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06 febrero 2007

Epitafio para La Movida


Ya recuperados por completo, cerramos hoy la Saga de La Movida Madrileña y sus Correspondientes Homenajes con un artículo expresivo del recelo despertado por semejantes fastos. Un recelo producido, en gran parte, por el pasmo que produce ver a nuestra tan poco rumbosa en lo cultural derecha pagando tanto acto, haciendo gala de tanta iconoclastia, mostrándose tan férrea en su defensa de la transgresión lúdica y festiva. No olvidemos que el partido del Gobierno que financia la party, el Partido Popular, hasta los años 90 se cagaba (casi sic) en La Movida y su legado siempre que tenía ocasión.

En fín, a toro pasado pocas vueltas más le vamos a dar. Eso sí, corto y pego el siguiente artículo de Tomás Ruiz Rivas, responsable de este proyecto, sobre cuya pista me ha puesto el siempre atento Doggy. Se puede estar de acuerdo en mayor o menor medida con lo expuesto por el autor, incluso se puede diferer de sus planteamientos creativos, pero no se le puede negar solidez a muchos de sus argumentos. Como tampoco se puede negar el tremendo acierto que supone el vincular estos homenajes con las inexistentes políticas de ayuda a la creación desarrolladas desde el Gobierno de nuestra Comunidad de Madrid.

Valga, pues como final abierto a la peculiar saga de La Movida de los últimos meses. Ah, y tampoco deberían dejar de leer esta reveladora retrocrónica

La Movida: Veritas: Non Auctoritas Facit Legem

Por Tomás Ruiz-Rivas.


La cita que da título a este comunicado es una inversión de la famosa sentencia de Hobbes, “la autoridad, no la verdad, hace la ley”, con la que el filósofo inglés pretendía, ya entrado el siglo XVII, justificar el absolutismo empleando la razón, lo cual es obviamente un sinsentido. La inversión no es mía, se hizo popular en el siglo siguiente y todavía hoy se encuentra con frecuencia en escritos sobre política y ciencias legales, porque es un principio del sistema democrático occidental: la verdad, no la autoridad, hace la ley.


He elegido una referencia tan pretenciosa para iniciar el segundo comunicado, dedicado al homenaje a la Movida que ha perpetrado la Comunidad de Madrid, porque pienso que debemos reflexionar, con seriedad y en profundidad, sobre lo que significa un proyecto así en el contexto actual de las artes visuales madrileñas. Es decir, para conducir el discurso hacia un debate sobre las políticas culturales locales y nuestro inexistente sistema de apoyo a la creación, y continuar con lo que se inició en el Conde Duque en noviembre de 2006.


Evitando sarcasmos fáciles, el homenaje en lo primero que falla es precisamente en ser homenaje, en su carácter laudatorio, cuando lo único pertinente, de haberlo, habría sido una revisión histórica (1). Un análisis riguroso y desprejuiciado de lo que fue la Movida en su momento y en relación con un amplio espectro de manifestaciones artísticas y culturales que tuvieron lugar también en los 80 y que no se vinculan en modo alguno con ella. Y en relación también con un hecho crucial de esa década, que es el golpe de Estado de 1981, cuyo impacto en la cultura española se mantiene en una zona borrosa de las investigaciones históricas.


Pero el texto que presenta la exposición de Alcalá 31, en espera del catálogo, es un alarde de banalidad e irresponsabilidad, de cutrerío, para situarnos en la época: “La Movida no fue un movimiento propiamente dicho, no hubo un manifiesto teórico fue más bien la explosión de individualidades creativas.” (2) No pretendo hacer en estas páginas ni una crítica de esa exposición ni menos aún trazar una historia de la Movida, pero creo que hay que aclarar algunas cosas. “La Movida —cito a Eduardo Subirats porque no se puede mejorar su semblanza— fue un efecto de superficie, no una obra de arte total. Se identificó enteramente con la fiesta frívola y corrupta, con una estrategia de signos bufos, y con una acción social comprendida estrictamente como mercancía y simulacro. (...) Pese a su banalidad, o precisamente a causa de ella, la Movida significó, sin embargo, una verdadera y radical transformación de la cultura. Neutralizó cualquier forma imaginable de crítica social y de reflexión histórica.” (3)

La Movida, efectivamente, sólo puede entenderse como
un momento Reaccionario, inscrito en la revolución neo-conservadora promovida por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y que en las artes visuales se caracterizó por la vuelta a los soportes tradicionales, la erradicación de los discursos antagónicos desde una supuesta superación dialéctica conocida como postmodernidad, y un desprecio institucionalizado hacia las prácticas más connotadas políticamente, como el arte colaborativo, el public art y los site specific. Y también por la revalorización del “genio artístico” como modelo de individuo absolutamente autónomo y a-histórico, que es quizás lo único que, irreflexivamente, señala Blanca Sánchez en su texto.

