27 septiembre 2006

Sentimientos arácnidos


La paciencia es un trabajo como cualquier otro. Saber esperar a que las circunstancias, sin darnos la razón, nos presenten la ocasión propicia ... Dejar pasar el tiempo suficiente para que el tiempo juegue a nuestro favor, esto es parte de la sabiduría y el sentimiento arácnidos. Algunas veces, la calma chicha es tan importantes en el negociado musical como la urgencia y la trepidación. Así, con cuidado, Los Tarántula han diseñado una minuciosa propuesta estética en la que han sabido trenzar referencias que muchos creíamos olvidadas, tirando de los procelosos hilos del tiempo con habilidad suficiente como para hacernos olvidar la naturaleza verdadera de su sustento espiritual. Esto, tal vez sea ponerse tremebundo pero es que, para aproximarse al artificio lírico de los barceloneses, es mejor colocarse los anteojos de lo tremendo y examinar con primor su calculador esteticismo.

Porque los Tarántula han sabido tejer una red tupida y extensa. Una red que, unos días, se llama Producciones Doradas y, al día siguiente Tarantulismo . En ocasiones es Silvia Coral la que se bambolea en ella y en otras es Joe Crepúsculo . Todo con un calculado sentido de lo feo y una penetrante pedantería, que travisten de minimal laconismo, y un concepto en el que cabe perfectamente el pop de arrabal cultural y el, siempre vergonzoso, sentimiento lírico, enmascarado con ironía, eso sí. Y Tarantula, siempre en el centro de esa tela en la que ahora cae un album gratuíto (calculado acierto y magistral golpe),
Esperando a Ramón (por favor, descargarlo aquí), haciendo de la caca fino hilo de seda. Si me permiten la expresión.



Los Tarántula han comido una caca
artie que han digerido con paciencia hasta transformarla en este album. Han devorado los cadáveres de La Movida y de los Pegamoides Siniestros para devolver habaneras seudo-situacionistas. Han comido las sobras de los Burning (lo que podía recalentarse con la microonda del resabio) y, sobre todo, se han comido al Corcobado muerto e insepulto (en lo artístico, ojo), logrando que les anime un poco su trasfondo canalla y portuario, aunque no sus formas de maldito de baratillo. El espíritu del pequeño y saturnal crooner no ha contagiado con su peculiar y tragicómica autenticidad al combo de Barcelona, pero es que no se puede tener todo. Los pactos con el Demonio del Concepto dan de sí lo que dan de sí. Tampoco han atrapado a los Derribos Arias en su malla (no hagan caso de lo que oyen por ahí), pero han sabido imitar algún reflejo .



La meticulosidad de Los Tarántula no está hecha, definitivamente, para exponerse en directo . A estos arácnidos les va mucho más el umbrío y equívoco anonimato fonográfico. Así,
Esperando a Ramón, escucha tras escucha se convierte en un obsesivo viaje al corazón de nuestras particulares tinieblas. Bo' Didley dicen algunos, cuando escuchan Martillos, puede ser, sonido rockabilly, Suicide ... pero también Loquillo y su Rompeolas que aparecen, como un cuerpo muerto y flotante, en Reina de la Noche. También hay algo raro en Huída de interpretando... ¿Lujo? No, pero sí una miseria calculada y calibrada para hacerla pasar por bisuteria 80s. A veces el siniestrismo vira hacia un sonido nuevo romántico hispano ... otro matiz, enrarecido. Hits como Empresarios y secretas o Amarraje tienen aire a estudio de taxidermista. Y aún así, la intencionalidad es lo que cuenta. La intencionalidad, mejor en disco, aparece como construcción cultural a medio camino entre el exorcismo de obsesiones pretéritas (Estamos en crisis y su irónico aire corcobadista), chistes a cuenta del imposible de una vanguardia española en Cataluña (Esperando a Ramón, soberbia) o agobiantes elegías a la nada (Como un cetáceo, inenarrable estupidez con un algo, no les digo ya que no). Calculadores en lo conceptual, Tarántula han destilado una excreción peculiar, extrañamente freudiana en lo musical, una caca que se hace seda (pero que tampoco descarten que vuelva a ser caca al poco tiempo), ya decía al principio, y que casi ha conseguido consagrarles como unos infernales sosías marineros de Astrud. Movimientos espasmódicos para bailar la música resabiada de nuestros crepúsculos en nuestros efímeros infiernos, por decirlo de una manera que, espero, les guste a ellos.



25 septiembre 2006

Sonido perfecto para siempre


Hay quien dice que en este blog se otorga demasiada relavancia a la música en directo. Que pesa mucho la crónica de concierto y que eso le da un aire y un tono antiguo, como de vieja revista de rock. Qué se le va a hacer. Al final, a pesar de la convergencia tecnológica, nos hemos fosilizado. Siendo de esa vieja escuela, el escenario no deja de parecerme una interesante prueba para ver hasta dónde puede dar de si un grupo. No es imprescindible, hay grupos que no necesitan pisar las tablas para demostrar su valía. En el caso de hoy, por el contrario, la progresiva búsqueda de la perfección de los Cohete se aprecia de manera excelente en directo, donde las canciones parecen cobrar nueva vida, elevadas a las alturas por una banda que van camino de convertirse en campeones sonoros de la temporada.

Con los Cohete hemos podido presenciar, concierto a concierto, los avances en su peculiar búsqueda de la excelencia formal. Excelentes músicos y simpáticos interpretes, en los últimos tiempos, les hemos visto dar vueltas alrededor de su propia órbita, en un interesante viaje hacia el fondo de ellos mismos que ha incluído una agenda de conciertos muy dilatada. Concierto a concierto, han ido añadiendo nuevos matices y piezas a su particular mecano musical. Así, su prodigalidad sobre las tablas nos ha permitido seguir miliétricamente su inquietud progresiva hasta ayer mismo (literal). En el concierto que ofrecieron ayer en la sala Nasti, nuestros amigos mostraron hasta qué punto han tomado un acertado desvío que les ha separado de su característico rock quebrado, para dotarse de una rítmica pulsión soul - pop, un poco robada a los Orange Juice. Así, se han trasmutado, de la noche a la mañana, en una Ram Jam Band futurista, amable y efectiva. Una banda que, donde antes tenía brillantes aciertos, ahora ofrece golpes maestros. Eso sí, de manera un poco intermitente, dados los requiebros vanguardistas con que se empeñan en salpimentar todas y cada una de sus canciones.




