro consigue
documentar plenamente el papel del sello en la profesionalización de un capitalismo adolescente. Refleja el titánico intento de trascender la inocencia DIY punk, para establecer una nueva regla del juego que hiciese viable la explotación de la cultura juvenil desde su propias filas (industrias adultas al margen) y controlada, en todas las fases del proceso productivo, por sus propios artífices. Un fascinante viaje, en suma, por un experimento empresarial insólito en el pop de todos los tiempos.



24 febrero 2007

Clamando en el desierto

Lo prometido es deuda en Karpov! Hablábamos, al final de esta semana, de los australianos The Zebras. Pues bien, aquí está la crónica de su concierto madrileño. Lo prometido es deuda también en el universo de los Zebras; las bonitas canciones de su disco no sólo mantienen sus cualidades en directo sino que se dotan de flamígeros y sorprendentes matices. De no haber estado la sala desértica, los australianos podían haber dado un concierto de aupa. Pero es muy difícil, hay que reconocerlo, clamar en el desierto.


Y, a pesar de todo, las pocas, poquísimas, personas que ayer nos acercamos al Barbarella Club, salimos más que satisfechos del concierto que dieron estos titanes antipodeanos cuya propuesta en vivo no pierde un ápice de dulzura, melodía o gusto. Todo aquello que admirábamos el otro día en ellos, está presente en su directo; tamizado, eso sí, por unas dosis muy notables de white noise que convierten sus canciones en enérgicas y minimales bombas melódicas. Los Zebras aparecieron con puntualidad sobre el escenario a eso de las once de la noche. Previamente, los Yeepee, debieron dar un concierto tremendamente tedioso. La verdad es que, a pesar de las edades cada vez más bíblicas de los que formamos la maltrecha comunidad indie, el viernes noche no apetece nada de nada meterse entre pecho y espalda un conciertito de pop acústico, melancólico, lento, tristón. El dúo franchute se pegó, como es natural, un batacazo tremendo... Sala vacía, un público sentado al fondo que no se molestaba ni siquiera en aplaudir al las canciónes y una atmósfera digna de película de Todd Solondz. Dos canciones y nos vamos a tomar una pizza erótica y unas cañas a la legendaria pizzeria Mastropiero. Cuando volvemos, Los Zebras se disponen a empezar. La sala, practicamente vacía. En Barcelona, al menos, juntaron a un centenar de personas. Aquí, no hay tu tía.




Con tres guitarras eléctricas, tres, a un volumen alto, una bajista con unas pintas absolutamente pop (parecía la Hopey de Locas / Love And Rockets), una notable pericia instrumental, un repertorio perfectmente adaptado al directo en local pequeño, sin teclado, sin recovecos ni subterfugios que valgan, Los Zebras superaron con creces el glacial ambiente. Dificultades las tuvieron todas. A ver quién mantiene el tipo de tocar pop fresco y divertido cuando no hay nadie, literalmente NADIE, para disfutarlo, bailar y cantar. Los australianos, sin embargo, no se arrugaron y repasaron sus dos discos (sí, al parecer tienen un disco previo al encantador Worry a Lot) de manera minuciosa y muy enérgica. ¿Quieren ejemplos? Allá van: You know more that I know, se convirtió en una electrizante jaula de ruido en la que las melodías vocales revoloteaban en su interior; la estilizada Fine Lines se multiplica por cien cuando suben las guitarras; las líneas de bajo se reducen a un tribal pum-pum-pum y los acordes cristalinos se trasnforman en un raca-raca cenutrio en la cavernícola relectura de I quit. El resto, siguió la misma onda. Los australianos, en directo, recrudecen su sonido, sin dejar en ningún momento de marcarse estilosos puntos. Abajo lo superficial, arriba la sencillez, la rítmica luminosidad, los golpes de tambor... Fue un concierto bonito. Es cierto que se quedó solo en eso. También es verdad que, de haber encontrado un ambiente más propicio, el de anoche podía haber quedado como un espectáculo trepidante, divertido y arrebatador. Esta crónica también hubiese sido muy distinta, pero... estamos como estamos. Y ahí lo llevamos ¿qué más voy a decir aquí? Sólo espero que encuentren más público a lo largo de la gira que les está llevando por medio planeta. Desde luego ayer demostraron que se lo merecen, sin duda.



21 febrero 2007

Del revés


No, no voy a seguir con la saga artística iniciada esta semana. Este post, por tanto, no tratará la obra de
Joris Karl Huysmans; sólo del pop hecho en las Antípodas. Se trata de dos flashes muy rapidos. O, como dicen en los chistes, de una noticia buena y otra mala. Dos noticias protagonizadas respectivamente por los Zebras y por Sodastream.


Como ya saben quienes me leen con regularidad, no me canso de hablar del microcoscópico paraíso de los discos que es Radio City. Bien surtida, regentada por dos personas absolutamente encantadoras, agradable y dirigida con innegable gusto, es el escenario de múltiples ratos muertos, hurtados al tedio de entresemana. Lo mejor de la tiendecita es que, además de una deseable selección de discos, ofrece una siempre amena y relajada conversación sobre música. Una charleta no exenta de sagaces recomendaciones. Sin ir más lejos, el otro día me insistían para que no dejase de escuchar a los australianos Los Zebras (The Zebras, en inglés) a la par que me advertían de su concierto en Madrid. Tanto me insistieron, tanto me gustaron las canciones que me pusieron en la tienda, tanto me intrigó que sólo tuviesen una unidad de su primer LP, Worry a lot (Lost&Lonesome, 2006) (sólo lo venden a través de su MySpace, les hemos escrito a ver si podeos venderlo aquí -me dijeron) que, al llegar a casa, puse mi programa de P2P favorito en marcha en busca de la música de estos australianos, en principio, prodigiosos.




