04 mayo 2007

El control de los medios de producción sentimental


El reconocieminto y el éxito masivo constituye la eterna e irresoluble paradoja a la que se enfrenta el indie-pop y, en general, toda la contracultura y el undreground. Pese a que sus programas buscan el reconocimiento masivo, la democratización del arte y poner la creatividad al alcance y servicio de todos, cuando el público general se acerca a su pequeño mundo, curioso y sinceramente interesado por sus actividades, se cierra en banda en aras de la integridad, la pureza y la ética subterránea.


Si este acercamiento tiene por objeto uno de los fetiches que con más fuerza ha brillado en el universo indie-pop como es Sarah Records, el recelo se puede tornar ira y feroz desengaño. Una sensación que no pude reprimir cuando vi escrita en las páginas de cultura de un diario nacional la palabra twee (a la que tantas, tantísimas vueltas hemos dado). Máxime cuando, tras mirar dos veces incrédulo, pude observar que servía para ilustrar un artículo sobre la legendaria discográfica de Bristol. Sin embargo, tras con detenimiento concluí que no estaba nada mal. Recordaba que este año 2007 se cumplen 20 años del nacimiento del sello. Si tanto nos quejamos de la indiferencia inicial que rodeó a los 20 años del C-86, no podemos quejarnos ahora de lo contrario.





Obviamente, la pieza publicada en el suplemento Cultura/s del barcelonés diario La Vanguardia no se acerca al rigor de ese legendario artículo de Manuel Soleado que circula por la Red y que, en mi opinión, sienta cátedra de manera definitiva sobre el sello, su trayectoria y significado. Pero hay que reconocer que está muy bien. Documentado y consecuente es un primera paso para que, por fín, se empiece a reconocer que el indie-pop es una parte MUY IMPORTANTE de la historia de la música pop ¿Cuántas veces hemos hablado de lo injusto que es el desprecio de la crítica general hacia los sonidos más pop? Pues está muy bien que en un suplemento de cultura serio hagan un artículo ameno, bien escrito que sea capaz de ir más allá de lo anecdótico para contar en qué consistió el movimiento indie. Sin banalizar, sin ideas preconcebidas sobre el infantilismo o la melodía, redactado desde el aprecio, el conocimiento y el reconocimiento. Ojalá saliesen más artículos así en las revistas de música. Se lo he escaneado y pirateado para que lo lea tranquilamente quien no tenga la costumbre de comprar este diario. Para respetar el espíritu DIY lo he troceado en dos, eso sí. Se lo montan ustedes en su casa con su impresora y su papel celo.





Y a quien proteste, o le diría que nuestra condición indie no os puede hacer olvidar una faceta esencial de toda la historia. El indie-pop nunca quiso quedarse en las catacumbas; el suyo era un programa para cambiar el mundo. En sus inicios la filosofía DIY tenía que ver con la democratización de los medios de producción culturales y no con el sumirse en un mundo aislado y protegido de los peligros exteriores para entregarse a un pajillerismo autocomplaciente. Si hubiesen podido elegir, los muchachos de los flequillos hubiesen ido a cantar las cuarenta a cada una de las radios de esa Inglaterra thatcheriana que, como bien nos recordaban hace una semana, hemos mitificado hasta lo ridículo. Que, en los tiempos que corren un diario de tirada nacional dedique su espacio con textos de calidad, accesibles y perfectamente comprensibles para el público general, sobre el significado de determinados sellos está muy, pero que muy, bien. Aunque la tribu se enfurezca y toque a rebato desde sus trincheras virtuales, llamando a conservar los principios del movimiento intactos aún a costa de traicionar su espíritu vitalista y su ansiedad por contar y cantar las cosas.


Nota: hay que hacer click en las imágenes para poder leer correctamente el texto, que hay que decirlo todo.




11 comentarios:

Federica Pulla dijo...

Estoy cogiendo ASCO a la palabra TWEE. Es un americanismo para ñoñi que realmente detesto.

Clare y Matt deben estar echando la pota con todo ello, ya que su creación tenía un fondo PUNK que la gente parece obviar, ignorar y/o desconocer, y la asociación del sello con lo tonti, como que no hace nunca justicia.

¡¡¡ Qué hartito estoy de todo eso !!!

MEH dijo...