Con trompetista ya fijo en la formación, consiguen alejarse (sin olvidarlos del todo) de los apatrullados aires familiares para convertirse en unos rotundos hijos bastardos de los Dexy's Midnight Runners. Todavía se echa en falta el delicioso e inmediato acento pop propio de su ex, Jonston (como siempre entre el público) y a veces las canciones parecen meras excusas para dar rienda suelta a unas inquietudes instrumentales excesivas... Sigue habiendo demasiados cambios, muchas veces se tiene la sensación de que mejor sería que mantuviesen una dirección única en lo musical. Porque el problema que veo yo a los Cohete es que, a ratos, son buenos de más... Y se meten en unos círculos concentricos que hacen que se pierda la melodía, el rítmo, la emoción y la urgencia. Con menos excelencia y un poco más de sencillez, Cohete harían más honor a su nombre. Y es que, todavía se les ve más orbitando sobre ellos mismos que describiendo una trayectoria certera. Eso sí, aprovechan las canciones más tarareables (especialmente Micromacro) para arrasar. Lo que demuestra que esta aeronave cuenta con combustible de sobra para llegar muy lejos. Así, como sin querer o como quien no quiere la cosa, dieron su enésimo concierto brillante de la temporada.

Tras ellos, el grupo chileno Pánico protagonizó una de las escenas más ridículas que se recuerdan en Madrid. Nada menos que una hora estuvieron montando aparataje musical (cajitas de rítmos, pedaleras, secuenciadores y samplers) en un intervalo que ni los Rolling Stones... No sólo hicieron gala de una penosa falta de destreza, sino de una lamentable pose de estrellita emergente henchida de superioridad vacua. Cuando por fín lograron encontrar el botón de ON, nos encontramos que la verdad que venían a descubrirnos los avanzados chilenos no era más que el tecno-punk que estaba de moda hace dos años (ya saben LCD Sound System). En fín, RIDÍCULO. A la primera canción decidí que era mejor irse a la cama con el recuerdo de unos, tecnicamente perfectos, Cohete y a soñar con el día en que sus canciones, libres de cambios crucen nuestro firmamento fonográfico como rotundas gemas rock.

Por cierto (1), para los que prefieran la música en disco, hay un flamante CD-single con los cuatro temas más señalados de su carrera.

Por cierto (2), me contaron que a los Pánico la electrónica les jugó una mala pasada y a la tercera canción se quedaron sin sonido y tuvieron que parar el concierto un rato más. Qué pena.




22 septiembre 2006

Cambio de tema


Yo tenía que hablarles hoy de todas las cosas que quedan pendientes entre nosotros. No, del disco de Tarántula no me olvido; de la polémica de los Flow tampoco. Ni de rectificar, lo pertinente. No me olvido de lo que quieren escuchar, de echar más leña al fuego, ni de tirar la piedra. Ni siquiera de esconder la mano. Ese rollo que siempre tenemos pendiente ustedes y yo y que no entendemos ya demasiado bien. Pero miren por donde, resulta que les voy a cambiar de tercio. De tema, de historia, de carril. Pero no de formas. Ni de idea. Es sólo un momento para dar un anuncio importante. Por lo menos para mi. Tocan Los Punsetes y tienen dos canciones nuevas en su MySpace. Y que se las escuchen.

Ya se preguntarán qué es lo que me ha dado con Los Punsetes que son los que más salen en este boletín . Pues, tampoco yo lo se muy bien. Ni se lo intento explicar, tampoco. El rollo de Karpov y Los Punsetes es una de esas cosas que no se sabe de donde viene. Ni siquiera hacia donde se dirige todo esto. A mi, todavía son de los grupos que más me desolocan. De lo mejor que hay ahora. En el sentido estricto y literal, DE LO MEJOR. Y creo que yo debo ser, entre todas las personas que habla de ellos, de las que más les desconciertan. En un sentido estricto,DE LO PEOR. En ese rollo estamos unos y otros. Será que, con Los Punsetes también tengo pendiente verles en directo. Y como el próximo sabado 30 (aniversario del Nasti) tocan, me ha parecido que se lo tenía que contar a través de ustedes... Esto es una fijación extraña. Pero han puesto dos canciones nuevas y pueden ir a mirarlas a su espacio en MySpace . y DEBEN. Yo miro, a ver si se me queda algo. Será que sigo sin entenderles a ellos pero entiendo a la perfeción una canción como los médicos.
Los médicos confían en el cuerpo, confían en el creciemiento, creen que va todo a su sitio. Y la kafkiana banalidad del resto de la historia te atrapa y te inquieta. Y te reconcilia que alguien entienda determinados pensamientos. Y la verdad es que hay algo en su sonido que resulta hipnótico. A fuerza de no entender nada de lo relativo a este grupo, voy desentrañando las verdades que guardan sus canciones. Aquí el concepto se me escapa. Y el resto se me queda. Maravillas del desencuentro. Sí, en cierta medida es una obsesión intermitente.