Y, la verdad es que el resultado fue el esperado. Con Los Zebras no hay que buscarle tres pies al gato. No hay medias tintas. Nada de twee, jangle, anorak ni etiquetas de ésas que nos gusta poner a los bloguistas indies. Estos australianos hacen puro pop. PURO POP, ¿nos acordamos todavía de lo que es eso? Directo, fresco, inmediato y cristalino. Sí, obvio también como han deducido por los adjetivos pero... ¿no es a veces reconfortante esa familiaridad? Originarios de Brisbane, Australia (cuántas veces hemos leído esta frase referida a los Go Betweens, ¿verdad?) lo suyo son las melodías redondas, los estribillos lindos, los corillos a dos voces... Herederos directos de ésa línea sucesoria que comienza en los Byrds y termina en los Teenage Fanclub,pasando por Big Star, los grupos del sello Shoeshine, o los Razorcuts, Los Zebras hacen canciones sin pretensiones. Como la mayoría estamos cansados de leer éstas cosas, sólo puedo añadir que, esta vez, la frasecita de marras va totalmente en serio. Similares en frescura y simpatía sonora a sus paisanos los Lucksmiths, muchos se han esforzado en ver referencias más rebuscadas (que si Orange Juice, que si tal que si cual), pero no es necesario.




Su LP se disfruta de manera espontánea. Lo que significa que, por un rato, uno se olvida del "sí, esto me suena; ah, aquello otro también". Este Worry a Lot está exento, paradójicamente, de preocupaciones. Deliciosos estallidos pop, aires luminosos... ¿Canciones? Doce que se pasan en un suspiro. Doce canciones que se escuchan una y otra vez, con una sonrisa en los labios. ¿Buena noticia? Sí, sobre todo para los que estén en Madrid: este viernes tocan en el Barbarella Club, a las diez de la noche. La entrada son ocho eurillos. Tal vez en directo la ilusión se desvanezca. En fín, allí estaré con la mejor disposición. Por ahora, el descubrimiento no podía ser más alegre.



The Zebras - Fine Lines





Más noticias desde Australia. Me entero (tarde) a través de Skatterbrain que los, también australianos, Sodastream han decidido separarse después de una década en el pop. Curiosamente, el dúo no hace más que agradecer a la gente maravillosa que les ha apoyado a lo largo de estos años su afecto. Pocas razones dan. Ninguna de peso más allá del propio paso del tiempo. Sospecho que la decisión puede ser fruto de un cierto cansancio acumulado tras estar años y años tocando sutiles canciones en un desierto pop.



Sodastream es uno de esos grupos al que se le acaba cogiendo simpatía. Tengo que reconocer que, en un primer momento, les tenía por un grupo aburrido y demasiado lánguido. Sin embargo, fue el contacto con el delicioso The hill for company (Tugboat, 2002) lo que me convenció de que se trataba de un grupo especial. Su melancólico y hermoso Reservations (Fortuna POP! 2006) debía haber tenido su pequeña y elogiosa reseña en este blog. En fín, así son las cosas... Discretísimos, deliciosos e intimos, dejan un cancionero y una discografía de una dulzura inalterable a los que, sospecho, el tiempo puede dotar de un brillo peculiar.




Sodastream - Warm July


20 febrero 2007

Adiós al peligro radiactivo


Lo hemos visto reproducido en tebeos, en películas de serie B, en episodios de ciencia ficción... Ha poblado noticias de prensa, todas nuestras pesadillas atómicas y muchos de nuestros ensueños futuristas. El pictograma de Peligro Radiactivo, una de las figuras de la cultura pop con más fuerza visual, sucumbe ante el pragmatismo comunicador. ¿El Signo de los Tiempos? Las clásicas y cuidadosamente elaboradas pesadillas de Destrucción Mutua Asegurada quedan démodé ante la difusa cultura del horror low cost.


Perfectamente sobrio, sencillo y rotundo... el viejo átomo radiante nos dice adiós. A lo largo de media centuria ha sintetizado a la perfección el terror atómico. Fondo y forma encajaban a la perfección en la vieja fábula de la disuasión. Contenido, rotundo, cientifista y aséptico, el pictograma expresó a la perfección los temores populares impuestos a la población que acompañaron el advenimiento de la Era Atómica. Junto al radiante elemento, surgieron mutantes y héroes fruto de complicados experimentos radiactivos; siniestras y amargas pesadillas de destrucción total fueron causa de desvelos. Lluvia radiactiva, guerra nuclear, refugios anti-nucleares, juegos de guerra, el Dr. Bruce Banner, Hiroshima Mon Amour... Todo decorado con el omnipresente símbolo, que servía para que, cada uno a su manera, fuese amando la bomba y su fría y letal lógica.



Creado en los años cuarenta, en la Universidad de Berkeley (California), se convirtió en el icono de una época, la Guerra Fría, que, en muchos aspectos, aparece ahora como un lejano cuento de horror pop. La OIEA (Organismo Internacional para la Energía Atómica), sin embargo ha decidido eliminarlo ya que, según ellos, no se entendía correctamente. Ahora que el plutonio y el polonio se han incorporado a un imaginario en el que los artefactos nucleares son parte de una farsa de cutre-horror, en la cual cuentan más los efectos especiales que la habilidad en el guión, cambia el sobrio pictograma por una complicada y sóridida danza macabra que incluye calaveras y gente que corre despavorida, sobre una sanguinolienta superficie triangular.




Este cambio nos recuerda que la creciente fealdad estética tiene un papel decisivo a la hora de
acentuar el control mental. La señalética se adpata a los nuevos tiempos. Nos quitan así un icono pop que sugería un elaborado apocalípsis tecnófilo y modern style y, a cambio, nos entregan unas horrorosas instrucciones para la muerte que ni siquiera cuentan con el aparente encanto snuff de las cosas que hemos podido ver este año por ARCO. En fín, ésta es la tendencia: nuevos iconos más feos para horrores más pueriles, chungos y menos imaginativos.


18 febrero 2007

De paseo por ARCO


Otro año más, nos vamos de paseo por ARCO. A diferencia del año pasado, que estaba yo más artístico, en esta ocasión declino una amable invitación para asistir a la apertura profesional (siempre con menos gente) y decido dejarme caer el sábado por la tarde. Como el público general. Y, en este plan público general hago lo que la gente normal: dar vueltas, mirar de reojo a las obras, fichar las pintas de la gente, sacar alguna conclusión estética no muy acertada y, pese a las modernidades expuestas, acabar alucinando con la excelencia de unos picassos, unos yvestanguys y otras figuras históricas. Qué cosas, ¿verdad?

