04 marzo 2006

Escapar del canon occidental. Vic Godard & Tall Dwarfs

Los últimos años del siglo pasado vivimos con asombro cómo la cultura enrollada ascendió a los altares de la industria aprovechando las múltiples oportunidades que ofrecía la fase blanda del capitalismo cultural. La mente de la máquina se convertía así en una membrana permeable a los impulsos del subsuelo y todos celebramos la enorme rentabilidad de la pluraridad de contenidos, las virtudes de la microsegmentación elevada a la categoría de dogma y la sacrosanta luz de lo cool convertida en proposición única de venta. En aquellos días locos y felices de los 90, pocos podían imaginar que aquello desembocaría en un nuevo y severo Canón Occidental orientado a clonar un nuevo ogro corporativo blindado con la legitimidad de la cultura undrground. Ahora que nadie se puede quejar porque, después de mil dinámicas de grupo, los productos se ajustan a nuestro gusto, soportamos una industria cultural que se ha vuelto enrollada pero inflexible. No hay libros de reclamaciones, ni anotaciones a pie de página. Ésta es la nueva Regla de Tres: con ustedes Franz Ferdinand y los mil grupos culturalmente correctos. Bienvenidos a la fase dura del mercantilismo estético.


Es el nuevo puritanismo representado y defendido por la revista Mojo, la página web Pitchfork Media y el vademécum All Music Guide. Es el canón global del buen gusto; ya están asumidas las demandas del underground menos problemáticas, y puestas negro sobre blanco en la Hoja de Ruta de la normalización estética mundial que empezasen a escribir Beck y Björk hace más de una década ya. Nadie se puede quejar; no podemos hablar de ogros corporativos, ni de holocausto de la espontáneidad o del gusto. Ni mucho menos de guerra de exterminio para despojar a la cultura juvenil de sus rasgos identitarios, de su personalidad anómala, ni de sus asociales extravagancias. Ni el Mojo es un complot de hippies vendidos al establishment que fagocita cualquier referencia y la reduce a una ramplona cuestión de coleccionismo, ni Picthfork Media responde a criterios de uniformización enrollada, ni All Music es más que una buena base de datos. Que nadie hable de taxidermia, de publicidad encubierta o de neo-liberalismo alternativo, que nadie sugiera que la versión que todos ellos dan del rock es inofensiva, cauta, castradora y odiosa. Por fin hemos asumido que la música pop es un corpus uniforme en el que hay destellos de enorme calidad, con idependencia de la actitud, la incertidumbre o el caos. ¿Por qué no asumir a Zappa con la misma tranquilidad que a la Velvet Underground? Insistir en temas como la revuelta, la diferencia, el ruido o la furia es poner trabas absurdas al progreso cultural. La música es cultura establecida, no romanticismo. Lo otro es un sinsentido que linda con temas tan escabrosos como la locura, la automarginación y, en ocasiones, la apología del terrorismo.


Por eso, la locura, la automarginación y los berridos al aire, con idependencia de consideraciones acerca de la calidad de ejecución, se han vuelto bienes preciados. Una palabra más alta que otra, el acorde equivocado, la mirada perdida y el aspecto incorrecto... cualquier muestra que haga que el maqueadoblico moderno se incomode es absolutamente preciosa. Así que vamos a situarnos en el barcelonés Pocketclub del Mercat dels Flors que empiezan a tocar Vic Godard y Subway Sect. O vamos a sacar dos preciosas reediciones de los LPs de Tall Dwarfs sin notas interiores pero plagadas de dibujos y garabatos que acabamos de adquirir. Vamos a escuchar voces desafinadas y sinceras, miradas perdidas en un viaje al fondo de uno mismo, canciones quebradas y rupturas de las formas exigidas.

Vic Godard toca con una guitarra que suena mal. Vic Godard tiene una voz que se escapa en forma de hilo en las primeras canciones y que, poco a poco, se transforma en un graznido. Los Tall Dwarfs son Chris Knox y Alec Bathgate y hacen canciones hermosas y raras que suenan mal. Unos y otros generan una especial magia que proviene de la asunción de los errores propios. Unos parecen dos chalados, Vic Godard parece un anciano loco. Vic Godard toca canciones de Subway Sect, con una falsa Subway Sect (que, por otra parte, cuenta con dos tercios de las mágicas y abrasivas Wet Dog); toca de forma peculiar lo que quiere. Jazz, punk, pop, canción francesa. No hay norma alguna. El orden está aparentemente dentro de su cerebro y allí debe ser, imagino, donde las piezas encajan. Muchos esperarían mod-punk, o after-punk que es lo que está de moda. Godard ha tocado en Barcelona, en un registro absolutamente solipsista, algo que está lejos de todo eso. Algo distinto a lo esperable. Ha demostrado que no hace falta tener un sonido elaborado, ni basarse en influencias políticamente correctas para romper la osamenta del pop ni siquiera cuando los demás quieren convertirte en una influencia correcta. Este otro pop se descoyunta en aristas que pinchan. El inventó parte de lo que muchos copian; pero las aristas de su música saltan solas. No está a la moda, seguro. Vic Godard ha tenido la mitad de público que sus teloneros, los Veracruz, y mucha gente no ha entendido que una leyenda parezca un deshauciado. Vic Godard no es cómplice del Canón Occidental porque ha dado en su vida muchas patadas a la hora de cerrarse puertas. Y no parece que quiera llamar a ninguna de ellas. Está fuera. Gracias que está Vic Godard, aquí, con nosotros. Esta noche casi se puede tocar esa forma rara de felicidad, emparentada con la curiosidad y la extrañeza simultáneas que sólo ofrece la música pop.


