29 junio 2006

Transcribiendo el sonido de la ciudad muerta

En estos tiempos de edición instantánea y contenidos generados por legiones de usuarios para ser deglutidos de inmediato, resulta asombroso que todavía haya gente que dedique energías a la heróica y hermosa tarea de la fanedición en papel. El primor, cuidado y amor exigido por un fanzine real no tiene ni punto de comparación con la tarea de los que nos agazapamos en estas fronteras electrónicas amparados por al incorporeidad y obsolescencia del hipertexto. Por ello, mientras paso las páginas del nuevo número del madrileño fanzine Dead City Radio no puedo más que sentirme un poco avergonzado de mi condición de bloguista y agradecer que haya gente que todavía sienta la necesidad de envolver sus palabras en el amoroso y pasional abrazo del papel impreso.

Porque quien haya hecho fanzines alguna vez en su vida sabe que los azares que se tienen que afrontar (quitando tiempo al estudio, al trabajo y al sueño) ofrecen una especial gratificación que nunca podrán imitar los formatos digitales. Ése momento mágico en el que el señor de la reprografía te da tu cajita con cien o doscientos ejemplares es absolutamente puro; y qué decir de esa distribución de tienda en tienda, de esos pedidos que atiendes por correo y esas cartas que (nada que ver con comentarios o e-mails) forman un universo de complicidad, amor y entrega que, viendolo ahora con una cierta distancia, tanta dignidad otorga al fanzine como perfecta publicación juvenil. Me gusta comprar y ojear fanzines. Siempre sabes que, te guste más o menos, lo odies o lo adores, estén escritos con mayor o menor acierto, detrás de ellos siempre hay tiempo, compromiso, mucha ilusión y una mágica inocencia que otros medios no tendrán nunca, por muy participativos que sean.



Por eso, me ha gustado esta nueva entrega del Dead City Radio. Como las anteriores entregas, este número es muy instructivo, está cuidado con detalle y concebido y realizado con verdadero primor. Tiene una portada troquelada, un lomito y una encuadernacón artesanal; algo que a los que hemos hecho fanzines nos impresiona y nos atrae siempre. El diseño está bien (aunque con dejes un poco demasiado a lo Vaughn Olivier para mi gusto) y los artículos están correctamente escritos. Aunque el contenido tiene un deje pedantón y artie, no se puede negar que uno se deja llevar y lee con gusto la mayor parte de su contenido. Muchas veces la curiosidad te arrastra, otras no tanto... pero eso tampoco es necesariamente malo. Es interesante y emotivo el artículo sobre las cintas de varios grabadas en K7, aunque me pregunto ¿por qué esta tonta y repentina manía de llamarlas mixtapes?; curioso el artículo con reseñitas de películas raras de la Nouvelle vague, aunque se eche en falta un poco más de guasa al hablar del tema a estas alturas. Simpático, didáctico y entrañable el artículo sobre la ciudad de Olympia, aunque hubiese estado mejor con una prosa más incendiaria (qué se le va a hacer, a algunos todavía nos gusta el fanzine-soflama)... Interesante el artículo sobre la figura de culto subterránea, Jandek. Para estas cosas sirven los fanzines, para saltar de un tema a otro y oir campanas aquí y allá.





Lo que es una pena es una cierta tendencia a caer en registros demasiado serios (¿les suena el término pro-zine?), una molesta pretensión cultural como de socialistas fabianos(ya se que no soy el más indicado para decir esto, ya lo se), y una aproximación demasiado alambicada a los temas tratados(tampoco puedo hablar muy fuerte en esto, también lo se). Además resulta reiterativo volver otra vez a historias sobre las que se puede acudir a información ya disponible (por favor, otro dossier sobre el free jazz y Sun Ra, simplemente, no). Y, sin embargo, es imperdonable entrevistar a un personaje de la talla, entidad y carácter de un David Sylvain y perderse en elevadas reflexiones sobre el budismo, Dios y Beuys, cuando tanto y tanto se podría decir las múltiples etapas de su existencia. Aunque, eso sí, nos ha permitido saber que el artífice de aquello tan curioso que fue Japan, a día de hoy, piensa como El Zurdo, Sánchez Dragó y Dildo de Congost, que nos encontramos en pleno Kali Yuga Total. Lo cual está muy bien y da mucha risa.