Los médicos y Fondo de Armario son más de lo mismo. Van depurando, por etapas. A veces parece que caminan en círculos y no se sabe si van a mejor o siguen igual. Los Punsetes son, por eso, el mejor grupo que hay ahora mismo. ¿Una retranca costumbrista? No ¿Un punk torcido hacia la mueca alternativa? Tampoco. Un rock de guitarras que no acierto a situar, porque no quiero situarlo. Pero hay que hacerlo. Tengo un fondo de armario suficiente para vestir cada día diferente. Increíble ¿se lo pueen creer? Los Punsetes son parte de su propio concepto. Del suyo, del mío y del de todos ustedes. Fondo y forma componen una imagen poco estética, simpática y empirica. Lo feo y su mística. Los Punsetes y la suya propia. Que tampoco es sólo una mística de lo feo. Ni un ascetismo en lo común. A lo mejor no es nada. Sólo un grupo. Pero, por alguna razón extraña, parecen más insólitos que los demás. Sacarán un 7" en breve. A ver qué pasa. No leo su blog, Los Gordos . Lo mejor es mantener esta relación en términos ocasionales. Recuerdo que Federica Pulla me llamó cuando escuchó la primera maqueta y estaba en un finger, bajando de un avión en Roma. Los Punsetes y Karpov están muy lejos. Escuchen las canciones. Nos vemos en el concierto.




21 septiembre 2006

Las mejores intenciones


Vamos a dejarnos llevar por los buenos sentimientos un momento. Tras las convulsiones dialécticas de los últimos días, su humilde servidor Karpov da rienda suelta a las buenas vibraciones y se deja caer por el concierto de los amables barbudos de Vetiver. Parece que fue ayer cuando este combo de amodernados melenas se presentaron apoyando a un Devendra Banhart que aun no había saboreado las mieles del éxito masivo. Entonces, dieron forma a un concierto divertido y rotundo, simpático y sencillo en el que la naturalidad y desparpajo del carismático y caradura Devendra encajaba a la perfección con la efectiva pericia de esta pandilla de pasotas. Esta vez, trasmutados en unos líricos freak brothers consiguen arrancarnos una sonrisa. Pero tampoco dejarán un recuerdo indeleble. Pero bueno, estos hippies a veces son así. Como pajarillos que vienen y van, dejando algún pío bonito pero leve allá por donde pasan. Sí, pienso en los pájaros de la vega y en los lirios del campo...

Pienso en esa parábola bíblica en la que se afirma que las despreocupadas criaturas de la naturaleza vagan sin pensar en esto o en aquello y, sin embargo, viven tranquilas sin que les falte de nada. Y pienso en esos Vetiver que tocan sus canciones bonitas sin más; también pienso en lo poco que parecen preocuparse de si son mejores o peores o si convencen o no a un público moderno y de alto poder adquisitivo... Ahí están, a lo suyo. Sin preocuparse de mucho más que de si la guitarra suena bien, de poner cara de flipe de dejar elevarse sus trinos hasta el infinito como quien no quiere la cosa. Noche de hype, por tanto en el Moby Dick con caras tan conocidas como Christina Rosenvinge, la diseñadora y artista povera peseta, Manuel Siesta o el cantante de Edwin Moses recién aterrizado de una gira por Tokio. Mucho periodista de la prensa mayoritaria dispuesto a enterarse de qué se cuece un poco más allá de la difusa línea que separa al mainstream de lo alternativo; becarios pijos del sector de la publicidad, creativos y gente que no madruga. Noche de hype, ya digo para ver "al grupo del Devendra ". Que era a lo que estábamos todos...



Y los Vetiver salieron, tocaron un buen rato y convencieron a muchos. Pero a mi no del todo. Entre el público, todo hay que decirlo, mucha gente estaba convencida de antemano por lo moderno del evento social. Y muchas niñas bailaban como en el DVD de Woodstock . A muchos de los allí presentes lo mismo les hubiese dado ver a un Rufus, a unas CocoRosies o a un Antony. En un concierto que no estuvo mal, los Vetiver desarrolaron su bucólica propuesta con unos modos agradables y, en algunos momentos narcóticos. Frágiles y líricos, tuvieron unos hermosos primeros quince minutos en los que, dejándose llevar por su lado más pastoral, encandilaron al personal con tintineantes melodías y expansivas armonías vocales. Una guitarra eléctrica que iba saltando sobre la canción con acierto, una guitarra acústica efectiva y capaz de dar cuerpo al conjunto... muchos ojos en blanco, caras de tener el beat de Frisco, y todos tan contentos. Durante quince minutos, me dejan encantado, la verdad. Luego el ensueño se rompe.



El encanto se rompe porque los Vetiver no saben salir de la fragilidad deliciosa que exhiben en su último y bonito LP (To Find Me Gone, Fat Cat 2006). Y cuando lo hacen es para caer en un rock muy setentero, a veces directamente AOR. Hay pocos rastros de la divertida pandilla de barbudos que capitaneaba Banhart y mucho ensimismamiento hippy que, sin estar mal, a veces resulta tedioso. Faltan canciones, falta carisma. Del resto vamos sobrados, pericia, voces preciosas, guitarras trenzadas... todo está allí y, sin embargo, no hay magia. Ausencia notoria de un demiurgo guasón que le ponga chispa al asunto. A cambio, nos obsequian con una versión de Lindsay Buckingham. Y a veces recuerdan un poquito a Gram Parsons ... Al final todo se desliza hacia el aburrimiento moderado. Pero los Vetiver, tras una hora de concierto, ya están a lo suyo y tocan y tocan sumidos en un estado mental propio. Un bis más enérgico y hasta la vista. Nos cuentan que vuelven a su casa, a la Bahía uno y a Carolina del Norte los otros. Despreocupados, se retiran sabiendo que, sin ser músicos brillantes , se les ha concecido el don de poder disfrutar de la música con tranquilidad y vivir de ello. Y, como los pájaros de la vega, no piensan en mucho más y van de aquí para allá cantando su tonada.