Pero lo que realmente nos interesa es una especie de traca final titulada: “La Movida. Madrid 06 nuevos creadores”. El primer texto de presentación gana en profundidad y extensión al de Blanca Sánchez:


“Hace 25 años Madrid fue una movida. Hoy, la nueva generación de artistas trabajan desde el intercambio cultural y la relación entre disciplinas. El panorama bulle en torno a la moda, las letras, la música y las artes plásticas, que en diciembre y enero cuentan con todo el protagonismo en lugares mágicos para celebrar el acto fundacional de la nueva movida . Bienvenidos.” (4)


He prometido no caer en el sarcasmo, pero tengo que hacer notar que para la comisión de este textículo ha hecho falta el concurso no de uno, ni de dos, ni de tres, sino de hasta ocho cráneos privilegiados, pues tantos son los nombres de curadores que aparecen en el folleto. Su mejor hallazgo es sin duda lo de los “lugares mágicos”. ¿Qué demonios querrán decir? Hay varios cambios entre este pequeño desplegable, que recogí en Alcalá 31, y el tabloide amarillo que se distribuyó un mes antes con la prensa diaria. Y en un tercer folleto, que he recibido por e-mail, la información cambia otra vez más, aunque aparte del delirante título “Destino Futuro” hay poco que reseñar.


La idea de promover una nueva movida es, sin ningún tipo de paliativo, una insensatez. Nadie con dos dedos de frente puede tomarse algo así en serio, y nadie con un mínimo de vergüenza debería poner su nombre en semejante cartel. Puede que nos hayamos acostumbrado a la desfachatez de los políticos, pero está claro que la propuesta sólo nos dice una cosa: que todo este programa carece de contenido cultural. Todo el homenaje a la Movida no es más que otro espectáculo de la pre-campaña electoral.


Pero vamos a entrar ya en materia, porque lo dicho hasta ahora era sobre todo para contextualizar la reflexión que prometí en el segundo párrafo. El problema, para plantearlo de la manera más sencilla, es que la Comunidad de Madrid se ha gastado en el homenaje a la Movida más de 3.000.000 de euros, y Madrid no tiene todavía un sistema de apoyo a la creación artística. Ni bueno, ni malo. Ninguno.


Hace un año, cuando Álvaro Ballarín, director general de Museos, Archivos y Bibliotecas de la CAM, anunció este programa y la dotación de un millón para su ejecución, todos nos llevamos las manos a la cabeza, y el portavoz de cultura de Izquierda Unida señaló las precarias condiciones en que se produce cultura en las salasalternativas de Madrid. ¿Qué vamos a hacer ahora que se han gastado no uno, sino tres millones?


El homenaje a la Movida es parte de una tradición de (mal-)uso político del arte contemporáneo, que tiene sus raíces en el papel que jugó Luis González Robles como comisario de exposiciones en la dirección general de Bellas Artes, durante los años 50 y 60. En los 90 Luis Alberto Cuenca, secretario de Estado de Cultura, y Miguel Ángel Cortés, secretario de Estado de Cooperación Internacional, redescubrieron para el gobierno de Aznar la rentabilidad política del arte contemporáneo: una producción artística con formas avanzadas pero contenidos frivolizados sirve para compensar la imagen nacional-católica y ultramontana del PP, al tiempo que neutraliza la cultura como espacio de conflicto ideológico. El mejor ejemplo sigue siendo la exposición The Real Royal Trip, en la que se gastó un millón de euros para montar una exposición de arte joven en Nueva York, pero no para introducir a nuestros creadores en los Estados Unidos, sino para convencer a los españoles de la modernidad internacionalista del gobierno de turno. La Movida no fue otra cosa, pero a beneficio del PSOE, que deseaba superar la imagen progre y pobre del socialista de los 70, y de paso evitar cualquier debate sobre la Transición.


El homenaje a la Movida está pues dentro de esta lógica: la imagen rancia que proyecta Esperanza Aguirre se puede compensar recuperando una modernidad idiotizada y festiva, que el sastre de turno cree poder recoser y adaptar a la medida de las necesidades políticas del momento.


