23 enero 2006

¿Rojo con flashes púrpura? La historia de The Revolving Paint Dream (parte 1)

A veces la historia es serpenteante y difusa, se combina en reflejos peculiares y aperece y desaparece formando ilusiones y trampantojos que difuminan las barreras entre realidad, sueño y deseo. La historia del indie-pop es, en su mayor arte, la historia de esas sombras chinescas... como aquellas que hablan de una banda fantasma en la que militó un joven Alan McGee, junto a Andrew Innes y otros primerizos alquimistas de la psicodelia-punk de la que surgió como por arte de birlibirloque el sonido Creation. The Revolving Paint Dream son una extraña leyenda inconclusa en la que se mezclan las grabaciones esporádicas, discos que dejan pistas falsas, melodías y guitarras jangly, el espíritu “yo se dónde vive Syd Barret” y alguna que otra conexión con un primerizo Dan Tracey. Estamos en 1984, Creation es el piso de McGee y las maldades de The Legend!, anhelos y caos. Poco más. Éste es el sonido de la confusión, de los brillos en falso y de aquellas estrellas que años más tarde cambiarían el mundo. También es la historia de unas cintas llenas de psicodelia indie que se desempolvan para formar el LP Off to Heaven (Creation, 1987)...

Pienso que tan malo como dicen algunos no debo ser cuando el destino pone estas joyas en mis manos gracias al azar de las tiendas de discos romanas para que sepa que aquello que leo en los libros no fue un sueño. El caso es que aquí estamos, con este vinilo en nuestro poder, intentando desentrañar todos los misterios en torno a esta banda fantasma fruto de esos primeros tiempos en los que Creation Records era poco más que una panda de amigos, plenos de creatividad en la que las bromas, los misterios y los chistes privados formaban parte de una actitud ante la música plena de libertad y un agreste sentido de la diversión y la provocación. La misma pandilla que puso en solfa Inglaterra organizando los primeros bolos de los hermanos Reid, reivindicó a los TVPs cuando nadie lloraba lágrimas de cocodrilo por ellos, la misma que redescubrió la psicodelia y el arte pop en su versión más cavernícola y punk, editó singles extravagantes y se atrevía a reirse en su cara de los popes del primer indie británico, esto es Alway & McNay, por considerarlos unos "hippies de mierda" (sic) dió a luz esta colección de extrañas cacofonías pop.

Una pandilla delirante en la que encontramos a Bobby Gillespie, Andrew Innes, los hermanos Reid, el propio McGee, Everett True, Peter Astor o Joe Foster haciendo el ganso y vacilando hasta al mismísimo Geoff Travis. Una panda que, sin recursos económicos para hacerse con una escudería pletórica de bandas, deciden sacarse de la manga una escena medio ficticia que les permita tener un rítmo de edición de 7 pulgadas constante, llevando la filosofía DIY hasta límites de delirio pocas veces igualados. The Revolving Paint Dream comienzan su andadura a principios de los 80 en aquel sello Whaam! fundado por Dan Tracey para dar salida a sus inquietudes pop-art-punk y animar la naciente escena indie-anorak con sus míticos singles y recopilaciones por los que pasarían desde los Pastels hasta versiones primeras de unos 1000 Violins (Page Boys), e incluso el primer grupo del propio McGee (The laughing apple). Para este sello graban In the Afternoon, incluída en el recopilatorio All for Art; una misteriosa tonada asiniestrada hipnótica y sugerente. El resto de la historia se entremezcla con idas y venidas en un line up variable en el que se encuentran personas de la pandilla de McGee y compañía como puedan ser Dave Musker (teclista de los Jasmine Minks y los TVPs), Christine Wanless (más tarde en Biff Bang Pow!), Luke Hayes (en la foto) o Andrew Innes (Primal Scream). Participaron en algunos de los históricos bolos de los JAMC en 1984 y algunos eruditos aseguran que algunas de las canciones de Biff Bang Pow! son descartes recuperados por Innes en su periodo de militancia en el peculiar e irregular proyecto musical de McGee. Practicamente un grupo fantasma con apenas dos LPs separados por una distancia de 2 años.