De acuerdo con Fede. Una movida muy a toro pasado que obvia el ambiente fiestero y reivindicativo de sus conciertos: vino (chungo) y política, pero sin perros ni flautas. Sin embargo, parece que de Sarah solo va a quedar una idea de trabajo de amor muy de puertas adentro subrayado por una ¿actitud concienzuda en la edición de singles? ¿cuya carpeta+póster, amén de preciosos son de echarle media hora, viaje a la fotocopiadora incluído? Eso, que le pregunten a Clare por el twee, a ver qué dice. También a los Boyracer.

Federica Pulla dijo...

Es lo que pasa cuando la gente se entera tarde y mal de la movida, como le ocurre al señor Pere Guixó, que ha escuchado campanitas pero no sabe muy bien dónde están y cómo ubicarlas.

Jesus Miguel dijo...

A Clare y a los Boyraces mejor preguntarles por el "fuck me"

360º de Separación dijo...

Parece común a todos los que ya tenemos algunos añitos ese respelús por el dichoso concepto de twee que ahora parece ser más viejo que Matusalén, pero bueno, lo dejaré ahí que luego se levantan ampollas que seguro a ninguno nos apetece volver a ver :-)

En cuanto al artículo, pues sí, le doy parte de razón a Federica, parece que el autor del artículo ha oído campanas y no conozca bien de lo que habla, pero en cualquier caso me parece de putísima madre que en La Vanguardia aparezca un artículo como éste. Como deciamos del recop. de Spicnic en Subterfuge, si vale para hacer un solo fan, bienvenido sea. Y si este artículo sirve para que un chaval conozca Sarah Records y luego se interese por música parecida, pues bendito artículo. En cuanto a los que sí conocieron Sarah Records, pues creo que debieran/debieramos mirar con cierta benevolencia estos artículos.

Saludos,
Manuel Soleado

David dijo...

Ciertamente, se nota que el autor no sabe muy bien de lo que habla y el artículo es un batiburrillo bastante inconexo que mezcla conceptos a su antojo que puede llegar a ofrecer una imagen distorsionada de lo que fue Sarah Records. Pero bueno, tampoco es para ponerse en plan talibán.
Lo que me gustaría es dejar claro el contexto en el que se ha publicado dicho artículo, ya que muchos de vosotros no lo conoceréis: el suplemento Culturas de La Vanguardia un una revistilla que aparece cada miércoles donde se tocan todo tipo de manifestacioes artísticas (literatura, música, teatro, danza, pintura, cine...) pero desde una óptica de un snobimo bastante recalcitrante. Tratan siempre de artistas raros que casi nadie conoce y que a casi nadie interesan en artículos bastante largos de cierta densidad. En definitiva, que no es un suplemento de cultura basurilla destinado a adolencentes y universitarios impresionables, sino más bien un artefacto intelectualoide dirigido a esa especie que tanto abunda en la cool Barcelona: el snob pequeño burgués de 30 años para arriba con "inquietudes culturales" que necesita sentirse especial. Es aquí donde hay que ubicar el artículo; un redactorcillo dándose un homenaje a sí mismo demostrando a gente poco ducha en la materia cuánto sabe de música rara. Hay algo más cool que un sello inglés de hace 20 años que sólo publicaba singles de vinilo?
Lo irónico es que si a alguien le pica la curiosidad y va corriendo a la Fnac a buscar un disco de Another Sunny Day o Heavenly, saldrá con las manos vacías y se olvidará del asunto para siempre.

MEH dijo...

No tío si lo de la prensa "mainstream" ya nos lo controlamos, ¿eh? Y Sarah forever, porsiaca.

Pablo dijo...

David:

no soy de Barcelona, aunque supongo que sí que soy un snob, porque trato de comprar el Cultura/s cada semana ya que me parece el único suplemento cultural de un periódico que no es a) un artefacto publicitario de una red empresarial cultural (véase Babelia) o b) un sopor absoluto y antiguo.

Por supuesto que es una revista que habla de "artistas raros que casi nadie conoce y que a casi nadie interesan en artículos bastante largos de cierta densidad" -una definiciíon que podría valer, con bastante exactitud, para este mismo blog - pero es que, coñe, que para leer otra vez sobre Los Planetas, Arcade Fire o Bernardo Atxaga en El País pues casi que me pego un tiro. Y además ahí escriben, con más o menos asiduidad, Kiko Amat, Grace Morales y alguna otra gente interesante.