Pese a que todavía no ha logrado consagrarse como feria de arte de relevancia global, ARCO sigue su camino hacia la profesionalización con tesón y optimismo. Cada vez tiene menos de sarao social madrileño, cada año es un poco más feria al estilo de Art Basel o Paris FIAC, al menos en aspiraciones. Con menos modernos, menos artistas, menos gente... Ha costado convencer al público de que esto no es una divertida e hipotética Bienal de Madrid, sino un sitio donde unos señores compran y venden mercancía artística mientras otros pocos miramos e intentamos detectar y comprender unas tendencias que al final nunca terminan de consolidarse. A pesar de ello, y como el mercadeo intelectual siempre es una cosa divertida para ver, podemos sacar algunas conclusiones sobre el estado de la cuestión artística. Éstas son las seis conclusiones que he sacado tras dos horas zascandileando de stand en stand, gracias a la cortesía de una amiga mecenas que cedió un pase a este bloguista pelagatos que es Karpov!





1.
Quien piense que Damien Hirst es un bluff no tiene razón. La superstar internacional sigue mostrando una inteligencia sobresaliente, gran sutileza y una certera visión del equilibrio entre mercado y estética. Hay quien sigue insistiendo en colocarle como parte del bluff de los Young British Artirts. El gigantismo conceptual mostrado en esta edición de ARCO demuestra que es mucho, mucho más. Para empezar, un ladino heredero post-moderno de Duchamp.





2. Poco queda para que nos hartemos del Rollo Alemania. Algún día alguien se dará cuenta de que Günther Förg es un tostón, aunque técnicamente se acerque a la perfección. Será el mismo día en que la gente empiece a decir en voz alta que los pintores alemanes forman un frente rococó modernista. Esteticismo abstracto y estilo Fin de Siglo XX en la gran mayoría de las obras de Zitko o Rehberger.
¡Y pensar que hace un año pensábamos que esto sería la salvación! Muy distinta es la extraña sensibilidad de Dorner, un pintor de turbadora, hermosa y modernísima mirada. Lo mismo se puede decir de las, ocasionalemente hermosas y peculiares, esculturas de Franz West.




3. Los coreanos nos han pillado. Y se han dado cuenta de que el Sistema del Arte Global tiene mucho de supermercado y de cachondeo. Por ello, las obras que aportan son coloristas, lúdicas y divertidas. Un delirante, atractivo y sensual todo a cien de lujo que juega con conceptos como fatuidad, neo-orientalismo (manga, hello kitty, origami, falsificaciones, gatos de la suerte), diversión y banalidad. Cocodrilos de resina rosa, unicornios hechos con neumáticos, muñequitos de gomaespuma... Lo más divertido, atractivo, simpático y agradecido estaba en las galerías orientales.



4. El arte joven es una estupidez. Y, lo que es peor, la pintura no termina de volver. Así de claro. Galerías con fotografías de jóvenes emergentes, instalaciones insulsas, videos con paridas, presuntas provocaciones... la juventud está más pendiente de mercadearse a sí misma que de asumir riesgos. Copias y más copias de supuestas modernidades foráneas y desesperantes necedades en vídeo, foto e instalación. Y mucha complacencia hacia los directores de compras de las entidades bancarias que pagan estas chorradas. Y, ¿la pintura? Mucha nueva, pero muy mediocre... Si tiene que volver de la mano de gente como Santiago Ydáñez que no vuelva, por favor.





5. Deliciosas las obras de los viejos maestros. La Historia gana la partida. El pasado es un oásis ante tanta tendencia. Basta pararse ante alguna de las obras de Louise Bourgeois para asombrarse ante el excelente pensamiento que las anima. No digamos el dulce sentimiento de humanidad y gratificación metafísica cuando uno se encuentra ante una pintura de Klee o de Picasso. Tampoco se debe obviar que, como cada año, el dulce y hedonista Alex Katz ofrece un respiro de frescura y agilidad visual al visitante. Algo nos estamos perdiendo de camino al futuro, sin duda. No se si la sensibilidad, la inteligencia o ambas simultáneamente.




6. La banalidad declarada y sin pretensiones resulta sincera y, en cierta medida, recta. Quiero decir con esto que Julian Opie tiene muchísmo más encanto seriedad y dulzura que otrso artístas con más ínfulas. Y encontrar sus obras en los recodos de ARCO hace querer ser milonario para poder decir "me llevo esta". Y, además, se comprueba que gana con el tiempo; el año pasado parecía más insustancial y, sin embargo...



En resúmen... ARCO'07 ha sido divertido, como siempre. Pero un poco menos rutilante que otras veces. Ya sólo es el reflejo de esa feria de las vanidades (y, sobre todo, de los dineros) que es el arte moderno. Sus virtudes y sus vicios son los mismos que los del propio Sistema Artístico. Es cierto que la falta de contenido estético y espiritual (hablando en términos clásicos) produce, a ratos, una mezcla de hastío y frustración. Pero son producto del directo. Aquí está todo, sin Historia que valga o que cribe. Por eso hay que saber apreciar su dinamismo banal. Disfrutar de su sentido del espectáculo, de sus técnicas de venta y su (no muy verdadera) pátina de lujo y mercantilismo. Observar a los galeristas con gafas de mahler y pajarita que tanto divierten y a esas señoras mayores tan vistosas que pululan a su alrededor. Hay, como dicen en otros blogs, alternativas a esta feria. Pero, en ocasiones sus discursos de rechazo suenan falsos y envidiosos. Nos guste o no, aquí casi todos los que están son. Los márgenes que nos proponen otros apenas son una versión no mucho más alternativa de lo visto este fín de semana en IFEMA. ARCO se hace mayor y, es verdad, no es tan vistoso ni tan divertido. Sólo es un gran escaparate, un negocio que no revela nada. Por eso, el año que viene diremos justo lo contrario, porque en esta feria todo es líquido. Es lo que tiene la tendencia, la vanguardia, el dinero.

ARCO se celebró del 15 al 19 de febrero en IFEMA. Para más información, aquí puedes leer la karpoviana crónica de ARCO 06.



15 febrero 2007

Género chico



Mientras decidimos si el último disco de Of Montreal es bueno o, sencillamente, decepcionante (y, para eso, lo mejor es bajárselo de
aquí), podemos distraernos con una recuperación del género chico psicodélico que me trae obsesionadito estos días. Teenage Opera, es la obra magna del extravagante productor y comediante Mark Wirtz. Extraño y encantador sainete pop que, en sus primeros compases, contó con la presencia estelar del astro de la psicodelia Keith West. Una verdadera joya que no revoluciono el género del pop en 1968, que era cuando debía haberse publicado, por estrictos imperativos económicos. Más tarde llegaría Tommy de Los Who y nada volvería a ser lo mismo.