Las notas de presentación de este Off to Heaven insisten, precisamente, en lo fantasmal de la banda, su fugaz trayectoria, el misterio que se esconde tras su peripecia... son notas que, redactadas en el estilo milenarista y encendido de los primeros tiempos del sello de McGee (ya saben, la clásica retórica de estamos hacéndolo por los chavales ¿tú de qué lado estás? que este blog intenta copiar de manera manfiesta), hablan de un grupo que grabó uno de los míticos primeros 20 singles del sello (en concreto, Flowers In The Sky / In the Afternoon). Presentado como un primer LP póstumo y pérdido, el disco está compuesto por una colección de canciones dispersas, grabadas con un considerable grado de disolución mental y un notable desaliño. En ellas está contenido el germen de Biff Bang Pow!, desde luego, pero sin caer en ningún momento en el anquilosamiento compositivo propio del combo de McGee. Tal vez porque, a fuerza de desparpajo, Revolving Paint Dream, consiguen que toda la mezcla sónica parezca pender de un hilo y el oyente lo aprecie más como una colección de “situaciones musicales” sin que en ningún momento eche en falta las canciones. La sensación gobal es similar a la que produce la escucha del Jane From Occupied Europe de Swell Maps, un disco igualmente estimulante y, por momentos, también enervante, pero sobre todo curioso y juguetón. En ambos casos se transmite una sensación de ligereza, libertad creativa y, sobre todo, un imposible aire de indiferencia artística.

Repleto de psicodelia nocturna, contenida en canciones como Flowers in the Sky, pop preciosista revelado entre sueños como la frágil Sun, Sea and Sand o canciones muy similares a las que firmasen luego Biff Bang Pow! como 7 Seconds, este disco abre una puerta al otro lado del espejo del pop y presenta un reino de dispersión y ensueño inocente y un poco macabro, pero también tremendamente libre y anárquico. Con todo lo que esto tiene de excitante, no vayamos a engañarnos a estas alturas. The Revolving Paint Dream son un ejemplo de creatividad, desparpajo y ensueño que merece la pena ser recordado en unos tiempos en los que la provocación y el pensamiento independiente son censurados como extravagancias propias de diletantes y el juego, la broma o la provocación se toman con la seriedad del burro por nuestros transgresores oficiales.

Esta es una música emparentada de manera directa con el lado más imperecedero de la chiquillada juvenil. Un paseo por el subconsciente del pop, a la vez travesura y carnaval sónico, como se aclara en la contraportada: “the Revolving Paint Dream no es otra banda más, ni siquiera es una banda. A pesar de lo cual es esencial que les escuches y que les ecuchen tus hijos y los hijos de tus hijos... Revolving Paint Dream son la Eternidad... ¿que quiere decir esto? Escucha este disco y descubrelo”. Libertad mental, ensueño, engaño y misterio... más allá de la complaciente conciecia de uno mismo, más allá del ombliguismo tan característico de estos tiempos, esta música es una invitación a liberar la mente y volar a regiones de fantasía y encontrarse con esa Risa Suprema que pasa por el abandono de las futiles aspiraciones mundanas, por la mística de la broma y por la práctica arbitraria de la provocación gratuíta.

Y aún así la historia no acaba aquí ni así, sino en 1989 cuando se publica el LP Mother watch me burn... pero, en cierta medida esa es otra peripecia distinta que, por otra parte, está muy bien resumida aquí.


2 comentarios:

Federica Chonda dijo...

The Recolving Paint Dream fueron la RELECHE, lo mismo que los primeros discos de un grupo "paralelo" ... los maravillosos Biff Bang Pow en su primera etapa .. unos grupos que marcaron algunos de los momentos más álgidos de Creation - la época de los grupos con pantalón de vuero -.

Por cierto, que una de mis maquetas más buscadas son las que grabaron los Formika Roof (el grupo de la cantante de RPD junto con otras luminarias del entorno. Aquellos agraciados que la escucharon no paraban de decir lo maravillosas y sublimes que eran esas canciones ...

¿Qué tal el mundo indie romano?

Karpov Shelby dijo...

Roma poco indie, Federica, pero muy hermosa... y ofreciendo sorpresas tan asombrosas como este disco increíble... ya ves cómo es la cosa esta del pop, puedes revolver londres y nada y a los pies del Palatino aparecen estas cosas como si hubiesen estado siempre allí...