Y a mí me parece bien el artículo, por cierto. No sé muy bien qué clase de talibanismo lleva a criticar que se hable de Twee y de Sarah...

Karpov Shelby dijo...

Desde luego cuánto taliban y talibana del indie hay por este blog, de verdad.

Yo, cuando leo artículos como este, parto de la base de que no contarán la historia mejor que ingún fanzine, mejor que ningún fan, ni que ninguna de esas fuentes a las que tenemos acceso nosotros. Esas son fuentes minoritarias y, no nos engañemos, especializadas. La gente necesita algo más general para acercarse a las cosas. Porque de lo contrario lo ve como inaccesible y se le quitan las ganas.

El Cultura/s, por otra parte puede ser muchas cosas pero en absoluto nada de lo que describes, David. la crítica de arte es seria, los reportajes temáticos atípicos, bien pensados y muy interesantes. Es un suplemento elaborado, pero no pedante. Y bastante moderno

Y, no creo que sea para snobs puesto que es de los pocos suplementos mayoritarios que se mueve al margen de las políticas de promoción de editoriales e industrias culturales diversas, como ya se ha dicho aquí.

Si además es el único que ha mantenido una atención seria, respetuosa y cargada de convicción por la cultura popular (en la sección Reciclaje, sobre todo) no tiene mucho sentido cargarselo con argumentos bastante poco ajustados a la realidad.

Esto de que sólo quien ha probado tener una hoja de servicio inmaculada en la independencia pueda hablar de ella me parece muy reduccionista y pajero. Es la self fulfilling prophecy que dicen los ingleses: quejarse amargamente de que no se atenderá nunca, desde el mainstream a lo indie para, desde lo indie hacer todo lo posible para que así sea y boicotear cualquier acercamiento por sincero que sea.

No nos engañemos, la única manera de que Another Sunny Day y otros lleguen a la FNAC pasa por artículos como este. El espíritu no se traiciona, no se tergirversa, no se banaliza ¿Falta información? sí, pero es divulgación, ¿recuerdan? No el Tratctus Sarihsimus.

Otra cosa es que tanta queja contra el mainstream solo trate de ocultar que queremos nuestros tesoros ocultos solo para nuestro disfrute. Que no queremos que salgan a la luz, ni tener que compartirlos con (horror) la gente normal. Pero eso, amigos míos es, como poco exceso de celo acedemicista (noción ajena al pop, puaj!). Como mucho pajillerismo terminal.

David dijo...