Y uno se queda contento porque el concierto no ha ido mal. Pero también se queda un poco como estaba porque, después de pensarlo, cae en la cuenta de que no han tocado nada interesante. Qué pena que no viniese el tunante venezolano para hacer sus gracietas y cantar con su vocecilla impostada a lo Bolan-Donovan. O para motivar una jam session hippiosa y vacilona, mover al personal y levantar los ánimos con carisma y tontería. Porque, Vetiver, desafortunadamente son sólo unos músicos sin cantante que se dejan llevar por el viento de la temporada hacia la hermosura insustancial de la nada. Y, eso, los que estamos en la parte de abajo del escenario lo notamos, no tanto en la calidad de las canciones (indiscutible) como en el sueño que te atrapa antes de que puedas llegar a casa, tumbarte en la cama y soñar con un eterno verano del amor, con flores en el pelo o con volver a ése San Francisco de la mente del que salen grupos como éste.

Vetiver tocaron la noche del martes 19 de septiembre en la sala Moby Dick de Madrid


18 septiembre 2006

Tanto reir...


Fin de semana de locura en Madrid. Así son las cosas en la capital, amigos. Unas veces el tedio nos carcome pero, en otros momentos, todo es trepidación, pop y color. Llegamos al domingo tras una sesión de conciertos que nos ha traído a leyendas, meritorios, promesas por consagrar, artistas de culto consagrados, grupos buenos, grupos malos; y el resto de cosas que nos gusta encontrar cuando salimos: música, ruído, cotilleo... sí menudo viernes y menudo sábado. Aquí pasamos del todo a la nada. Pero es lo bueno de vivir en este carrusel ¿no? Unos días arriba, otros abajo y mientras siguen girando los discos y sonando la música. Podría ser mejor, pero también podría ser peor.¿Se lo cuento? Vale, se lo cuento. Allá vamos...

SCARLETT'S WELL y CRISTINA GEORGINA. Viernes 15 de septiembre. Sala Moby Dick



L
levaba tiempo esperando con muchas ganas la epifanía de Bid en nuestro país. Me he cansado de repetir a quien me ha querido escuchar que el nuevo disco de Scarlett's Well es soberbio. Sabía que su directo podía ser un espectáculo digno de ser recordado por toda la eternidad... Pues bien, finalmente pude comprobar que todos los esos pálpitos eran ciertos. Scarlett's Well estuvieron SUBLIMES. La barahúnda de buhoneros llegó a nuestros escenarios en plenitud de facultades. Dirigidos con maestra sabiduría, mano de hierro y modales de seda, por el caballero-fakir Bid, encantaron, encandilaron y fascinaron a partes iguales. Espectáculo de variedades, chamber-folk (Marcos E. Herrero dixit), dulces tonadas pop... misterio, diversión, magia y embrujo fueron mezclados con acierto en un espectáculo delicioso. Pese a que Bid sobresalió sobre el conjunto, qué duda cabe (esa voz de leyenda nos retrotrae aunque no queramos a los discos de los Monochrome Set), no hay que dejar de lado la simpatía de un grupo en el que la fantasía y la realidad se entremezclan y conviven con absoluta naturalidad. Fuimos trasladados a otros mundos gracias a canciones como Sweetmeat (EXCEPCIONAL), Willy Whispers, My Tender years o You Can't get the staff. Maravillosa Kate Dornan, cabaleresco Peter Momtchiloff, feriante y burlón el acordeonista Martin White y pizpireta Alice Healey... Final MARAVILLOSO con las versiones de He's Frank y Jacob's Ladder que no desemerecieron en absoluto el asombroso sonido de los Monochrome Set. Una AUTÉNTICA DELICIA. ¿Y Cristina Georgina? Al final, quedó en una intrascendencia bastante cuestionable, lo que demuestra que no todos los misterios soportan la exposición a la luz del día.


GRANDE-MARLASKA, BEEF y TARÁNTULA. Sábado 16. Sexto aniversario de la sala Nasti



Seis años, seis, lleva la sala Nasti dinamizando la noche madrileña, como diría un plumilla del RDL. Lugar de encuentro noctámbulo, escenario habitual de nuestro paupérrimo circuíto de conciertos, foco de cotilleos, de aventuras musico-festivas... esta sala es, para cualquier persona interesada por el underground madrileño, ineludible lugar de referencia. Más allá de acuerdos o desacuerdos pasados, presentes o futuros, la ocasión sólo merecía felicitaciones para el equipo responsable. Equipo que, con buen criterio, ha programado, a lo largo de tres fines de semana consecutivos, conciertos con algunas de la promesas más descollantes de nuestro panorama. Chapeau, pues para la Nasti crew en esta celebración. Así, en la primera ronda, hemos podido disfrutar de tres grupos que, por razones muy diferentes, están en la cresta de la ola, en boca de todos, en la pomada... Los Grande-Marlaska presentaban su nuevo nombre en Madrid, después del veto del magistrado Baltasar . En un concierto más largo de lo deseable, deplegaron un sonido contundente, tocaron canciones anodinas y mostraron más cercanía con los Jarcha que con los McCarthy. Otra cosa fue lo de Los Beef. Pero es que lo de Los Beef siempre ha sido ESA OTRA COSA. Brillantes, centrados, abstractos, irónicos, efectivos en su despliegue de arsenal noise, protagonizaron un flamígero concierto que quedará grabado en la memoria de los allí presentes durante una buena temporada.



Así tras un interludio cuestionable, y posiblemente innecesario, consistente en una versión de los Eskorbuto por parte de componentes de los tres grupos en liza, se presentaron las estrellas de la noche. El hype. La sensación. Los Tarántula . Meses llevamos hablando u oyendo hablar de los Tarántula. Ya glosamos en su día a Silvia Coral . Aquí se insiste en un pop conceptual de cuidada imaginería, referencias milimetradas y ausencia de margen para lo imprevisto. Todo bajo control, tenemos todo bajo control. Con una imagen roquera (cantante igual que Pepe Risi), con un rebote y una ironía medidísima y muy artificiosa, Tarántula preentaron su nuevo disco, Esperando a Ramón (Producciones Doradas, 2006). Y la verdad es que, la picadura produce cosquilleo pero va sin veneno. Demasiada perfección, demasiadas mediciones y redes para no caer al vacío. MANIERISMO es la palabra. Su barroco post-moderno, marchoso e irónico, que hace pasar por el taxidermismo tecno-pop a los citados Burning , al primer Loquillo (el de ¿Dónde estabas tú en el 77?), a los Bow Wow Wow o a los Pegamoides (de Grandes Éxitos) no acaba de cuajar en directo. Eso sí, la gente bailó y saltó con los ecos motown de Tarantula, con la rotunda y viciada Amarraje o con la perfecta Empresarios y Secretas. Hablaremos más detenidamente del disco esta semana. En directo, todo estaba preparado para que dijésemos SI. Pero sólo nos salía decir NO y NO.