Pero bueno, son pegas que a los lectores habituales del DCR ni les surgirán. A mi me gustaría un poco más de irreverencia; tampoco entiendo que no se proteste por nada ni siquiera en una línea (salvo vagas consideraciones socio-existenciles en un artículo sobre “la LSD”), por aquello de que un fanzine ha de tener su dosis de vitriolo. Pero prefiero quedarme con que es un fanzine bonito, interesante, totalmente analógico... hecho con cariño y, desde luego, de obligada adquisición para el flaneur underground que quiera conocer de primera mano una de las referencias clave del Madrid subterráneo de ahora mismo. Si para el próximo número suben las manecillas de la ética punk y bajan las de la estética art-rock les auguro larga y exitosa existencia. Mientras tanto a leerse este número. Que tiene bastante letra, además.


Pídelo en el e-mail deadcitymail@gmail.com



2 comentarios:

Iván dijo...

Estimado Sr. Karpov:

Lo primero gracias por la crítica, siempre hace ilusión que la gente se lea nuestro fanzine, de hecho las palabras más criticas suelen tener enjundia porque a menudo en esto de los fanzines proliferan las bellas palabras para alabar solo porque los temas "pintan bien", cuando ni siquiera se ha leído la mitad del fanzine.

Coincido en lo del encanto del "papel" de hecho no soy muy dado a seguir blogs y fotologs pues mi capacidad de concentración frente a una pantalla es bastante reducida. De ahí parte de nuestro empeño en sacar adelante el DCR. Cierto es que la aventura de la distribución a pata por las tiendas, la imprenta etc tiene algo de quijotesco pero merece la pena...

Me hace gracia alguna de las comparaciones y reminiscencias que encuentras (o echas de menos) en DCR, es inevitable cuando se "reseña" algo hacerlo en función del acervo propio, pero en resumidas cuentas se podría decir que DCR consiste en 4 personas que escriben sobre lo que les gusta, tratandose a menudo, gracias a Dios, de gustos más bien dispares, además de la aportación de terceras personas (amigos/conocidos) en artículos grandes o reseñas... me temo que no hay planteamientos más allá. El rollo artie-socialista fabiano-art-rock me supera, quizás vendría bien un seminario sobre estos términos que no acabo de pillar (o al menos que me expliques lo que querías decir) de hecho no me considero una persona especialmente underground (excepto por las mañanas en la linea 1 camino del curro).

En lo que me toca, que es el artículo del Free Jazz, te diré que hace un tiempo apareció uno en el Chilena Comando, lo leí cuando ya estaba haciendo este (pendejos, se me adelantaron), me gustó pero si lo has leído notarás que es otra cosa, el mío nada más lejos de ser un dossier,no tiene ninguna intención de resumir la carrera de nadie y menos de Sun Ra, del que hablo menos que de otros, es solo una paja mental sobre que pensaba, (ideología e incluso relgión)la gente que hacía esa música y en un momento muy concreto. No creía que fuera un tema tan común, por desgracía, pues me encantaría poder leer sobre él más a menudo, de hecho si conoces más artículos fanzineros dimelo!

Pues eso, gracias por deglutir nuestra criatura!!!

Iván.

Karpov Shelby dijo...

Iván, realmente el DCR es un fanzine que me ha gustado desde su número cero (el negro) y que sigo, compro en los puntos de venta y leo. La simpatía que me genera la fanedición casi por defecto está fuera de toda duda, pero además en vuestro caso es encomiable la voluntad de hacer un fanzine interesante. Igualmente para las fiestas de presentación y otros saraos que organizáis siempre animan las noches de la capital. En estos tiempos de MySpaces y demás me parece que el mérito de estas cosas es doble, independientemente de los resultados.

Respecto a lo de fabianos art-rock, yo sí que veo en general un registro muy artie y underground a todo el invento(igual que se lo veía en su día a Recuerdos de Sebastopol). Tenía una intención irónico-cariñosa... simplemente. No hay problema alguno en eso, al menos para mi. Eso sí me gustaría algún guiño humorístico más.

Del free-jazz creo que he leído en Rutas, RDLs, Factorys y demás cosas (que no te puedo citar y que no conservo, soy malo con los archivos) desde principios de la década de los 90, pero a lo mejor es una sensación equivocada. Eso si te puedo decir que el Chilena Comando lo compré simultáneamente a vuestro nuevo número. Uno lo leí y por el otro pasé por encima.

Vuestra criatura se deglute muy bien. Y si además os acordáis de David Sylvain, persona musical a la que admiro, pues mejor que mejor. Por lo demás, ya te digo que Karpov! espera tener la ocasión de reseñar muchos números más de este fanzine.