Nuestros gobernantes parecen haber adoptado como programa una sentencia de Habermas, aunque el filósofo alemán la escribiese como crítica: “El contacto con la cultura forma, mientras que el consumo de la cultura de masas no deja huella alguna; proporciona un tipo de experiencia que no es acumulativa, sino regresiva.” (5)


En definitiva, cualquier cosa menos dejar que sean los artistas los que hagan el arte. El discurso emana del poder político, porque para ellos “Auctoritas non veritas facit legem”. Esto ya no es la lógica del absurdo, sino la de la dictadura. La verdad, en este caso el discurso del arte madrileño, no reside en un debate entre diferentes agentes culturales, sino en el ejercicio del poder. Su estructura no se corresponde con la de ese debate, sino que consiste en su identidad con el poder. Hardt y Negri definen la corrupción como “...el ejercicio puro de la autoridad, sin ninguna referencia proporcionada o adecuada al mundo de la vida.” (6) Mejor ni extraer conclusiones.


Pero sí voy a poner ejemplos con nombre: los espacios alternativos de arte contemporáneo de Madrid, que estamos agrupados en una red, rechazamos en repetidas ocasiones participar en el susodicho homenaje. Ni el Antimuseo (más conocido como el Ojo Atómico), ni Liquidación Total ni la Enana Marrón consideramos coherente tomar parte en él, y así se lo hicimos saber a Álvaro Ballarín. Sin embargo una vez que en la CAM habían descubierto la existencia de los espacios alternativos de arte, debieron considerar necesaria su participación en eso que modestamente llaman el “acto fundacional de la nueva movida”. Si los que hay, que llevan años trabajando, con programas internacionales, con apoyo de instituciones de medio mundo, etc. no quieren colaborar, ¿qué se hace? Pues inventar otros. Por ejemplo el bar La Mari Pepa; véanlo en el programa. Ahora bien, la transformación del bar La Mari Pepa, que quizás sea un bar estupendo, no lo conozco, en espacio alternativo de arte contemporáneo sólo puede consumarse por un ejercicio puro de autoridad, vulgo porque me sale de los huevos , y en latín auctoritas non veritas facit legem .


Y mientras la autoridad que indudablemente se desprende de tres millones de euros convierte al bar la Mari Pepa y otros muchos en la versión madrileña de la NGBK y el PS1 juntos y en su mejor momento, devuelve la juventud a artistas cuarentones e inventa una excitante escena artística allí donde los demás vemos desolación y podredumbre, los espacios alternativos de verdad carecen de un canal administrativo para solicitar apoyos a la Comunidad de Madrid. Y no sólo ellos, sino todos los mediadores independientes de Madrid, sean curadores, colectivos, asociaciones, y promuevan espacios, revistas, festivales o eventos únicos, así como los mismos artistas. Más exactamente, el sistema de apoyo de la CAM en la actualidad consiste en un “premio” de arte, y hasta hace poco había una subvención destinada a galerías para asistir a feria de arte internacionales, que no sé si sigue existiendo. Para artes escénicas hay un sinfín de convocatorias, una de las cuales incluyó, creo que en 2001, una sección para artes visuales, y nunca más. ¿Por qué se financia tan generosamente el teatro y no el arte? Seguramente ni ellos lo saben. Desde luego Esperanza Aguirre ignora por completo cómo es su propia política cultural, porque en el catálogo de ARCO 2005 escribió: “El gobierno de la Comunidad de Madrid incentiva la creatividad de los artistas contemporáneos a través de numerosas convocatorias y de su apoyo a foros, exposiciones y ferias." (7) Y lo más sorprendente es que aunque en realidad no hay convocatorias ni canales para solicitar dinero para proyectos de artes visuales, vemos el logotipo de la CAM en muchos de ellos, desde el Festival Edición Madrid a PhotoEspaña o ARCO.


Entre tanto el tejido cultural de Madrid está cada vez más dañado, pese a que vaya a haber una nueva movida, como amenazan desde Alcalá 31. Esta es una realidad tan patente que hasta La Fábrica, responsable en buena medida del desastre, lo reconoció así tras una informal encuesta hace un año.


