Para los que pensábamos que la tan traída y llevada Era del Vacío había quedado cerrada con el cambio de siglo y de aires políticos, nos resulta llamativo ver que todavía existen reductos que no se resignan a abandonar una cómoda tranquilidad espiritual. Como si aquí no hubiese pasado nada, la envidiada modernidad trans-germánica (¿queda alguién por allí que todavía no se haya animado a pasar por Berlín y alrededores?), sigue ofreciendo dulces ensueños y actos artísticos tranquilizadores. Desde esa envidiada Mittleuropa de la mente, los austriacos Herbert Brandl y Otto Zitko, presentan una colección de ensueños, bromas y visiones cómodas que resultarán estéticamente placenteras siempre y cuando se tenga la mirada y el ánimo acostumbrados a una pausada (y agradable, por otra parte) banalidad.Excelente aperitivo mental para que podamos abrir boca antes de ARCO, dedicado este año a Austria; así los profanos vamos teniendo el paladar hecho para los canapés estético-psíquicos que nos deparará nuestra cita annual con la actualidad artística. Brandl y Zitko nos presentan una colaboracíón relajada,
intrascendente y simpática para que podamos ocupar nuestros pensamientos y retinas durante un rato con visiones dulces y modernas. Impactos visuales que producen placer contemplativo y deján tras de sí un vacío sin angustia calmante y benigno. Algún día agradceremos estas formas de arte que, carentes de estridencias, despliegan su ausencia de contenido sin caer nunca en el mal gusto habitual propio de las raciones de infotainment que nos lanza la Estructura Cultural. Es cierto que esto es el Mundo del Arte y no hace falta aplicar estéticas más duras: Brandl y Zitko pintan para los escalones altos de la pirámide de Maslow y no es necesario desplegar estrategias de sumisión visual como hay que hacer con la clase media. Así que, ante todo, mucha tranquilidad.
Brandl y Zitko juegan con habilidad la baza de los formatos, colores y formas; presentan aquí cuadros bien hechos, de impecable acabado y pintados con habilidad y gusto. Los trazos de Zitko, sus marañas caligráficas, sus colores ácidos y la sensación de haber encontrado una aproximación segura al caos a través de un informalismo de moderado salvajismo conectan a la perfección con las elementales y serenas figuraciones de Brandl. En ambos casos, impera una sensación de relajación, vacío y seguridad que sólo se ve animada por una tendencia en ambos a prácticar un feismo esteticista y sin aristas. A Brandl corresponde ilustrar una amable contemplación de la naturaleza en la que las formas se pierden de vista sin que uno se de cuenta... una curiosa manera de deslizarse hacia la abstracción igual que se queda uno dormido bajo un árbol.
Se da una correspondencia perfecta entre ambos artistas: a la narcótica serenidad que se diluye en paisajes en los que la calma y la inquietud se confunden gracias a una paleta de colores relativamente ácida (Brandl) responde el revoltijo entrópico de un viaje interior que disuelve los posibles sobresaltos en atracciones psicodélicas dejando que la observación distanciada del caos interior se reduzca a un cosquilleo en la conciencia (Zitko). Estas pinturas son empáticas, cercanas, casi hogareñas en su aproximación a aquellos paisajes existenciales que, si bien en otras épocas podían llegar a producir vértigo en la actualidad son generadores de sensaciones en las que se combinan sin conflicto la sensualidad y el entretenimiento. A muchos le puede resultar enervante, es cierto, pero tiene una vertiente de dulzura innegable. Tal vez no sea arte, con esas mayúsculas que pusieron primero los románticos y luego fijaron con almidón las vanguardias pero...
Como simpático bonus track, los artístas ponen una guinda amable a esta exposición dual ofreciendo una colección de dibujos conjuntos. Una travesura, un entretenimiento más de dos artistas que parecen cómodamente instalados en la digresión. Simpáticos, graciosos, humorísticos, resuletos con trazos decididos y divertidos a medio camino entre el garabato, la caricatura, el arte-pop y la nota deslizada en clase a espaldas del maestro, aparecen como la parte más amable de ese lenguaje de la dispersión que articulan ambos pintores empleando elementos coplementarios.
Así, vemos que Brandl y Zitko
pretenden vivir en espacios no problemáticos en los que sólo es posible la transparente espiritualidad sin historia de la levedad. Un territorio artístico en el que las miradas y las formas se entrelazan a medio camino entre la sofisticación y la inocencia. En este espacio, la ausencia de obsesiones y conflictos toma la forma de la convención artística. La única pega es que, como sucede con todas las convenciones, ésta premisa puede ser más quebradiza de lo que podía parecer en un primer momento y, cuando caiga el castillo de naipes,podemos quedarnos todos con dos palmos de narices.
Sin embargo, tampoco hay porque preocuparse demasiado porque, por mucho que en Madrid creamos lo contrario, estas neo-modernidades
germánicas vienen blindadas por un Sistema Artístico Avanzado en el que la tupida red de escuelas, fundaciones, museos, disponibilidad de estudios y posibilidades de formación existentes, entre otros muchos beneficios, hace seguro cualquier salto que pueda dar el artista. Y así, mientras nuestros (todavía) pobres bohemios navegan por la web de German Wings y sueñan con instalar sus ateliers en la fría tierra austrohúngara, los hijos de la socialdemocracia aprovechan las últimas ventajas del Estado Social de Derecho para pintar con una calma absoluta hermosas crónicas de costumbrismo abstracto dando forma a lo que, tal vez, algún día llegue a ser considerado un “rococó informalista” destinado a ilustrar las mañanas de hastío de una clase dirigente que ha trascendido cualquier necesidad de suspense en sus hábitos de consumo cultural.
La exposición Herbert Brandl / Otto Zitko se puede ver en la Galería Heinrich Ehrardt (c/ San Lorenzo, 11) del 27 de enero ald 11 de marzo de 2006