Precisamente, el otro día en la vecina tienda Radio City, tuve ocasión de intercambiar impresiones sobre el moderno disco hippy con el responsable del excelente Neu! Club, quien no dudó de calificarlo como buenísimo y recomendar, si no su compra, su escucha. A pesar de todo, yo iba ya con la idea de hacerme con la opereta sesentera, ya que había estado repasando las canciones de los Tomorrow algunas tardes antes y tenía interés en ahondar en la peculiar historia de tan delirante proyecto. Así que pasé de los Of Montreal. Y paso, por ahora.



De la ópera adolescente paso un poco menos porque, la verdad, me ha causado un impacto muy peculiar. Entre la admiración, la sorpresa y un divertido pasmo. La historia es muy sesentera, delirante y pop. El productor de EMI, Mark Wirtz decide, en 1966, embarcarse en un rimbombante proyecto consistente en crear la primera ópera pop de la historia de la cultura juvenil. Estamos en la Era de los Magnates Adolescentes y ningún proyecto parece demasiado estúpido, absurdo o inviable. Animado por la colaboración de músicos como Keith West y Steve Howe (quien más tarde formaría parte de los aborrecibles Yes) se monta una historia coral sobre un pueblecito por el que desfilan una serie de personajes de vodevil costumbrista. Con un delicioso toque a la kinks
(no deja de ser una suerte de Village Green, pero amable y blanca, blanquísima), Wirtz se monta una fantasía colorista y delirante, en la que se combinan deliciosos instrumentales con pequeñas gemas de sunshine pop de acento psicodélico (ahí está Mr. Rainbow, sin ir más lejos) . En la mente de Wirtz estaba presente, de manera obsesiva, el continuar la senda abierta por el Pet Sounds y el Sgt. Pepper's. Hacer crecer la música pop, dotarle de un lenguaje artístico que fuese respetuoso con sus premisas fundacionales de inmediatez, ruptura y trepidación, sin dejar de aprovechar su inmenso potencial creativo y expansivo. Horas y horas de habilidosa tarea de estudio, en Abbey Road, dieron como fruto el existoso single Grocer Jack, con la voz y la imagen de West (ya por entonces en Tomorrow) como principal reclamo. Comercializado como Excerpts from a Teenage Opera - Grocer Jack, alcanzó los puestos altos de las tablas de éxitos. Durante unos meses, la ópera adolescente estuvo en boca de todos. Nadie dudaba de su potencial para marcar un hito en la legendaria Historia Pop que se estaba fundando en esos días en los que el mundo estaba deliciosamente loco, loco. Durante unos meses, fue el proyecto más observado y seguido por la prensa musical. Todo un hype, que diríamos ahora. Sin embargo, las cosas se fueron alargando más de la cuenta; la manía alquimista de Wirtz, su perfeccionismo y meticulosidad, así como la impaciencia de West y Howe, que deseaban ver cerrada la ópera cuanto antes para poder dedicarse a su prometedor grupo, fueron dificultando más y más las tareas de composición y grabación. Además, EMI empezaba a ver que el batacazo podía ser grande pues las horas de estudio eran muchas y el éxito no estaba completamente garantizado.



Wirtz, sin embargo, no se rinde ante la adversidad y sigue grabando retazos de la que consideraba su obra magna; acudiendo a variopintos colaboradores (una vez que West y Howe se desmarcan del invento para dedicarse a su grupo), cantando él mismo partes, instrumentando otras, recurriendo a un coro de niños, a Nick Lowe... En fín, tanto grabó que, cuando EMI decidió enviar la ópera al cajón de los proyectos irrealizables, estaba casi terminada por completo. La discográfica decidió, eso sí, aprovechar la habilidad de Wirtz, dejando de lado su faceta de aprendiz de brujo. Así se labró una notable carrera como efectivo mago del estudio. Los primeros en verse beneficiados fueron los propios Tomorrow, cuyo insólito disco contó con su producción y habilidad al órgano psicodélico. La opereta durmió el sueño de los justos hasta su reedición (reconstruída con ayuda del propio Wirtz) por parte de la excelsa disquera RPM hace unos años.






Visto en perspectiva, el disco no deja de tener un asombroso lado
kitsch que le dota de un encanto peculiar. Ese mismo encanto hace que, pese a contar con momentos pasmosos y canciones insólitas, deje en el oyente la sensación de ser poco más que un delirio creativo, propio de un tiempo prodigioso que corría a muchísmas más revoluciones estéticas y vitales que el actual, pero delirio al fín ya la postre. Una curiosa golosina, deliciosa pero anecdótica. Pero también es cierto que, comparándolo con la obra de los Of Montreal (The Gay Parade, mi disco favorito de los americanos, tiene una innegable deuda con esta ópera adolescente), aparece como una obra fresca, fundacional, inocentemente sincera, juguetona y aventurera. Talento superior y nuevas artesanías en las que no existía ni el manierismo ni la repetición. Cuando se elaboró este disco había más interés en la inventiva prometeica que en la (tan amaneradamente en boga hoy) orfebrería pop. Un nervio creativo que traspasa el aire de zarzuelita beat para dejar un rastro excelso. En fín, tardes distraídas mágicas y coloridas las que ofrece esta muestra de magistral género chico que, se quedó a las puertas de la gran Historia por una de esas casualidades de la vida. Una buena opción si son de los que les gusta el muzak pop, las instrumentaciones ampulosas, el toque music-hall inherente a todo el pop británico y la psicodelia más simpática y amable... Y, si hace falta acudir a la tremenda videografía para convencerse, basta pinchar aquí. Por lo demás, el tono general queda bastante bien reflejado en el extravagante video de West paseando con unos niños (no se sabe si perdidos o no) con que he decidido ilustrar este post tan estroboscópicamente retro.



12 febrero 2007

Barcelona ciudad, buscas tu oportunidad


Hace no mucho, informábamos aquí de la aparición del single de los Le Pianc y los comentarios se poblaron de aproximaciones, más o menos acertadas, sobre el subsuelo (contra)cultural barcelonés. Los nuestros son undergrounds tangenciales, pero lejanos a pesar de todo. Por eso, desde los madriles, Barcelona aparece como una ciudad-pop totalmente distinta, en la que células aisladas, dispersas y ocultas por la plúmbea formalidad burguesa (tan catalana, todavía) intentan reventar la normalidad a base de pop.