En lo social, que tampoco hay que olvidarse de ello, merece la pena dejar constancia de la sorpresa ante el magno recibimiento que se le deparó al oportunista y mediocre Fernando Vacas . Un completo besamanos por parte de nuestros árbitros de la modernidad no exento de genuflexiones (gente a la que yo he oído reírse a mandíbula batiente de su carrera, se aprestaron a significarse en semejante pantomima). Lo que confirma algo que ya veíamos venir (a través de su MySpace) y es la difusión de la peregrina idea de que este personaje es un genio olvidado de nuestro panorama. SEMEJANTE SANDEZ está cobrando carta de naturaleza de manera preocupante. Basta escuchar los ridículos discos de Flow o la insultante muestra de proxenetismo musical que es Prin La Lá para desmentir esto. Si a algo se puede ligar el nombre de Flow es a la más triste mediocridad, por mucho que ahora se suba al carro de la nueva psicodelia o al brianwilsonismo de pastel. En cualquier caso, de esto hablaremos también en cuanto me lo pueda bajar de manera ilegal, sorteando el pago de derechos a este presunto autor. Pero está difícil, no lo tiene nadie. Tampoco me extraña. Yo sigo intentándolo.




15 septiembre 2006

25 de septiembre

Es la fecha oficial de lanzamiento del nuevo LP de Momus. El mismo día que lo tenga en mis manos (esperemos que no se retrase mucho, que las tiendas lo traigan, que no haya que esperar el correo) escribiré un post explicandolo todo.



Mientras tanto, podemos leer todas las letras del LP, ver vídeos de adelanto y fotos alusivas a la canciones aquí. También tenemos un resumen del propio Momus, acullá.


12 septiembre 2006

Reválida indie


Por mucho que digan por ahí, las famosas r
edes sociales nunca podrán sustituir el contacto personal a la hora de descubrir música. A lo largo de nuestra vida van cayendo múltiples discos en nuestras manos, fruto de la suerte, el arte de birlibirloque o de una simple y feliz coincidencia. A pesar de ello, la mayor parte de las veces, suele ser algún amigo entusiasta quién los pone ante nuestras narices e insiste en que no debemos dejar pasar la ocasión. Si, cuando fuimos chavales, nuestro gusto hubiese dependido sólo del impersonal contacto cíber tal vez hoy escucharíamos esa especie de muzak impersonal que consiste en una versión licuada de casi todo. No digo yo que mi gusto sea especialmente bueno. Sólo digo que si tuviese que depender únicamente del audio streaming y de las redes P2P me estaría perdiendo esa porción enorme de casualidad y cariño que, al final, es la que le permite a uno maravillarse ante discos inesperados como éstos que me han puesto en suerte.


Y de asombro, maravilla y sorpresa es de lo que está hecha la música pop. Y de casualidades, recomendaciones y amigos que te ponen en las manos este disco o aquel single que, en ningún momento, hubieses esperado tener. Precisamente, gracias a una casualidad y a un kafkiano incidente en el que se vió envuelta la habitual comentadora de este blog, Francisca Pulla, el señor que atiende en la aduana del aeropuerto de Barajas, un cinturón de judo y el chiquito de la página de Microindie, llegan al hogar de Karpov un alijo de joyas fonográficas australianas. Birlibrloque, ya digo, que me permite conocer destellos de pura gloria. Si además añadimos que la entega del paquete, acompañada de ceremonia y clandestinidad, se produjo a lo largo de un laberíntico paseo por el barrio de Maravillas, ya tenemos esas aventuras a la vuelta de la esquina que son las que fijan los discos al recuerdo. Pero bueno, no me voy a poner pesado y ya cuento qué tal los discos... Ya saben, los Guanchinai que grabaron para aquel sello de Tromso...



Bart & Friends, I was lonely 'til I found you (Library 2000).- Atmosférico, dulce e intimista... con unas guitarras que insisten en el raca-raca jangly que, usted lector y yo, podemos reconocer en cualquiera de esas canciones de las que tanto hablamos. Una vocecilla, unas melodías que se trenzan, una preciosa y básica instrumentación... este breve disco de siete canciones lo tiene todo para enamorar al oyente. Desde que suenan los primeros compases de How can you tell me you love me? uno ya sabe que volverá a dar a PLAY en cuanto el disco llegue al final. Si además cuenta con curiosidades como la versión de Boredom de unos primeros Buzzcozks (disponible esta semana en el Club del Single Shelby, por cierto) o algo tan atípico como una versión de los Magazine, ya se pueden imaginar que estamos ante una atípica peculiaridad. Por cierto, en la filas de la formación miembros de Cat's Miaow , Hydroplane o, los ayer citados , Lucksmiths.



The imaginary friend, Letters Home 7" y Whimsy 7" (Drive-In, 1996 .- Estos dos singles son una verdadera delicia. Una maravilla de la que sólo se pueden hacer idea si piensan en los LPs de Devine & Statton y multiplican por mil su encanto, las canciones hermosas y las presentan condensadas en dos diminutos singles. Posiblemente de las cosas más increíbles que han pasado por el tocadiscos karpoviano en los últimos meses. Liegros acentos folkies, una voz femenina ensoñadora, mínima instrumentación, una versión de Robert Scott (Hear from you) y una auténtica maravilla Brighton Beach Postcard (una de las canciones más bonitas que yo haya escuchado nunca). Dos disquitos que pueden llegar a obsesionar y tenerte toda la tarde viendo como gira el vinilo, mientras el tiempo se deshace entre las notas de estas cuatro canciones. Porque, y esto es lo más insólito, son apenas cuatro canciones.