Tall Dwarfs grabaron en varias décadas canciones dispersas. A Chris Knox y a Alec Bathgate les daba igual el rítmo, la lógica y el tiempo. Ellos hacían canciones a medias (en todos los sentidos). También les daba igual la idea preconcebida de lo que debe ser una canción. Chris Knox, como Vic Godard fue también punk. Pero en Nueva Zelanda. Tall Dwarfs son paradójicos. Hacen hermosas canciones que suenan feo. Hacen canciones feas que suenan bonitas. Tienen un disco de maravilla que se llama Weeville y en la foto de la portada parecen un par de subnormales. Es difícil bajarse sus canciones de la red P2P, lo que demuestra que estas redes también son tecnologías de difusión selectiva como lo fueron en otra era las radiofórmulas. Hacen folk, hacen pop, hacen una especie de no-punk; hacen canciones en casa. Unas son lentas. Otras no. Otras parece que se escapan entre el laberinto que une los oídos al cerebro. Tienen un disco extraño Fork Songs. Y una discografía imposible de seguir, variopinta y misteriosa. Gracias a dios, es difícil encontrar información sobre ellos. Otros que están fuera.


Las diferencias entre lo que está dentro y lo que está fuera son enormes. Es pop, no debería tener nada que ver con controles, sean de calidad o de cualquier otro tipo. Ni con ejercicios de erudición. Pero, al final, la historia la escriben siempre los enrollados, los que dan palmadas en la espalda, los que se las saben todas. Por eso me ha impresionado tanto la simultaneidad del encuentro entre Vic Godard y los Tall Dwarfs; porque recuerda que la magia del pop no está en sabérselas todas sino en ser capaz de encontrar un punto de ruptura adecuado. Una palabra que revoque el orden, que niegue los principios de autoridad. El principio de autoridad intentó que Vic Godard se estuviese quieto en la etiquieta after-punk. Y habrá críticos enrollados que se limitarán a leer lo que pone la etiqueta cuando escriban sobre la noche que Vic Godard tocó en una Barcelona helada. Habrá quienes vean en los Tall Dwarfs unos pioneros del sonido lo-fi (punto de partida del mainstream cool, piensen y recuerden Kids de Larry Clark) , solo relevantes por parecerse a Pavement o a Sebadoh. No quieren afrontar la extrañeza de no saber dónde están. Los territorios incógnitos nunca han gustado a los forjadores de cánones ni a los vigilantes de las formas y las costumbres.


Porque, despojada de manera interesada de cualquier capacidad corrosiva, la cultura pop vive muy cómoda en su particular parque temático mental para treintañeros que lo mismo te recuperan una década de los 80, como te redescubren a una folk-singer gracias a la labor de Rev-Ola (¡cultura pop subterránea al minuto!)o lloran de alegría mientras leen la correspondencia completa de Joe Meek de camino al loft. Muchos son los que viven cómodos cual modernos infiltrados sin que necesiten que unos freaks vengan a darles la murga con la cantinela de unir fantasía y vida. No, no se trata de eso, dirán, sino de hacer discos buenos y de calidad. Como el último de Devendra Barnhart. O el de los Editors.


Por eso, la odiosa Pitchfork Media se atreve a decir de los Tall Dwarfs: “no te preocupes, tu vida no será menos completa si no te gusta esta banda” con la confianza del que sabe que tiene toda una estructura de coacción cultural para respaldarle. Porque al final ¿cual es el drama? El drama es que esta gente que nos está imponiendo una revisión domada de nuestros gustos nunca ha sentido nada de lo que los Tall Dwarfs cuentan y cantan en sus canciones. Como muestra, escuchen la canción Think Small (hey, hey the world is cruel and people are strange / I want to close my eyes/ I want to close my eyes / I want to close my mind / my life is nothing at all / I will think small) y piensen que son precisamente esos sentimientos y las canciones que hablan de ellos los que te cambian la vida. Los que marcan la diferencia entre estar dentro o estar fuera. Que es la única diferencia que, al final, importa.