Creo firmemente, y seguro que no soy el único, que Madrid necesita un sistema de apoyo a la creación que sea transparente, pensado a largo plazo, con criterios consensuados con los diversos colectivos profesionales que actúan en la Comunidad, pero en especial con lo que conocemos intuitivamente como creación de base y con el tejido asociativo. Los tres millones gastados en el homenaje habrían bastado para poner en marcha, a lo largo de la legislatura que ahora acaba, un sistema de apoyo en condiciones y empezar a corregir los muchos males que nos aquejan. Es necesario acabar con la arbitrariedad y el oportunismo político en el uso de los fondos públicos, de nuestro dinero, y es además un derecho no sólo de los creadores, sino de la sociedad en su conjunto, puesto que se le está negando el acceso a la cultura. Se le está dando gato por liebre, y se le está ofreciendo, como dice Habermas, una experiencia de tipo regresivo, en lugar de la oportunidad de involucrarse en un ambiente cultural diverso, crítico y enriquecedor.


¿Y qué hacer? Lo primero no colaborar. Resistir. Decir NO cuando hay que decirlo, que no es siempre, ni siquiera con frecuencia, pero sí cuando tiene sentido. Romper las redes clientelares. Negarles la legitimidad que extraen de nuestro trabajo y dilapidan en cuestiones partidistas. (8) Lo segundo, y esto ya lo hemos repetido hasta la saciedad en conversaciones de café, es formar una mesa en la que esté cabalmente representado el tejido asociativo del arte de Madrid, para redactar el sistema de apoyo a la creación, ya que nuestros políticos no son capaces de hacer el trabajo por el que les pagamos. Hasta entonces, y mientras los mismos artistas que se quejan de la situación participen en estos saraos o quieran acceder a repartos arbitrarios de dinero, tendremos que seguir soportando malas prácticas políticas y una imparable degradación de nuestro entorno cultural.


NOTAS:

(1) No considero que las 9 mesas redondas organizadas por Fernando Huici puedan tomarse como una revisión seria de las artes visuales en los 80 y su relación con la Movida.

(2) Sánchez, Blanca. Folleto desplegable gratuito, edita la CAM. Madrid 2006. La trascripción es literal.

(3) Subirats, Eduardo: “Transición y espectáculo”, en Intransiciones. Crítica de la cultura española, Madrid, Biblioteca Nueva, 2002, pág. 78.

(4) Varios autores. Folleto desplegable gratuito, edita la CAM Madrid 2006. La trascripción es literal. Negritas de los autores.

(5) Habermas, Jürgen: Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública, Barcelona, Gustavo Gili, 2004, pág. 195. Nota: la traducción, de 1981, ha quedado desfasada para el estado actual de la investigación sobre la esfera pública.

(6) Hardt, M. y Negri, A: Imperio, Barcelona, Paidós, 2002, págs. 354 y 355.

(7) Catálogo ARCO’05, Madrid, ARCO-IFEMA Feria de Madrid, 2005, t. 1, pág. 11.

(8) Aunque no pasa de ser una anécdota, quiero dejar constancia de que fui invitado a una de las mesas redondas del acto fundacional de la nueva movida, sin que yo entendiese, por la forma en que se hizo la invitación, que se trataba de eso. Lógicamente renuncié a participar en cuanto lo comprendí, y sugiero a los organizadores que gasten los 150 euros que me iban a pagar en fotocopiar este texto y repartirlo en los diversos eventos del tal acto.

14 enero 2007

¿Trabajar cansa?


De pocos personajes de La Movida se pueden decir, sin comulgar necesariamente con sus postulados estéticos, tantas cosas buenas como de Víctor Coyote. Sempiterno heterodoxo, grandísimo estiloso y trabajador infatigable, el señor Víctor Abundancia es uno de los personajes más inquietos del panorama musical de nuestro país y su carrera a lo largo de los años de la post-movida y más allá, uno de los secretros mejor guardados de la música nacional.

Después de abrir, con Los Coyotes la caja de los truenos del rock latino que tantos, tantísimos beneficios ha reportado a caraduras, vividores y sinvergüenzas a ambos lados del océano; después de dejar una imborrable e inclasificlable colección de canciones y sonidos que serían aprovechados por unos y otros, el señor Coyote se retiró a su guarida desde la que siguió diseñando,escribiendo, componiendo y tocando de escenario en escenario. Los madrileños le hemos visto organizando conciertos a la hora del vermú, pateándose los escenarios, compartiendo cartel en saraos artísticos y modernos, sacando sus discos. Le hemos visto a la última siempre, culoinquieto, escribiendo libros (Cruce de Perras, quien lo ha leído dice que es una cronica magistral y muy graciosa de los 80), siempre saliendo a ver qué pasa por la calle. Por eso, que el Coyote aparezca sobre los escenarios con la formación del año 84 no suena a nostalgia más que en su justa medida. Poque uno no va a ver un regreso, sino otro evento más protagonizado por un grandísimo señor roquero que ha eludido a base de trabajo, inteligencia y savoir faire el olor a naftalina que acompaña a muchos de sus compañeros de viaje. Y a todos sus plagiarios, miren si no el trágico ninot en que se ha convertido Santiago Auserón.