Acertar, parece que aciertan lo mismo que en Madrid, pero desde Karpov! no podemos dejar de atender a esas
cosas que hacen bum. Se trata de informar de esta extraña y tragicómica batalla campal suspendida de froma indefinida en la que se está ha convertido la cultura juvenil. Expectativas que se disparan y se disparatan, pero que nunca se cumplen. Combustión interna, tanto en Madrid como en Barcelona. Y sensaciones microscópicas para un tejido social, ése que formaban los jóvenes poseídos por la cultura pop, que está en plena descomposición. En Madrid, cada uno tira por su lado. Como se puede. En Barna se recurre a actitudes cooperativas para aguantar el chaparrón. Ayer, hablamos de Madrid y de Bicicross. Hoy hablamos de la Ciudad Condal y de lo que me parece a mi que se cuece por allí. Incruzifikables y M.A.L. aparte. Y hasta que no se vuelva a tener noticia del mágico J.Irizar, que sigue sin aparecer por ningún lado. Hechas esas dos salvedades, ésta es la noticia que se tiene desde la distancia. Toda información y corrección, bienvenida sea.




Y hablamos de Manny Rodríguez y las Honky Tonkys. Mientras Alehop! se dedica a mirarse el ombligo y dar sablazos a padres de familia, estos cenutrios recogen el legado más twang! del sello. Sin el pálpito místico de Bananas, carentes de la estilosísima elegancia conceptual de Los Muebles, Manny Rodriguez y los suyos, sin embargo, tienen guarradas como El Ahorcado, Monstruos en mi garaje o Quiero ser un cowboy lo suficientemente cavernícolas como para que se pueda pedir a Spicnic que les siga con atención (eso lo dice un tal Galactus en su libro de visitas, ojo). Country-punk, unas gotas de blues cenagoso, espíritu chiripitiflautico y ése punto cómplice con Alehop! que queda tan simpático cuando se hace con frescura. Que les falte un hervor no quiere decir que no molen. Tampoco que molen todo; sólo quiere decir que hay que estar al loro. Al lorito y hay que pasarse a verles si tocan cerca. Mola menos lo del tal Manny en solitario. Suena como a Manolo Kabezabolo, pero en fino. Para eso, lo mejor es escucharse las canciones de Antonna (ése cedé-maketa compilatorio ¿cuando está disponible para el público?). Pero Antonna es madrileño, así que se ha colao en este post.




Más cosas. Un blog nuevo para que tengamos que leer por la noche, que es cuando se leen los blogs. El viejo conocido de listas de correo y revistas gratuítas Linda Blair (excelente semblanza de Manuel Soleado, aquí) se descuelga como bloguista-pop con B'dum B'dum. Bajo la influencia del pasional diario La Escuela Moderna, este blog ahonda en una relectura trepidante, personal, furibunda, vitalista y expansiva de la historia del rock. La cosa
empieza bien, al rítmo del Dr. Robert y sus Blow Monkeys. Buen punto de partida, para la barahunda de sensaciones prometidas. A ver si el lío se acaba de montar y tenemos una bitácora de pop intempestiva y locuela. Aunque acabemos todos hablando de los Jasmine Minks, de Creation o del soul, ya estará bien esta escena de after-indie ¿no?



Con las mismas, ya está en la calle la nueva entrega de la aventuras en technicolor firmadas por Kiko Amat, Cosas que hacen Bum! La sinopsis (soul, terrorismo, mods, barcelona ciudad, buscas tu oportunidad y demás) parece delirante, la verdad. Pero estas cosas siempre acaban por gustar más de lo que uno cree. Y más gustan cuanto más se fuerza la máquina. En cuanto la lea, la cuento. Eso sí, independientemente de cómo sea o deje de ser la novela de Amat, creo que lo mejor que ha hecho este agitador pop es haber dotado al indie catalá de un leit motiv y una intrahistoria con la que identificarse. Algo que por esas tierras en las que las lenguas son menos afiladas y se viborea menos es muy necesario para hacer escena. En Madrid ya tenemos la Perpetua Ascensión del Gran Mal para distraernos y cohesionarnos. Otra cosa es que, la mejor crónica de la Barcelona pop y salvaje ya la haya hecho Francisco Casavella en su magistral saga, El Día del Watusi y uno ya no sepa muy bien qué es lo que debería escribir Kiko. Pero lo cortés, en estas cosas de la música y de la vida, no quita lo valiente. Por cierto, para quien tenga curiosidad, aquí se puede leer lo que dice el propio Kiko Amat de su libro y el resto de documentación. A priori, la cosa tiene buena pinta, ya digo. Y parece que las localizaciones son del barrio de Gràcia, al que tengo más cariño que al soul y al situacionismo juntos.

Y, para terminar, me dicen que hay un trecho que va desde los Le Pianc vitales y los fonográficos y que era imposible que lo hubiese recorrido en mi post, por una mera cuestión de lejanía geográfica. O ausencia de la ocasión propicia. Por eso, hasta que les vea, y cerrando este poliédrico viaje por la Barna pop, quede como verdad lo dicho por Quique del programa de radio y fotolog Días de Rubias:
No te dejes engañar por lo que hayas escuchado (ni por las maquetas ni por lo que te hayan dicho). donde le pianc son el grupo más divertido del mundo es en el escenario: por actitud, por que las canciones se te enganchan a los pies, y hasta el saxo que te echa para atrás suena VITAL y totalmente alegre. ojala vayan pronto a madrid para que puedas verlos: no te costará ver ese espiritu que echas en falta. no lo de sisa vs heavenly, pero si b52, soul pop y dibujos animados



10 febrero 2007

Ingrávida trepidación


Ñam, ñam... qué apetitosa se presenta la tercera maketa de los Biciross. Los madrileños son uno de los grupos que sigo con mayor interés, pasión, emoción y ansiedad. Siempre que he tenido ocasión de cruzarme con ellos (sea en disco o en directo) me ha asombrado su desparpajo, su emocionante sentido de la entropía y sus canciones, iluminadas por melodías arrebatadas y certeras. Por esa misma senda trascurre su nueva maqueta, que ofrece sobrados motivos, cuatro en concreto, para aficionarse de manera definitiva a este pop autista, inspirado, alienado y poético.