Vic Godard tocó la noche del 24 de febrero en el Pocketclub del Mercat dels Flors de Barcelona en torno a las 23:00h. Los discos de Tall Dwarfs están editados en Cloud Records (www.cloudrecordings.com)



11 comentarios:

Doggy dijo...

Qué guay. Se nota que la helada noche de Barcelona te ha sentado bien. Lo malo es que avanzar por esa senda tan brillantemente trazada nos sitúa ante terribles contradicciones. Digamos las paradojas del dentro o fuera. Sin óbice de que nos quiten lo bailao. ¿Has leído ya "La contracultura a través de los tiempos"? Si no, deberías. Grábame algo, ¿no? Y aprovecho para saludarte.

Anónimo dijo...

Soulseek, indie chat room, search for files in room, Tall Dwarfs. Pues sí que están Karpov!

Karpov Shelby dijo...

Desde luego, las sendas brillantes conllevan contradicciones y confrontaciones. En cualquier caso, ya sabes que yo sólo me pronuncio como esteta frivolo y no como persona contracultural, así que esas cosas pesan menos que el carpe diem que también mencionas. No, no he leído el libro de R.U. Sirius (que es como creo que conocí al prenda del libro ese que dices en los 90; compañero de viaje de Jerry García by the way). Y ya sabes que te grabo lo que quieras.

Al usuario anónimo, decirle que me alegra que la obra del Sr. Knox esté en Soulseek; que se la baje y que se aplique en escuchar las canciones que le hará bien.

Al resto, amor infinito desde la trinchera. Como siempre, como siempre.

M.E. Herrero dijo...

Joder ¿es ese el libro que destrozaba el Casavella el otro día? Yo me he leido párrafos que son pa cargarse al menda, al Sirius este escritor de libros ya muy escritos...además coleguita del Jerry Garcia...puf.

Doggy dijo...

Herrero no es bueno hablar de oídas. A mí, modestamente, me ha parecido un libro necesario: a ratos espeso, a ratos brillante. Tal vez fueran compañeros de viaje, pero los palitos que le da Sirius al flipao oficial tampoco están mal. Contraculturalmente hablando.

MEH dijo...

OK, Mejor Amigo. Me lo explicas mejor live in person; se te esperaba para el choque de anoche. Salud.

Doggy dijo...

¿Mejor Amigo? Anoche espere en balde una llamada...

Maruja Ponesa dijo...

A mi es que esto de las giras del tipo "geriátrico pop" me dan un mal rollo tremenendo.

Me refiero a las que nos traen a artistas (Would Be Goods, Vic Godard) años y años después de sus momentos de gloria para presentarnos auténticos abuelitos en el 2006 ... No sé si merece la pena ir a verlos para pensar en lo que hubieran ofrecido cuando estaban llenos de juventud años atrás.

Tengo ahora mismo las portadas del Uncut y del NME y veo a un Morrissey cincuentón, viejísimo y pasadísimo, y a Paul Weller muy lejos de su etapa más cool. No sé si pagaría por ir a un concierto suyo AHORA o si prefiero ponerme sus discos y escuchar lo buenos que FUERON en sus tiempos.

Lo mismo me ocurre con los conciertos del tipo "reunión" de, por ejemplo, Wolfhounds o June Brides ... me daría pena ver a unos cuarentones directores de empresas intentando remedar lo que hacían cuando vivían en squats y se rebelaban contra el sistema.

Me encantaría ver a los Bloc Party y a Artic Monkeys, pero es que NO ME DICEN NADA estos grupos "modernos" de ahora.

Creo que me estoy haciendo mayor.

Luis dijo...

Pues la que no es nada mala, al hilo de las disquisiciones karpovistas, es la publicidad que le han montado al regreso del bueno de Dan Treacy: "El mejor disco de 2006 no es de rock". O algo así ponía. Sólo faltaba el "Cómpratelo, mendrugo".

Y abrazos, hombre.

Anónimo dijo...

qué grata sorpresa escuchar a alguien hablar de los injustamente olvidados/infravalorados/denostados tall dwarfs, probablemente el mejor grupo underground de la triste historia del pop indie/alternativo/llamaloequis,
han influenciado a tantos grupos "conocidos" (entre ellos pavement, elf power...) que es injusto que nadie se acuerde de ellos

www.nicolash.com

Karpov Shelby dijo...

Efectivamente, ahora que se comenta lo de denostados, me sorprendió ver cómo, y con qué descaro, los aguilillas de Pitchfork Media se reían de una banda que da sopas con ondas a casi toda la turbamulta de modernos que ensalzan cada día desde sus infames hipertextos.

Y sí, Pavement cuando eran muy buenos bebían del Sr. Knox con desparpajo y acierto. Pero esto no cuenta para una neo-prensa global ansiosa de uniformar la cultura pop a golpe de hype.