Joyas, casualidades, sorpresas, secretos, tanta tontería... ¿no era esa la esencia del indie-pop? Sí, sí... ya se, esto queda muy lejos de los tentáculos de las redes sociales, depende de la casualidad, no es fácil, ni accesible, carece de conectividad alguna, uno puede no enterarse de nada de esto. Sí pero, recuerden por un momento aquella época en la que ustedes no sabían casi nada de los músicos que tocaban esas tonadas deliciosas o de esa otra en la que cazaban fotos de los Pastels con cazamariposas. Acuerdensé de que la música les gustó, un día, por ser inaccesible, secreta, misteriosa. O porque alguién que apeciaban les dió una cinta o un vinilo en un sobre sin nada escrito. Piensen en eso y diganmé si, luego, pueden mirar igual las 40,000 canciones que se han bajado de MySpace.





11 septiembre 2006

Una cuestion de confianza


Los australianos Lucksmiths llevan con gracia su papel de sensación POP mundial. Tienen de su parte a la crítica indie internacional que quiere ver en ellos el estadio más perfecto del sonido y actitud twee. Son adorados por un público fiel que les ha hecho depositarios de sus corazoncitos, que mueve la cabecita al rítmo de sus dulces baladas y alza el puñito, soberbio, en los momentos más saltarines. Son los niños bonitos de la escena pop planetaria, la joya de la corona, cada uno de sus discos es celebrado con pasión y en los conciertos el público vibra con emoción, se sabe las canciones y con arrobo al más mínimo gesto de los australianos. El viernes pasado, en Madrid, no hubo excepciones: sala llena, corazones inflamados y melodías saltarinas en un concierto que no hizo concesión alguna al cinismo.

Parafraseando a Kiko Amat , me fío de los Lucksmiths . Me fío de sus discos, de sus canciones sencillas y efectivas. Me fio de ellos porque hace dos años, cuando les vi por primera vez en directo, comprobé que no se limitaban a ser un grupo más de twee pop. Por el contrario, sobre las tablas se mostraban rítmicos, divertidos y sincopados. Pude asistir a un despliegue de simpatía, sencillez y energía. Los Lucksmiths son unos artesanos del pop. Un grupo en cuya propuesta no hay conceptos vacuos, sólo canciones. Unos tipos que te ofrecen lo que tienen sin más. Que no se quedan contigo ni van de pastel. En resumen, te fías de ellos porque hacen contigo un trato justo.



Así que, de nuevo, acudí al Barbarella Club con la certeza de que disfrutaría de una buena velada de pop estilo indie. Que es lo que se ofreció la noche del viernes. Sesión, eso sí, aderezada con ese poco de sal y pimienta que da la instrumentación justa (nada de florituras) y la actitud aventurera. Si en sus discos los australianos se abandonan a sus instintos más melosos y arreglados, cuando se encienden las luces se trasmutan en un combo efectivo de indie guitarrero, saltarín y trepidante. En ocasiones (las más acertadas) recordaban a unos Bodines o unos Mighty Mighty por lo jangly y dinámico de su pop de guitarras . Otros ratos (los menos) se dejaron llevar hacia los terrenos más resbaladizos de la balada twee con menos éxito. Eso sí, viendo como cantaba el público de la primera fila las mencionadas baladas, se entiende que es un peaje que tienen que pagar. Porque la cosa es que a ellos se les veía más sueltos y divertidos cuanto más subía el voltaje y las revoluciones de su pop luminoso y cálido. Daba gusto ver al cantante tocando la batería, cibreándose e impostando (solo ligeramente) el timbre morriseyano. Sala llena, corazones inflamados, famosos del underground, camaradas bloguistas, chiquitos indies moviendo la cabecita, disfrute en estado puro, adrenalina melodiosa subiendo y bajando por el espinazo. En suma, ambientazo y diversión. Una pena, que por agradar al respetable, se extendiesen un poquito más de la cuenta. Ésto, todo hay que decirlo, afeó un poco el resultado final (la, nunca deseada, nota de tedio). Otra cosa fue lo de UKE, cuyas delicadas y frágiles canciones (en la línea de unos International Airport o unos Nagisa Ni Te, salvando muchas distancias) se vieron eclipsadas por el sonido ambiente. De todas maneras, ya les vale presentar esa propuesta en un escenario tan poco adecuado (como ellos mismos deberían saber)



En resumen, yo sigo siendo seguidor de los Lucksmiths. Ahora un poco más. Yo iré a verles siempre que pueda, escucharé sus discos, moveré la cabeza al rítmo de sus canciones. Es cierto que no son ni mejores ni perores que tantos otros. Pero sí son más sinceros, más simpáticos y tienen más desparpajo. Con los Luckmiths sabes lo que hay. También lo que no hay. No te venden la moto. Y, eso, al final, acaba trasladándose a sus canciones. Que al final es lo que más importa en este mundo en el que todos envasan aire, lo pintan del color de los sueños para, al final, dejarnos con tres palmos de narices, compuestos, sin novio/a y, lo que es peor, sin canciones buenas con las que sentarnos a llorar nuestras penas.

Los Lucksmiths tocaron el pasado viernes 8 de septembre en el Barbarella Club, con UKE de teloneros





06 septiembre 2006

Mundos paralelos, entidades locales


Ya lo había comentado de pasada en alguna ocasión, el disco nuevo de Scarlett's Well es fabuloso. Durante el verano, he estado a caballo entre la realidad y el dulce poblado de Mousseron, ideado por BID como escenario de sus victorianas incursiones musico-literarias y he podido disfrutar de sus nuevos parajes. Porque, la verdad es que en esta localidad imaginaria, pequeño universo donde se desarrollan las canciones de Scarlett's Well, la llegada de nuevos habitantes ha venido que ni pintada.



