09 mayo 2007

Miércoles con Federica. Días en suburbia




Hace ya algunos años que me retiré a la periferia. Harto de vivir en la ciudad, harto de ruidos, harto de obras, harto de no poder aparcar, HARTO DE MADRID, me refugié en las afueras de la ciudad.


Me ha costado acostumbrarme a vivir aquí. Aunque hay tiendas –en las afueras de las afueras– la vida sin bullicio me resultaba un poco extraña. Incluso ahora, echo de menos salir y verme rodeado de gente, y dar un paseo sólo por el hecho de ver tiendas. Esto es más como una ciudad dormitorio. La gente huye en manada a trabajar fuera de las afueras y regresa a casa después de largas horas de atascos. En mi caso, como trabajo en casa, no tengo que sufrir esos horrores todas las mañanas y todas las tardes. Y cuando lo veo, me pregunto siempre si merece la pena perder dos horas de tu vida (como poco) atrapado en un vehículo y rodeado de seres iguales de cabreados que tú. Un misterio por qué la gente NO comparte coche. Será cosa de la insolidaridad de la vida en las afueras, en donde la palabra vecino está perdiendo su significado, y en donde aprendes a la fuerza una serie de comportamientos asociales propios de estos lugares como, por ejemplo, no saludar a nadie, no ofrecer ayuda a tu prójimo, y lucir lo que tienes o lo que no tienes cuanto más puedas. Por aquí, tener un Q7 para llevar a los niños al cole es algo normal. Tengo un par de vecinos que llevan a sus hijos al colegio – que está a dos minutos andando – en BMWs y en despampanantes 4x4. Literalmente, dan la vuelta a la esquina, los recogen y vuelven a casa.



Y divorcios. Muchos divorcios. Las parejas no duran nada. Cada vez que veo un cartel de “se vende” es muy probable que se deba a un divorcio. Es normal... el síndrome de las “desperate housewives” ... mujeres abandonadas por maridos abandonados que tienen niños a los que abandonan, con lo que, al final, es mejor abandonarlo todo.



La vida en la periferia es extraña, fría y dura. Sobre todo si la ves desde fuera rodeado de un gran caparazón y de gran sentido crítico. Aquí no existe la amistad, sino sólo el interés. La gente se te une por lo que puedes darles, no por lo que ofrezcas. Hablas en el parque con personas que al día siguiente las ves por la calle y no te dirigen la palabra.



Este es un entorno duro para un indiekid. Ser indie y vivir en las afueras es casi incompatible. Aquí no hay modernos, y parece que la gente vive para el trabajo y para lucir sus posesiones. La cultura – en cualquiera de sus manifestaciones – es algo muy secundario. He aprendido a ser autosuficiente en este entorno un tanto hostil, y sobrevivo gracias a Internet y al pésimo servicio de Correos que, aunque tarde siglos en llegar, forma una parte esencial de mi vida. A veces pienso que el cartero debe estar sospechando de mí en gran medida, preguntándose qué contendrán esos paquetitos que recibo tan a menudo y por los que estoy siempre tan ansioso por ver que llegan y cómo llegan. De todas formas, aunque viviera en Madrid seguiría utilizando una gran parte de estos proveedores, porque las tiendas me resultan caras en su inmensa mayoría, y el saldo del banco no da para mucho.



Pero vivir aquí aísla. Te lo piensas dos veces antes de tener que coger el coche para ir al centro a, por ejemplo, un concierto, aunque cada vez me apetece menos salir hasta las tantas de la noche. Y los conciertos suelen empezar muy tarde. Creo que, aunque viviera en el centro, tampoco iría a tantos sitios por la noche. Cuando vuelvo a Madrid observo con pesadumbre que esa ciudad que yo pensaba que era MIA está desapareciendo a marchas forzadas y que, sobre todo en verano, es un sitio INSOPORTABLE para vivir. Y caro. Y sucio. Y contaminado. E incluso hostil. La conocida camaradería gata está llegando a ser cosa del pasado y la convivencia se está acercando a la falta de contacto que ya sufrimos los que vivimos en la periferia, pero en pisos más antiguos y caros. Imagino que para jóvenes sin ataduras familiares, la ciudad debe ser un lugar muy interesante, pero en cuanto te ves rodeado de churumbeles, es un sitio casi imposible, y aprendes a ver las excelencias de la vida en las afueras, volver del parque recogiendo flores silvestres, y dar grandes paseos por las dehesas de la zona, rodeado de pinos y margaritas, con la sierra enfrente y el campo inmenso para ti. Más indie ñoñi imposible.