Bicicross siguen tranquilamente la senda que inciasen con esa asombrosa maqueta ensobrada que se llamaba 44100. Aquella primera y sorprendente entrega, repleta de miniaturas de pop atolondrado, tuvo su digna y vanguardista continuación en la extraña Bicicross drogan los cromos. En esta tercera ocasión (de nuevo editada por el sellito Afeite al Perro), lo que encontrará el oyente en Le automedían (que así se llama el invento) será una suerte de atmosférica y brumosa fantasía que, a medio camino entre lo abstracto y lo concreto, deja perlas de insólita delicadeza como Chapuzón cahpucero o la exquisita y triste Mustio (otra joya, otra) . El sonido sigue siendo un tintineante potaje de vanguardia capaz de alcanzar cotas de solipismo curiosas. Así, Anatolia, con su punto de viaje interior, queda como una anti-oda progresiva, una pérdida del hilo argumental sana y estimulante. Y qué decir de Sarimi, mi favorita de lejos, con su peculiar halo de melancolía absurda y su indisimulada angustia vital (cúrame de la rabia / compramé un reloj de agua). El exquisito y personalísimo diseño del sobrecito, los dibujillos, la presentación en general, muestran que Bicicross cuidan con mimo el diminuto concepto estético-vital que rige sus ensoñaciones. Divinísima duermevela musicada.




Bicicross siguen enarbolando banderas de vapor que desmontan cualquier argumento que se pueda esgrimir contra sus canciones. Ellos, perpetuamente cómodos en la tangente estética y sonora del país, siguen construyendo pop en el aire, y lo dosifican con acierto, por entregas, en una serie de grabaciones mínimas. Mezclan con peculiar desparpajo un insólito desorden y un lirismo naïf que desarma y encandila al más pintado. El secretismo relativo, además suma puntos para terminar de cuadrar el círculo de un grupo que ha escogido un estilo líquido, difuso y un tanto abisal pero que, no obstante, está entregando algunas de las canciones más bonitas que se están haciendo en esta ciudad. Trayectoria oscilante pero ejemplar, que se confirma en esta tercera maketa que viene a ser la síntesis no hegeliana de las dos anteriores. Lo dicho, en casa, mientras gira el cedé: ñam, ñam, ñam... Sus sopas de sonido siguen siendo sustanciosas y dan ganas de chupar los huesecillos hasta el tuétano.





Bicicross - Surimi


A la venta, como siempre, en la tienda Bang! de la madrileña calle del Pez. El contacto sigue siendo bicigirl@gmail.com


06 febrero 2007

Epitafio para La Movida


Ya recuperados por completo, cerramos hoy la Saga de La Movida Madrileña y sus Correspondientes Homenajes con un artículo expresivo del recelo despertado por semejantes fastos. Un recelo producido, en gran parte, por el pasmo que produce ver a nuestra tan poco rumbosa en lo cultural derecha pagando tanto acto, haciendo gala de tanta iconoclastia, mostrándose tan férrea en su defensa de la transgresión lúdica y festiva. No olvidemos que el partido del Gobierno que financia la party, el Partido Popular, hasta los años 90 se cagaba (casi sic) en La Movida y su legado siempre que tenía ocasión.

En fín, a toro pasado pocas vueltas más le vamos a dar. Eso sí, corto y pego el siguiente artículo de Tomás Ruiz Rivas, responsable de este proyecto, sobre cuya pista me ha puesto el siempre atento Doggy. Se puede estar de acuerdo en mayor o menor medida con lo expuesto por el autor, incluso se puede diferer de sus planteamientos creativos, pero no se le puede negar solidez a muchos de sus argumentos. Como tampoco se puede negar el tremendo acierto que supone el vincular estos homenajes con las inexistentes políticas de ayuda a la creación desarrolladas desde el Gobierno de nuestra Comunidad de Madrid.

Valga, pues como final abierto a la peculiar saga de La Movida de los últimos meses. Ah, y tampoco deberían dejar de leer esta reveladora retrocrónica

La Movida: Veritas: Non Auctoritas Facit Legem

Por Tomás Ruiz-Rivas.


La cita que da título a este comunicado es una inversión de la famosa sentencia de Hobbes, “la autoridad, no la verdad, hace la ley”, con la que el filósofo inglés pretendía, ya entrado el siglo XVII, justificar el absolutismo empleando la razón, lo cual es obviamente un sinsentido. La inversión no es mía, se hizo popular en el siglo siguiente y todavía hoy se encuentra con frecuencia en escritos sobre política y ciencias legales, porque es un principio del sistema democrático occidental: la verdad, no la autoridad, hace la ley.


He elegido una referencia tan pretenciosa para iniciar el segundo comunicado, dedicado al homenaje a la Movida que ha perpetrado la Comunidad de Madrid, porque pienso que debemos reflexionar, con seriedad y en profundidad, sobre lo que significa un proyecto así en el contexto actual de las artes visuales madrileñas. Es decir, para conducir el discurso hacia un debate sobre las políticas culturales locales y nuestro inexistente sistema de apoyo a la creación, y continuar con lo que se inició en el Conde Duque en noviembre de 2006.


Evitando sarcasmos fáciles, el homenaje en lo primero que falla es precisamente en ser homenaje, en su carácter laudatorio, cuando lo único pertinente, de haberlo, habría sido una revisión histórica (1). Un análisis riguroso y desprejuiciado de lo que fue la Movida en su momento y en relación con un amplio espectro de manifestaciones artísticas y culturales que tuvieron lugar también en los 80 y que no se vinculan en modo alguno con ella. Y en relación también con un hecho crucial de esa década, que es el golpe de Estado de 1981, cuyo impacto en la cultura española se mantiene en una zona borrosa de las investigaciones históricas.