Más frescura, canciones más directas y matices inesperados en la propuesta capitaneada por el inconmensurable BID. La entrada de un grupo fijo, en sustitución de los consabidos músicos de estudio, ha supuesto un inesperado renacimiento que demuestra que el enigmático y principesco truhán todavía es capaz de ejercer de inquieto fákir, caminar sobre brasas y hacer acrobáticos e inesperados juegos malabares. Esta vez, además, podremos comprobar con nuestros propios ojos el alcance de sus fantásticas proezas. Una gira española nos brindará la ocasión de saber si, lo de este indómito avatar, es sólo mero ilusionismo o si el orfebre hindú realmente ha conseguido el concurso de Brahma para eludir el Kali Yuga artístico hacia el que parecía dirigirse sin remedio.


El primer motivo de esperanza ya lo atisbamos hace algún tiempo: el disco en directo
The Unreal (Siesta, 2005) nos mostraba a un BID juguetón, mistérico e incestuoso que se atrevía a dar forma a una suerte de citas a ciegas musicales (recordemos que en este disco se documenta su experiencia en varios países tocando con músicos locales con los que apenas había ensayado más que para probar sonido). Ahora, Black Tulip Lips (Siesta, 2006) nos presenta unos Scarlett's Well capaces de soltar lastre conceptual, de deshacerse de las plúmbeas ataduras de su propia irrealidad para, tomar nuevo cuerpo y reencarnarse en un estadio más sabio, sobrio y elevado. Es cierto, el medido proyecto ya había ofrecido momentos inolvidables, reflejos de fantasía sin igual (sobre todo el mágico e iridiscente Strange Letters de 1999). Pero, como sucede en todas las pequeñas localidades, la rutina había empezado a acumularse en las calles de Mousseron y el tedio dejaba entrever sus garras tras los visillos de los cottages.




Scarlett's Well es, en estos días, todo un grupo (con ilustres judíos errantes, como Peter Momtchiloff, en sus filas) en el que BID puede dejar que la levedad le posea y eleve su propuesta hacia nuevos cielos más claros. Londinenses forasteros y deshinibidos parecen haber hecho suya la tierra de los sueños del ex-líder de los Monochrome Set. Rey destronado que, despojado de su cetro, no sólo se deja llevar sino que muestra una mayor tendencia al funambulismo.
Black Tulip Lips es como un sueño ligero o como un reflejo; equilibrado, breve, armonioso y particular. En fín, pleno de canciones maduras y sabrosas, como quien dice. Todo un filtro capaz de sumir al oyente en un evanescente e irreal estado de gracia.


Pero las noticias fabulosas no terminan aquí. De hecho, eso es sólo el comienzo. El hombre sin sombra, el extraño humanista capaz de idear joyas, cuentos y tonadas, dirige sus pasos hacia nuestro peculiar país. Como digo, los que quieran comprobar si estas gracias fonográficas son algo más que vahos en el fondo de un espejo, tienen ya cerradas fechas de aparición, escenarios, cuevas noctámbulas, encuentros concertados... En concreto, en estos lugares:


Cabaret Club@Sidecar, Barcelona: Jueves 14 de septiembre

Moby Dick Club, Madrid: Viernes 15 de septiembre


Lemon Pop Festival, Murcia : Sábado 16 de septiembre



Y, en el caso de que se produjese,
¿van a perderse la revelación? De todas maneras, tampoco se preocupen. Que, tanto si se da como si no, ya se la cuento yo desde este, su boletín.




05 septiembre 2006

Duglas, te vas a emocionar


¡Ay, el bueno de
Duglas T. Stewart y sus BMX Bandits! perfecto ejemplo de cómo un par de tonerías te pueden costar tu pequeño lugar en el olimpo del pop alternativo. Autores de algunas de las páginas más inolvidables del pop de las últimas décadas, dulces adalides de un naïf romanticismo,los bicivoladores siempre han sido tratados con la condescencia con que se trata al tonto del pueblo. Y total, sólo por dejarse llevar por una cierta campechanía y por esa tendencia al humor bufo propia de cierto indie-pop cachondo y desinhibido (Pooh Sitcks, Half Man Half Biscuit...) Sin embargo, y a pesar de ello, desde que empezó el siglo, los bandidos se han instalado en una peculiar madurez melódica que está dando discretos y hermosos discos que nadie reseña pero que se deberían escuchar muchas veces.


¡Lo que son las cosas! cuando incluso sus más acérrimos defensores nos habíamos resignado a que el nombre de BMX Bandits fuese sinónimo de vergüenza ajena, como sucede ya con el de Jonathan Richman, resulta que los de Glasgow se salen por la tangente y nos entregan el discreto y encantador Down at the hop (Shoeshine, 2003), pasmosa colección de canciones modestas y bonitas en la que la fórmula que hiciesen famosa en el mítico C-86 and more (Elefant, 1994), atemperada y dosificada, volvía a funcionar tras años de discutibles incursiones en un pop fallido en su exceso de desenfado.



Tres años después, Duglas T. Stewart se reafirmaba en su negativa a pasar a la historia como un idiota con vocación de gracioso entregando My Chain (P Vine - Rev Ola, 2006). Un disco que acabo de redescubrir gracias a la magia casual de las descargas ilegales. Desde hace unos días, mi pequeño iPod no salta de disco. Es encantador ver cómo los BMX Bandits se adaptan con holgura a unas baladas de corte clásico en las que el amor y la sensibilidad sustituyen al humor grueso y la risa idiota. Acertado y truhán, el bizarro Duglas, se traviste de baladista, de rompecorazones y de romántico y elude, por fín, el mal chiste en el que se había convertido. Vodevil, rítmos sincopados, baladas, canciones que hacen un guiño a su época mas brillante... My Chain es un disco fácil, almibarado, sereno y con vocación de discreta colección de estampas de amor y desamor. Junto con el delicioso Man Alone de Eugene Kelly (otro que se ha pegado una buena costalada contra la realidad), de lo mejor que ha salido de Glasgow en los últimos dos años.