15 comentarios:

Carolina dijo...

Pues por culpa de los alquileres imposibles del centro, yo tb me he ido a la periferia y me siento como si viviera en "Suburbia", pero sin indie kids ni banda sonora de Sonic Youth. Lo odio. Con todas mis fuerzas. Es una maldita ciudad dormitorio en la que no hay nada. Ni pasan los taxis. Y para poder ir a los conciertos, como sé que no vuelvo al centro si paso por casa, al final le acabo regalando horas extras al curro. Echo de menos el centro.

Lo único bueno que tiene la periferia es que puedo ir en bici, pero te aburres de pasar por calles vacías, símétricas e iguales unas a las otras.

Además, créeme, sin coche, y en transporte público, la periferia es aún peor... Esos agobios matinales en el metro con gente trajeada pero que suprime el desodorante es peor que cualquier concentración en un festival, por masificado que esté.

Por cierto, me gusta su blog, señor Karpov.

probertoj dijo...

¿Los dibujitos de dónde son? Dan entre mal rollo y alegría de vivir

luis dijo...

Sí, los dibujitos... ¿serán las afueras de las afueras?

Cándida Méndez dijo...

Carolina, hija, no regales horas extras al curro y hazte respetar donde trabajes, que si no, no vas a salir nunca del extraradio ni de la alienación esa que tienes.

Carolina dijo...

Yo las imágenes las veo muy David hockney. Muy de suburbio americano, too.

Cándida, si hace buen tiempo no importa, pero cuando hace frío, si las opciones son agar por la calle o avanzar curro, opto por lo segundo. Total, este sistema de mierda no me va a sacar nunca del extrradio ni de la alienación. Son demasiados años padeciéndolo como para hacerse ilusiones. Estamos todos llenos de mierda y llevamos una vida de mierda que en nada se parece a lo que nos prometieron ni a las expectativas que nos crearon en nuestra infancia y primera adolescencia. Y quien no lo quiera ver, vivirá más feliz, pero engañado.

Karpov Shelby dijo...

Hay aquí un clima como de middle class revolt tremendo. Los suburbios pudientes arden contra el sistema de mierda!

¿Alguien se ha leído Millenium people de J.G. Ballard?

Los dibujos son de Google Images, no hayq ue darle más vueltas.

probertoj dijo...

Ya, pero ¿qué puso en la búsqueda? ¿Suburbia? ¿Vidas de mierda? ¿Paraíso indie-ñoñi? ¿Middle Clas Revolt?

Federica Pulla dijo...

Estimado Karpov,

En lo que se refiere a la vivienda, el tema de la lucha de clases es un concepto cada vez más obsoleto. En una ciudad en donde los precios de las casas se miden en centenas de miles de euros, hablar de working class frente a middle class es una pérdida de tiempo, porque todos estamo, como poco, en la mitad del espectro social.

Lo que resulta chocante es que muchos bajamos de nivel por culpa del puto endeudamiento al que nos somete la hipoteca y/o los alquileres.

De todas formas, la sociedad está patas arriba, y cada vez entiendo menos que un doctor en medicina con especialidad y trabajando para la Seguridad Social gane menos que un fontanero autónomo o, lo que es lo mismo, que la sociedad valore menos al personal que salva vidas que a los técnicos que nos sacan de apuros ante un desastre doméstico.

Palabras clave: mileurismo, licenciados en trabajos chungos, burbuja inmobiliaria, dinero en B, morro que se lo pisan.

Gryta dijo...

En fin, casi nadie esta contento. Da igual vivir en el centro que en la periferia que en donde sea. La gente que vive en el centro sueña con una urba que tenga de todo, y un centro comercial bien cerquita. Y los que viven fuera, porque la ciudad los ha hechado, desean la calidez de la gran urbe. Yo vivo en un barrio bastante centrico de Madrid (cerca de la M30), con mucho bullicio (que no ruido), y vida de barrio: colegios, comercios de toda la vida, tiendas de cadenas etc.. y hoy por hoy no me iria. Lo malo es cuando tienes que salir del barrio, moverte por madrid, ir al trabajo, coger el coche o el metro..... Si tuviera que irme me iria, pero lejos, mas alla de las afueras.

Lo que describes Federica, es el estilo de vida americano que por desgracia ya esta completamente implantado aqui.