Pero el texto que presenta la exposición de Alcalá 31, en espera del catálogo, es un alarde de banalidad e irresponsabilidad, de cutrerío, para situarnos en la época: “La Movida no fue un movimiento propiamente dicho, no hubo un manifiesto teórico fue más bien la explosión de individualidades creativas.” (2) No pretendo hacer en estas páginas ni una crítica de esa exposición ni menos aún trazar una historia de la Movida, pero creo que hay que aclarar algunas cosas. “La Movida —cito a Eduardo Subirats porque no se puede mejorar su semblanza— fue un efecto de superficie, no una obra de arte total. Se identificó enteramente con la fiesta frívola y corrupta, con una estrategia de signos bufos, y con una acción social comprendida estrictamente como mercancía y simulacro. (...) Pese a su banalidad, o precisamente a causa de ella, la Movida significó, sin embargo, una verdadera y radical transformación de la cultura. Neutralizó cualquier forma imaginable de crítica social y de reflexión histórica.” (3)

La Movida, efectivamente, sólo puede entenderse como
un momento Reaccionario, inscrito en la revolución neo-conservadora promovida por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y que en las artes visuales se caracterizó por la vuelta a los soportes tradicionales, la erradicación de los discursos antagónicos desde una supuesta superación dialéctica conocida como postmodernidad, y un desprecio institucionalizado hacia las prácticas más connotadas políticamente, como el arte colaborativo, el public art y los site specific. Y también por la revalorización del “genio artístico” como modelo de individuo absolutamente autónomo y a-histórico, que es quizás lo único que, irreflexivamente, señala Blanca Sánchez en su texto.

Pero lo que realmente nos interesa es una especie de traca final titulada: “La Movida. Madrid 06 nuevos creadores”. El primer texto de presentación gana en profundidad y extensión al de Blanca Sánchez:


“Hace 25 años Madrid fue una movida. Hoy, la nueva generación de artistas trabajan desde el intercambio cultural y la relación entre disciplinas. El panorama bulle en torno a la moda, las letras, la música y las artes plásticas, que en diciembre y enero cuentan con todo el protagonismo en lugares mágicos para celebrar el acto fundacional de la nueva movida . Bienvenidos.” (4)


He prometido no caer en el sarcasmo, pero tengo que hacer notar que para la comisión de este textículo ha hecho falta el concurso no de uno, ni de dos, ni de tres, sino de hasta ocho cráneos privilegiados, pues tantos son los nombres de curadores que aparecen en el folleto. Su mejor hallazgo es sin duda lo de los “lugares mágicos”. ¿Qué demonios querrán decir? Hay varios cambios entre este pequeño desplegable, que recogí en Alcalá 31, y el tabloide amarillo que se distribuyó un mes antes con la prensa diaria. Y en un tercer folleto, que he recibido por e-mail, la información cambia otra vez más, aunque aparte del delirante título “Destino Futuro” hay poco que reseñar.


La idea de promover una nueva movida es, sin ningún tipo de paliativo, una insensatez. Nadie con dos dedos de frente puede tomarse algo así en serio, y nadie con un mínimo de vergüenza debería poner su nombre en semejante cartel. Puede que nos hayamos acostumbrado a la desfachatez de los políticos, pero está claro que la propuesta sólo nos dice una cosa: que todo este programa carece de contenido cultural. Todo el homenaje a la Movida no es más que otro espectáculo de la pre-campaña electoral.


Pero vamos a entrar ya en materia, porque lo dicho hasta ahora era sobre todo para contextualizar la reflexión que prometí en el segundo párrafo. El problema, para plantearlo de la manera más sencilla, es que la Comunidad de Madrid se ha gastado en el homenaje a la Movida más de 3.000.000 de euros, y Madrid no tiene todavía un sistema de apoyo a la creación artística. Ni bueno, ni malo. Ninguno.


Hace un año, cuando Álvaro Ballarín, director general de Museos, Archivos y Bibliotecas de la CAM, anunció este programa y la dotación de un millón para su ejecución, todos nos llevamos las manos a la cabeza, y el portavoz de cultura de Izquierda Unida señaló las precarias condiciones en que se produce cultura en las salasalternativas de Madrid. ¿Qué vamos a hacer ahora que se han gastado no uno, sino tres millones?


El homenaje a la Movida es parte de una tradición de (mal-)uso político del arte contemporáneo, que tiene sus raíces en el papel que jugó Luis González Robles como comisario de exposiciones en la dirección general de Bellas Artes, durante los años 50 y 60. En los 90 Luis Alberto Cuenca, secretario de Estado de Cultura, y Miguel Ángel Cortés, secretario de Estado de Cooperación Internacional, redescubrieron para el gobierno de Aznar la rentabilidad política del arte contemporáneo: una producción artística con formas avanzadas pero contenidos frivolizados sirve para compensar la imagen nacional-católica y ultramontana del PP, al tiempo que neutraliza la cultura como espacio de conflicto ideológico. El mejor ejemplo sigue siendo la exposición The Real Royal Trip, en la que se gastó un millón de euros para montar una exposición de arte joven en Nueva York, pero no para introducir a nuestros creadores en los Estados Unidos, sino para convencer a los españoles de la modernidad internacionalista del gobierno de turno. La Movida no fue otra cosa, pero a beneficio del PSOE, que deseaba superar la imagen progre y pobre del socialista de los 70, y de paso evitar cualquier debate sobre la Transición.


El homenaje a la Movida está pues dentro de esta lógica: la imagen rancia que proyecta Esperanza Aguirre se puede compensar recuperando una modernidad idiotizada y festiva, que el sastre de turno cree poder recoser y adaptar a la medida de las necesidades políticas del momento.


Nuestros gobernantes parecen haber adoptado como programa una sentencia de Habermas, aunque el filósofo alemán la escribiese como crítica: “El contacto con la cultura forma, mientras que el consumo de la cultura de masas no deja huella alguna; proporciona un tipo de experiencia que no es acumulativa, sino regresiva.” (5)


En definitiva, cualquier cosa menos dejar que sean los artistas los que hagan el arte. El discurso emana del poder político, porque para ellos “Auctoritas non veritas facit legem”. Esto ya no es la lógica del absurdo, sino la de la dictadura. La verdad, en este caso el discurso del arte madrileño, no reside en un debate entre diferentes agentes culturales, sino en el ejercicio del poder. Su estructura no se corresponde con la de ese debate, sino que consiste en su identidad con el poder. Hardt y Negri definen la corrupción como “...el ejercicio puro de la autoridad, sin ninguna referencia proporcionada o adecuada al mundo de la vida.” (6) Mejor ni extraer conclusiones.