Vamos a ver compañeros, puede que debido al agotamiento mental que arrastro desde hace algunos días y que me impide elaborar cualquier proceso intelectual más o menos coherente me haya salido un post espesito y no me haya expresado bien.
En primer lugar, a mi el artículo me parece una cosa bonita y más o menos bien hecha. Un amigo mío me lo envió anteayer por vía telemática y me hizo mucha ilusión, no me creía que en La Vanguardia le dedicasen una página entera a Sarah Records (SPAM: y encima hoy le dedican una página entera en El País a un queridísimo amigo mío...página 2 de EP3, por si les interesa). Puede que cualquiera de nosotros pudiese aportar información mucho más rigurosa, pero tampoco hay que pedirle peras al olmo. De ahí lo de "no ponerse talibán". Soy perfectamente consciente que no se le puede pedir el mismo rigor y pasión a este artículo que al de Manuel Soleado, por ejemplo. Es un articulillo divulgativo de un tipo que la semana que viene vete a saber sobre lo que escribirá, pero se agradece.
Vamos a por el apartado Culturas. No sabía yo que fuera de Catalunya se leyese La Vanguardia... pero ya veo que sí. Cosas que aprende uno.
De acuerdo, este suplemento le da mil vueltas a sus competidores, es mucho más serio y no se dedican a ser un vergonzoso catálogo promocional encubierto de las novedades "culturales" de la semana, aunque totalmente independientes no son. Yo me lo miro cada vez que cae un ejemplar en mis manos, y si hay algo que me interesa, lo leo. Pero la verdad es que hay pocas cosas que me interesen de las que publican. Si en otros diarios pecan de venderse al mejor postor, aquí considero que se pasan de "especiales".
Yo tengo una visión muy particular sobre el arte en general, y es que hay que despojarlo de casi todo discurso y simplemente disfrutarlo tal como viene, sin pedantes intermediarios (casi siempre artistas frustrados) que te expliquen lo que estás viendo/escuchando. Adoro el cine, pero detesto leer sobre cine, me gusta la pintura pero de los libros sólo miro las fotos. Debe ser un problema mío, seguramente porque cada día que pasa soy más vago, pero leer sobre cultura me suele aburrir mucho, prefiero disfrutarla.
Es esa originalidad y modernidad de Culturas que mencionas, Karpov, la que me provoca cierta alergia, ya que les lleva a solemnizar mediocridades artísticas, carne de museos e instituciones culturales subvencionadas, con frecuencia. Simplemente creo que le dedican un valioso espacio a gente que no lo merece en su afán por dar a conocer talentos ocultos. Original y moderno no son necesariamente sinónimos de calidad. Claro que igual la culpa no es suya, sino que ya está todo inventado y el arte contemporaneo está en estado terminal... pero ese es otro asunto y este no es el lugar. De ahí venía mi referencia al snobismo de Culturas. Pero como dijo el poeta, para gustos los colores, y tal vez I Might Be Wrong. Que te gusta la sección Reciclaje porque "es el único que ha mantenido una atención seria, respetuosa y cargada de convicción por la cultura popular"? Vale, a mi también (a veces), pero en Culturas hay 30 páginas más, muchas de ellas rellenas de paja.
Y por favor no me confundas con un pequeño talibán que teme que el populacho le robe sus tesoros indies. Ya me gustaría que Harvey Williams vendiese millones de discos y se hiciese rico, lo merece mucho más que capullos como Bisbal. Pero sé que eso no va a suceder. Lo llamamos música pop pero no es popular, nació en el seno de la exclusividad, de gente con una sensibilidad especial (pocos) y dirigida a gente con gustos especiales (también pocos, y por eso vendían pocos discos). Para el común de los mortales, sólo es música tonta, infantiloide y amariconada.

Federica Pulla dijo...

Creo que hay cosas que, cuando se sacan fuera de contexto, atufan de lo lindo.

El espíritu de Sarah nació de un deseo de ser INDEPENDIENTE en su sentido más estricto (portadas hechas en imprenta, fanzines artesanales, etc, etc), algo heredado de la cultura DIY del punk pero traspasado a la Inglaterra thatcheriana, y una respuesta a lo fabricado, al sistema y al marketing puro y duro: una demostración de lo que cualquiera puede hacer desde la sala de estar de su casa.

Y los productos que salían de ahí eran eso: cosas a medio cocer pero llenas de encanto. Ante la escasez de medios, preciosas melodías grabadas en un cuatro pistas.

Por suerte o por desgracias, eran grupos que cantaban sus penas más que sus alegrías, y eso conectó muy bien con jovencitos solitarios que vivían en bedsits (nota: la cultura de los bedsits es algo que no se ha estudiado lo suficiente. Aquí mucho quejarnos de los pisos de 30 metros, cuando en Inglaterra llevan decenios viviendo en habitaciones de 4x5 metros, con baño compartido)y que eran en su mayoría auténticas penas vivientes y verdaderos frikis sociales.

De ahí el estigma del sello. Acudir a un concierto de grupos de Sarah era cagarte las patas abajo con la - por otra parte- escasa fauna que allí se congregaba.

Pero es que Clare y Matt también eran así. Su centro de operaciones era el bajo húmedo de una casa de Bristol. Cuando estabas alí parecía imposible que allí se estuviera fraguando todo. Clare era algo más dicharachera, pero Matt era lo más radical de lo que antes contaba. Hablaba sin mirarte, con un flequillo enorme que le cubría los ojos, con una voz bajísima y entrecortada ... vamos ... todo lo contrario a la alegría de la huerta.

Y poquito a poco lograron que la prensa hablara bien de ellos, y sacaron muy buenos discos, tuvieron suerte con los grupos y la cosa creció y creció hasta que su idea de la independencia se había ido al traste de tal manera que, de un plumazo, decidieron acabar con lo que habían creado.

Una historia curiosa y que, en cierta forma, nació en un entorno ñoñi, se fraguó al calor de lo tonti pero que acabó con una madurez tremenda que llegó a agobiarlos en gran medida. Una historia de peterpanismo total que, ceñirla a lo "twee" únicamente es limitarla en exceso.