Gryta dijo...

Lo suscribo todo Federica. Para cuando tu propio blog?

Karpov Shelby dijo...

Federica, eso que cuentas es el fenómeno de la pauperización de la clase media. El otro día salió una noticia en la que contaban que el ejército británico ve en esta tendencia un potencial peligro.

Al ver cómo desaparcen los beneficios tradicionales de la burguesía y se difumina su relevancia social (sí eso que dices de los trabajos) estas se irán volviendo más violentas y radicales. Podría desembocar en violencia urbana orquestada por profesionales liberales. Esto es lo que predice la novela de Ballard a la que hacía referencia.

Y la sociedad no valora a nadie casi por defecto. Y estamos en la mitad de la tabla, pero en la de arriba y cooperando con el sistema (a regañadientes y lo que quieran pero...) tampoco vamos a olvidarnos de eso.

De todas formas cuando se terminen la revueltas burguesas, vendrán los flujos migratorios, saquearán neo-tokio violarán a nuestras top models y quemarán nuestros terminales remotos. Luego habrá un desastre climático y fín.

Pero mientras tanto yo prefiero vivir en el Conde Duque, donde estoy dispuesto a extinguirme cuando toque.

el link de lo de las revueltas:
http://www.guardian.co.uk/science/
story/0,,2053020,00.html

Federica Pulla dijo...

BAH!

No creo que nada de eso ocurra. La clase media es pasiva por naturaleza. Dales lo básico para satisfacer sus necesidades esenciales y seguirán viviendo del cuento. La clase media sigue el juego de las apariencias; aunque estén fatal nunca lo dirán, y jugarán al todo va bien.

De ahí la falta de movimientos sociales y/o culturales de importancia, porque cada vez hay menos clase obrera, o grupos con conciencia de clase obrera, que son los que impulsan las corrientes más radicales. Es más, los pocos obreros que quedan se sienten más de clase media que la misma clase media (profesional), por lo que poco hay que hacer.

Acabo de leer algo muy interesante al respecto, pero al revés, en un comentario sobre un documental que Julian Temple ha hecho sobre Joe Strummer, ya que el Clash era un niño rico, criado en colegios exquisitos e hijo de diplomático, por lo que tuvo que hacer lo que no está escrito por ser admitido entre los punks "auténticos" por su pasado social, cosa que le hizo alejarse de - entre otros - Johnny Rotten, que SI que era un hijo de la working class total.

Ahora pasa justo lo contrario, los obreretes juegan a ser clase media, y la clase media ve cómo su puesto se ve cada vez más invadido por estos newcomers.

Analiza la sociedad de 2007 en cualquier país desarrollado y ya verás.

¡¡ Qué muermo !!

Karpov Shelby dijo...

Esta visión me parece un poco demasiado estamental y no se si se corresponde con la realidad.

De todas maneras me parece bien que se amplíen los beneficios tradicionales de las clases medias a un número elevado de gente. Cuántos más mejor. Eso de llamarles newcomers me parece muy feo. Como de agarrarse a unos beneficios seculares como un clavo ardiendo.

Otra cosa es que esos mismos beneficios sean una manera de control social. El temor a perderlos es el mayor freno para esa explosión de creatividad que mencionas, Fede. No que los obreros vivan mejor. Cuando se vive bien cuesta más echarse al monte. Pero vamos hay una novela de Richard Yates que se llama Revolutionary Road que lo cuenta muy bien.

Otra cosa es que la ficción esa de la EDUCACIÓN, las PROFESIONES y cosas de esas que tanto han gustado para legitimar los distintos escalafones y que es tan pequeñoburguesa se estén borrando y resulte que no mola tanto como decían los situacionistas porque ahora la cosa es de blanco o negro. RICO o POBRE, sin más.

Eso sí a mi me molaría tener un planeta de SUPER NUEVOS RICOS y de NEWCOMERS, como decía Julio iglesias. Todos en jet. Pero temo que no es sostenible, como dicen ahora los de arriba...

Carolina dijo...

A mi eso que dice el Guardian me parece muy interesante...y realista también. No nos engaemos, lo de Malasaña no era una simple reivindicación del botellón, era todo un síntoma...

Federica Pulla dijo...

Carolina ... no pillo muy bien lo del "síntoma" de Malasaña...

Yo lo veo más como una pataleta por no dejarles beber/ponerse hasta el culo tranquilos a estos nuevos jóvenes rebeldes de clase media.