Pero sí voy a poner ejemplos con nombre: los espacios alternativos de arte contemporáneo de Madrid, que estamos agrupados en una red, rechazamos en repetidas ocasiones participar en el susodicho homenaje. Ni el Antimuseo (más conocido como el Ojo Atómico), ni Liquidación Total ni la Enana Marrón consideramos coherente tomar parte en él, y así se lo hicimos saber a Álvaro Ballarín. Sin embargo una vez que en la CAM habían descubierto la existencia de los espacios alternativos de arte, debieron considerar necesaria su participación en eso que modestamente llaman el “acto fundacional de la nueva movida”. Si los que hay, que llevan años trabajando, con programas internacionales, con apoyo de instituciones de medio mundo, etc. no quieren colaborar, ¿qué se hace? Pues inventar otros. Por ejemplo el bar La Mari Pepa; véanlo en el programa. Ahora bien, la transformación del bar La Mari Pepa, que quizás sea un bar estupendo, no lo conozco, en espacio alternativo de arte contemporáneo sólo puede consumarse por un ejercicio puro de autoridad, vulgo porque me sale de los huevos , y en latín auctoritas non veritas facit legem .


Y mientras la autoridad que indudablemente se desprende de tres millones de euros convierte al bar la Mari Pepa y otros muchos en la versión madrileña de la NGBK y el PS1 juntos y en su mejor momento, devuelve la juventud a artistas cuarentones e inventa una excitante escena artística allí donde los demás vemos desolación y podredumbre, los espacios alternativos de verdad carecen de un canal administrativo para solicitar apoyos a la Comunidad de Madrid. Y no sólo ellos, sino todos los mediadores independientes de Madrid, sean curadores, colectivos, asociaciones, y promuevan espacios, revistas, festivales o eventos únicos, así como los mismos artistas. Más exactamente, el sistema de apoyo de la CAM en la actualidad consiste en un “premio” de arte, y hasta hace poco había una subvención destinada a galerías para asistir a feria de arte internacionales, que no sé si sigue existiendo. Para artes escénicas hay un sinfín de convocatorias, una de las cuales incluyó, creo que en 2001, una sección para artes visuales, y nunca más. ¿Por qué se financia tan generosamente el teatro y no el arte? Seguramente ni ellos lo saben. Desde luego Esperanza Aguirre ignora por completo cómo es su propia política cultural, porque en el catálogo de ARCO 2005 escribió: “El gobierno de la Comunidad de Madrid incentiva la creatividad de los artistas contemporáneos a través de numerosas convocatorias y de su apoyo a foros, exposiciones y ferias." (7) Y lo más sorprendente es que aunque en realidad no hay convocatorias ni canales para solicitar dinero para proyectos de artes visuales, vemos el logotipo de la CAM en muchos de ellos, desde el Festival Edición Madrid a PhotoEspaña o ARCO.


Entre tanto el tejido cultural de Madrid está cada vez más dañado, pese a que vaya a haber una nueva movida, como amenazan desde Alcalá 31. Esta es una realidad tan patente que hasta La Fábrica, responsable en buena medida del desastre, lo reconoció así tras una informal encuesta hace un año.


Creo firmemente, y seguro que no soy el único, que Madrid necesita un sistema de apoyo a la creación que sea transparente, pensado a largo plazo, con criterios consensuados con los diversos colectivos profesionales que actúan en la Comunidad, pero en especial con lo que conocemos intuitivamente como creación de base y con el tejido asociativo. Los tres millones gastados en el homenaje habrían bastado para poner en marcha, a lo largo de la legislatura que ahora acaba, un sistema de apoyo en condiciones y empezar a corregir los muchos males que nos aquejan. Es necesario acabar con la arbitrariedad y el oportunismo político en el uso de los fondos públicos, de nuestro dinero, y es además un derecho no sólo de los creadores, sino de la sociedad en su conjunto, puesto que se le está negando el acceso a la cultura. Se le está dando gato por liebre, y se le está ofreciendo, como dice Habermas, una experiencia de tipo regresivo, en lugar de la oportunidad de involucrarse en un ambiente cultural diverso, crítico y enriquecedor.


¿Y qué hacer? Lo primero no colaborar. Resistir. Decir NO cuando hay que decirlo, que no es siempre, ni siquiera con frecuencia, pero sí cuando tiene sentido. Romper las redes clientelares. Negarles la legitimidad que extraen de nuestro trabajo y dilapidan en cuestiones partidistas. (8) Lo segundo, y esto ya lo hemos repetido hasta la saciedad en conversaciones de café, es formar una mesa en la que esté cabalmente representado el tejido asociativo del arte de Madrid, para redactar el sistema de apoyo a la creación, ya que nuestros políticos no son capaces de hacer el trabajo por el que les pagamos. Hasta entonces, y mientras los mismos artistas que se quejan de la situación participen en estos saraos o quieran acceder a repartos arbitrarios de dinero, tendremos que seguir soportando malas prácticas políticas y una imparable degradación de nuestro entorno cultural.


NOTAS:

(1) No considero que las 9 mesas redondas organizadas por Fernando Huici puedan tomarse como una revisión seria de las artes visuales en los 80 y su relación con la Movida.

(2) Sánchez, Blanca. Folleto desplegable gratuito, edita la CAM. Madrid 2006. La trascripción es literal.

(3) Subirats, Eduardo: “Transición y espectáculo”, en Intransiciones. Crítica de la cultura española, Madrid, Biblioteca Nueva, 2002, pág. 78.

(4) Varios autores. Folleto desplegable gratuito, edita la CAM Madrid 2006. La trascripción es literal. Negritas de los autores.

(5) Habermas, Jürgen: Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública, Barcelona, Gustavo Gili, 2004, pág. 195. Nota: la traducción, de 1981, ha quedado desfasada para el estado actual de la investigación sobre la esfera pública.

(6) Hardt, M. y Negri, A: Imperio, Barcelona, Paidós, 2002, págs. 354 y 355.

(7) Catálogo ARCO’05, Madrid, ARCO-IFEMA Feria de Madrid, 2005, t. 1, pág. 11.

(8) Aunque no pasa de ser una anécdota, quiero dejar constancia de que fui invitado a una de las mesas redondas del acto fundacional de la nueva movida, sin que yo entendiese, por la forma en que se hizo la invitación, que se trataba de eso. Lógicamente renuncié a participar en cuanto lo comprendí, y sugiero a los organizadores que gasten los 150 euros que me iban a pagar en fotocopiar este texto y repartirlo en los diversos eventos del tal acto.