Noche de sábado en Madrid. Siguen las fiestas de La Movida. El Sol cuelga de nuevo el cartel de “No hay entradas”, algo que no extraña viendo que la cola de invitaciones supera con creces a la de entrada general. En fín, tampoco vamos a cuestionar más la validez del sarao. “Gracias a Tierno Galván por promover La Movida y también a José María Álvarez del Manzano por afirmar, con razón, que La Movida no sirvió para nada”. Ya lo ha dejado dicho el Coyote a la primera de cambio. Dejando las cosas claras y a cada uno en su sitio. Caústico y muy consciente de cuál es su lugar, el Coyote está en forma, con muchísimo estilo y un notorio distanciamiento respecto del propio acto del que es protagonista absoluto. Se muestra muy sólido recogiendo aquellos momentos de los que se siente más orgulloso, como sucedió en las demoledoras relecturas de 100 guitarras, Esta noche me voy a bailar o Fiesta Salvaje; efectivo ejerciendo de padre no reconocido de la latinidad, saltando y bailando con mucho cachondeo y una cierta intoxicación etílica para desterrar la mortuoria solemnidad con que algunos quisieran cargar este reencuentro; y muy profesional acometiendo aquellos otros pasajes que encajan menos en su actual visión artística. Generoso, dejando paso a canciones de Los Mestizos (grupo hermano, dijo), gracioso en sus disculpas por haber propiciado la aparición de una legión de odiosos melendis, poco sentimental y muy divertido, rodeado de un público absolutamente entregado y bailongo, pasó con honores la prueba de enfrentarse a su pasado. Como los grandes. De paso, debo decir que se lució con una rendición enorme de Extraño corte de pelo que dejó al personal más que contento. Para rematar la faena, el Coyote dió lo mejor de sí y se descoyuntó a tocar las maracas y se desgañitó cantando ¿A quién quieres tú? en una versión monumental y torera de Bo' Diddley con la que dijo no adiós, sino hasta dentro de unos meses. Para entonces será su repertorio y su presente lo que se celebrará. Como hemos venido haciendo estos últimos años.



Es cierto que el concierto fue desigual, pero también es verdad que de justicia es quedarse con los mejores compases. Y no estaré cayendo en la mixtificacón mitómana, el tren de la posteridad pasó frente al Coyote hace ya mucho y le dejó, injustamente, en el andén. Pero, con una sabiduría y estilo que para sí querrían muchos, Víctor se encogió de hombros y siguió con férrea inteligencia e integridad trabajando en lo suyo. Hoy, mientras unos celebran la cadavérica decadencia de esos astros de hace 25 años, y otros siguen pidiendo que se les levanten monumentos y miran al mundo con desprecio, desde la autoridad artística que dan lustros de holganza y vida de rentista, éste señor sigue siendo uno de los personajes más interesantes, activos y creativos de cuantos pululan por Madrid. Y, de justicia es que al hablar de un concierto nostálgico y con aires de compromiso nos quedemos con lo mejor. Que además fue muy bueno.

Los Coyotes 84 tocaron la noche del sábado 13 de enero en la sala El Sol (c/ Jardines, 3)


07 enero 2007

Creación a go-go

Ya estamos metidos de lleno en el ciclo de celebración de la Santa Movida. En las próximas semanas, Madrid, se convertirá en una exhibición de atrocidades en la que los dinosaurios domésticos saldrán a escena para señalarnos con el dedo y recordarnos que hace más de veinte años alcanzamos nuestra máxima cota de creatividad. Después nada sería igual. Aquello cerró la posibilidad de lo nuevo. La Movida fue comienzo y fín. Y el resto, a verlas venir y a repetir como monosabios el consabido catecismo cultural, los habituales dogmas locales y las tan traídas y llevadas salmodias pop en torno a esa época áurea.


