08 enero 2006

LD & The New Criticism: los resabiados nunca mueren jóvenes

Las almas perdidas están de enhorabuena, el amor por el desamor y la alegría de reencontrarse con la tristeza están a salvo gracias a LD Beghtol que viene a llenar el vacío creativo dejado por Stephin Merrit. Afortunadamente, las dosis de humor negro, odio, venganza y autodesprecio vertidas en su primer LP, Tragic Realism (Darla/ Acuarela, 2005) son tan altas que lo que podía haber sido poco más que una vulgar colección de canciones de amor a la manera de los Campos Magnéticos se transforma en un barroco cabaret-folk para celebrar la vergüenza propia y ajena.

LD Beghtol es un cantautor moderno de Brooklyn al que muchos recordarán por sus interpretaciones en el momunental 69 Love Songs de Magnetic Fields. Como se aclara en las laudatorias notas interiores (a cargo del escritor Peter Straub), se trata además de uno de los muchos animadores culturales neoyorquinos, amiguete de Merrit para más señas, y que como él tiene una pasión desmedida por multiplicar su presencia en proyectos y bandas diversas (moth wranglers, flare, the three terrors... más respuestas en soulseek). Estos factores y el hecho de que en una primera escucha el disco se desenvuelva por los derroteros habituales de ese muzak moderno consistente en la inteligente mezcla de country, pop, Edificio Brill, folk y unas gotas de rock melódico inspiran en el oyente una total desconfianza. Otro enterado de Williamsburg, gay, editor del Village Voice, con amigos modernos... ¿demasiado viejos para que nos cuelen esto otra vez?

Pero, si a pesar de estos temores, uno continúa la travesía propuesta por LD y compañía encontrará un LP estimulante, lleno de canciones excelentes y una descripción en clave bufa de las pequeñeces, ruindades, cursilerías, terrores y ridiculeces propios de la vida interior actual. Todo lo que sospechabas que se ocultaba bajo el pulcro sentimentalismo melodramático de Magnetic Fields queda aquí al descubierto. Aquí no habrá tristeza y pena estéticamente correcta, sino infantiles deseos de venganza (Eulogy for an Ex), humor chocarrero (Barbie and Ken), vulgares elípsis sobre prácticas fetichistas (In Blue), estúpidas y ruines baladas sobre la eutanasia (If you love me baby pull the plug), aceradas visiones sobre el consumo de psico-fármacos (Unpaid endorsement)... todo salpimentado por pequeños paréntesis de country bufo (Burn, burn in hell) o autocompasión de tres al cuarto (Apathy!)

Beghtol propone un viaje al lado ridículo del mal rollo sin perder nervio compositivo (aunque en ocasiones la deuda con Magnetic Fields es notable y resta frescura al disco). Y, de la misma manera que se agradece el tono cutre de stand up comedy (ese mal gusto que tanto gusta a los americanos), el tono barroco y la mezcolanza instrumental dan a todo un aire de barraca lo-fi absolutamente estimulante en estos tiempos de contención estética, pulcritud y obsesión desmedida por la calidad.

Sin duda el mayor mérito de este disco es poner al descubierto el cúmulo de estupidez y cretinismo que se oculta tras el desamor, la tristeza y la melancolía. Su tracklisting es un paseo por el lado tonto del desconcierto vital imperante y la perpetuamente inconclusa fase anal que trae consigo. LD Beghtol viene a decirnos que, detrás de la perversión y la cicuta, el vicio y el odio, la maldad y la tontería, la obsesión solipsista, el narcisismo y las pulsiones de muerte propia y ajena, hay un mundo banal en el que los modernos de largo recorrido todavía se preguntan (nos preguntamos), en mañanas de resacas y rupturas, "cómo encaja todo esto con las lecturas de Baudrillard y Derrida". Así que, por una vez, no hay engaño y, efectivamente, este disco tiene tan sólo realismo trágico para modernos viejos... sólo el soniquete del resabio cultural adaptado a esta época tan pródiga en estulticia como en incertidumbres espirituales.




3 comentarios:

Cirila dijo...

A menudo C. no es más que un brillante diletante, un escritor que no sabe qué hacer con su enorme talento, aquejado de un acusado sentido del ridículo que no le deja tomarse en serio y de un culto a la pereza que le impide llevar a cabo un sinnúmero de proyectos largamente soñados.

señor botibol dijo...

Hombre, LD puede que viva en el paradisiaco Williamsburg, pero la "situación patrimonial" (que decía aquel) de su colega Merrit ya le dará para un loft en Manhattan de fijo.
Un post muy inspirado por cierto, me gusta mucho el rollo de "poner al descubierto el cúmulo de estupidez y cretinismo que se oculta tras el desamor, la tristeza y la melancolía".

Anónimo dijo...

a mi me ha gustado mucho el disco. tiene basrtante ironía, y el folk es clasicote, de la vieja escuela, nada de arpegios miles de braitais y sufjanes. casi campestre...la canción de barbie y Ken me troncha...

loveof74