Mágica la introducción A missing front tooth (con ecos del Momus más meloso), curiosos los experimentos tecno de Something about us, feliz el reencuentro con el pulso compositivo tan carcaterístico (y que tanto nos gusta a sus fans) en Dot to dot o The sailor's song, todo el disco es un tránsito féliz y calmado hacia la redención musical de estos amigables zoquetes. Es el mensaje que esperábamos escuchar sus fans, la única señal que queríamos para poder volver a subir a Duglas al altar. No, Duglas T. Stewart no es un subnormal profundo. Ha estado perdido en un trip de cretinismo y autocomplacencia largos años, de acuerdo. Años en los que casi se perdió el recuerdo de sus preciosas canciones. Sin embargo, por un azar del destino, ha vuelto a escuchar la voz de su corazón. Y nosotros volvemos a escuchar su voz, más tranquila; ausente el ánimo hilarante, templadas las gaitas de la simpatía forzada, queda espacio de sobra para la emoción. Y para que nosotros volvamos a disfrutar como tontos de la siempre desarmante sinceridad de estos bandidos tanto tiempo perdidos. Y sí, ya se que muchos no se creerán nada de esto pero, al resto les digo: si alguna vez adoraron a los BMX Bandits, escuchen este disco y luego me cuentan si tengo o no tengo razón.





Los colores vivientes


Esto es increíble, cada día es más complicado calcular cuál será el próximo eterno retorno al que tendremos que asistir. ¿Alguién se acuerda del tonti-pop? ¿Alguién sabría repetir la formación de Meteosat de memorieta? Creo que yo ya no, pero no dejan de tener su valor sentimental estos revivalismos maléficos, estas cartas sin remite, estos anónimos madrileños, este yo estuve allí y vi lo que cuento aquí... Enlazo un testimonio increíble sobre nuestra reciente historia del pop. Y no me hago responsable de su contenido, ojito.



A algún bajo instinto teníamos que ceder a lo largo de la semana, que no sólo de indie pop vive el hombre. Aunque sea al pasmo por ver ver según qué cosas insólitas. Yo no hago valoraciones de esto, yo les pongo el enlace a una historia de Meteosat contada en el foro I punk rock con visos de realismo sucio. Lo que no entiendo son estas ganas de volver una y otra vez sobre cotilleos antiguos. Será que cuando el mono de víscera underground aprieta y la noche no ofrece material se recurre al histórico de chismes. En cualquier caso, pinchen aquí y preguntensé conmigo ¿quién será este Superficus? ¿A santo de qué volver ahora sobre estas descalificaciones mayores? ¿Por qué no se envió al apartado de Mondo Brutto, como se hacía antaño con los anónimos? Qué momentos, ¿eh? Como cuando éramos pequeños...




04 septiembre 2006

El libro de arena


Eso parece la Internet, con tanta información dispersa por sus recovecos, pliegues y zonas de tránsito electrónico. En estos nuevos márgenes, la información residual, nos es devuelta a la orilla por la marea de datos, para desesperación de completistas, que ven cómo el saber que dejaron cerrado y estable al término del día, se ha vuelo a mover por a la mañana siguiente. Sin embargo, los que somos más dispersos, podemos dejar volar libremente nuestro pensamiento a través de los reflejos más blandos de la cultura de masas y disfrutar, sin complejos, de sus aspectos más superficiales e inmediatos. Hoy, le toca el turno al viejo gruñón William S. Burroughs, que aparece y desaparece entre las múltiples interpretaciones gráficas de su prosa, dispersas en las cubiertas de sus atípicos libros.



Mira que, a lo largo de mi vida he leído con interés los libros del viejo intentando desentrañar su peculiar codificación verbal y simbólica, transitando entre las múltiples reiteraciones, analogías y correspondencias de manera infructuosa (sí, Burroughs siempre me ha dejado a medio camino entre el estímulo y la frustración). Por eso es un gusto dejarse arrastrar por el superficial
cut-up visual que hoy referencio. Gracias al vademécum de cultura pop que es Papel Continuo llego, una noche, a esta increíble página en la que se recogen muchas, muchísimas, cubiertas de las obras escritas por el viejo y chungo heredero del imperio de la máquina de calcular. Alucinante viaje en el que se unen los lenguajes visuales del folletín, la novela de cuatro duros (el pulp aquel que le decían los americanos) y la edición de bolsillo con las ediciones culteranas (el exilio, la edición en Paris de la obra magna, aquellas letras de Henry Miller recomendándolo, etc.). Al final de la travesía, como sucede siempre con el viejo malencarado, uno queda aturdido, con la sensación de haber sido testigo de mutaciones en blanco. Al igual que sucede en las novelas, en las que la precisa máquinaria metafórica de Burroughs parece estar diseñada para escamotear y ocultar la parte sustancial de su pensamiento, las oscilantes ilustraciones que presenta esta página no hacen más que fragmentar y deformar en atractivas desviaciones la imagen (en este caso editorial) de tan extraño genio.


Ahora que parece que se vuelve la mirada a esa generación beat, de la que el viejo cow-boy Bill fue involuntario padrino y ocasional metemanos, no está de más recordar cómo la trayectoria del lúcido y resistnte
barbazul flota solitaria en la inmensidad de su propio vacío. Estos cientos de miles de portadas son una prueba más del exceso de información formal que rodeó al viejo; el envoltorio de aquel extraño experimento literiario del cut-up que quiso ser el espejo roto de una existencia alienígena. Todo un trip que no deben perderse, escapen o no escapen de los múltiples doctores Benways y las máquinas blandas que esperan para sacarnos los higadillos apostados en las interzonas de nuestros futuros imperfectos.