Por eso no sorprende en absoluto que, grupos que no tienen demasiado que ver con aquello, tan lejano y tan viejo, se hayan incluído, en la sección Jóvenes Creadores, dentro de los fastos organizados (Esperanza Aguirre, mediante) para conmemorar la efeméride. La Movida fue el Todo y, después de ella, Nada vale. A no ser que, con calzador, lo presentemos como una artificial prolongación de la supuesta purpurina. Así que, sábado noche en el Neu! Club, uno aterriza en la realidad y descubre que Corazón están en línea sucesoria directa con la Edad de Oro del Pop Español. Lo cual puede ser hasta cierto, pero... Más dificil es que los absolutamente indies Linda Guilala entronquen con el descoco ochentero. En fín, el caso es que ahí estaba yo a pie de escena haciendo cábalas para juntar una cosa con la otra sin que me saliesen los cálculos y pensado en que la celebración oficial de estas cosas de la música pop siempre queda ridícula. Pero, con estas cosas canónicas, lo mejor es callarse que luego nos metemos, sin quererlo, en un lío.



Así que no digo nada más y vuelvo a pie de escenario. Ahí están los Linda Guilala, trío surgido de las cenizas de aquellos divertidos y punkis Juniper Moon. Aquel jovencísimo combo puso, en pleno tonti-pop fininoventero, una simpática nota de color y ruido en nuestra escena. Sin embargo, poco queda del toque ramoniano, del raca-raca y de las voces enloquecidas de aquellos años. Linda Guilala hacen bonitas canciones de indie, más próximos a la Buena Vida o al primer donosti sound. La primera sensación es de una cierta decepción, tengo que confesarlo, porque, sin haberles escuchado, yo iba con la idea de un sonido más saltarín. No obstante, hay que decir que cuentan con canciones bonitas y bien hechas. Pop cristalino, con letritas de sentimentalidad juvenil exacerbada, teclados y rítmos trepidantes y algunos aciertos aún por explotar (canciones como Mi vecina o Saber perder, por ejemplo, merecen una producción de Ian Catt)... si celebramos a algunos tontos suecos twee no hay ninguna razón para que no dar una oportunidad a los autóctonos Linda Guilala. A ver por dónde tiran.





Otra cosa es lo de Corazón. Con un disco que está entre lo más extremo que se ha publicado en los últimos años en nuestro país, el dúo se encuentra en lo alto de la tabla de pop raro, chungo y anormal. Conscientes de su diferencia vital, Corazón, la presentan con tal exceso y sobreamplificación, exacerban tanto sus manías, sus filias y sus fobias y las oponen con tamaña vehemencia al entorno que consiguen cuadrar una proposición artístca no sólo indecente sino, sencillamente, abrasiva. ¿Que copian a las Vainica Doble? Lo reconocen sin rubor, se cantan la canción El plagio de un plagio sin que se les mueva un pelo y santas pascuas. Mal rollo, aislamiento, amor rarito, amor fou, melancolía y astenia primaveral... el warholiano hit me with a flower, llevado más allá del buen gusto, de lo cool del bien y del mal. Así, se presentan con unas batas de abuelo y empiezan su concierto, sentaditos en unas sillitas. Y cuando todo el mundo se prepara para un concierto triste y sencillo... hacen ¡chas! Se quitan la bata y aparecen uno vestido de mariscal-soldadito de plomo y el otro de proletario de la revolución rusa. Esto es totalmente sic.


A partir de aquí, hay que decir que los Corazón, en directo, aguantan el tirón, construyen armonías vocales con pasmosa facilidad, fusilan, copian y plagian (de las mencionadas vainicas del rollo sunshine pop, de la canción melódica española, de lo chochi) pero lo hacen con salero, con más cara que espalda, y con una sonrisa de oreja a oreja. Las canciones son bonitas la mayor parte de las veces. Las letras, extremas, pura pornografía emocional. En el tramo final, derrochando fantasía, el cantante se viste de cabaretera burbuja de champán o de Marc Almond (según se mire) y, en su momento chabacano (como aclaran ellos), hacen una versión más-gay-imposible de Rocío Durcal. Así, Corazón, han cuadrado el círculo y, lejos de reivindicar la aceptación social de su condición, reivindican su derecho a la excepción. Pintones y radiantes, como sendos brazos de mar, piden a gritos ser vistos como los raros de la clase, con tanta rotundidad que uno, tan alejado de sus postulados, no puede más que rendirse ante lo suyo y no-se-sabe-por-qué, concluir que el concierto ha sido, cuando menos, santo de su devoción.


Linda Guilala y Corazón tocaron la noche del 6 de enero en el Neu! Club (c/ Galileo, 100) en una Fiesta Elefant. La Monja Enana suspendió su actuación por enfermedad de Ana Dinamita.