29 mayo 2007

Miércoles con Federica: Independencia y autonomía


Es curioso ver hasta qué extremo puede llegar el espíritu independiente de cada persona. Creo que ser independiente puede ir más allá de gustarte un estilo musical, y que la verdadera independencia puede llegar a convertirse en toda una forma de vida, abarcando múltiples aspectos personales. De hecho, casi desconfío de los individuos que sólo muestran interés en las nuevas corrientes musicales porque es algo necesario para estar a la moda, como si se tratase de un accesorio más de su indumentaria, o como algo que hoy está aquí pero que mañana puede desaparecer sin dejar rastro alguno.


En muchos terrenos, creo que he llevado la independencia hasta terrenos un tanto límites como, por ejemplo, el laboral. De hecho, mi trayectoria en lo que se supone debe marcar una gran parte de tu vida ha estado definida por una cierta rebeldía e inconformismo que, pienso, es algo que debe formar una gran base de toda persona que piense, actúe y se comporte como un ser auténticamente INDEPENDIENTE. Como muchos de los que puedan leer esta crónica semanal, estuve tiempo estudiando, pero nunca consideré que podría encajar en un puesto de los que se llaman “convencionales”. La verdad es que soñaba con hacer algo para los demás, más que en hacer algo para mi. Soñaba con poder COMUNICAR y utilizar los Medios para innovar, para llevar a una audiencia lo que llevaba dentro ... tonto de mi ... porque pronto mi idealismo me dio en las narices para enseñarme que no había sitio para algo así en este país de pandereta y enchufismo, y acabé en la COPE trabajando para un ser infame y repugnante que, años más tarde, se convertiría en Director del Ente RTVE. Ni que decir tiene que allí duré unas semanas, y que no me veía comunicando a viejos fachas y asquerosos, en un entorno en donde hasta las comas eran revisadas por seres incultos y repugnantes, y en donde acabé como el rosario de la aurora, insultando a ese ser que se apellidaba Ferrari. Llevé al límite lo que decía mi Morrissey, eso de “Why do I give my valuable time, to people who don’t care if I live or if I die”. Dicho y hecho.


Y seguí estudiando, como válvula de escape a un mundo en el que no me veía, hasta que, cuando decidí reincorporarme al mercado, ya era muy mayor y con muchos estudios a mis espaldas. Combinación perfecta para darte leche tras leche. Mis breves intentos por incorporarme a una empresa tradicional acabaron fatal, ya que me hizo saber que no servía para ser mandado por cualquier cretino, que no podía currar en una oficina, que no soportaba nada de lo que me ofrecían, que necesitaba vivir mi vida y marcarme mi propia disciplina, que no aguantaba que nadie me impusiera sus obligaciones y sus metas... en definitiva, que era INDEPENDIENTE hasta en eso.


Y, de golpe en golpe y de mala experiencia en mala experiencia, llegué hasta donde estoy ahora, a convertirme en trabajador a cuenta propia, en autónomo. Sin jefes, sin pelotas, sin plastas, sin que nadie me diga, me imponga, me mande, me EXPLOTE directamente. Creo que este es el estado perfecto para una persona como yo: sin ambiciones extraordinarias, con necesidad de ser YO mismo, sin tener que aguantar a más imbéciles de lo necesario. Ya sé que esto tiene sus puntos negativos, pero después de varios años en esta tesitura, creo que no volvería atrás, y que no hay ascensos, ni pagas, ni viajes de empresa, ni estatus social que compense los muchos momentos que te proporciona el trabajo propio y desde casa. El sentirte que lo haces para ti y para los tuyos. El levantarte a comer y beber cuándo y lo que te salga de las narices. El distribuirte el tiempo según tu trabajo. El ver crecer a tus hijos junto a ti. El no tener jerarquía que te exija nada. El vivir tu vida y no la de los demás.




Ser autónomo es lo mejor para un indie. Dejad vuestras empresas, decidle a vuestros jefes y compañeros de oficina lo que pensáis de ellos. Currad para vosotros. Dejad de ser explotados por y para las multinacionales. Derribad el sistema. Hay vida más allá de la empresa establecida.

¡En serio!


Federica Pulla


27 mayo 2007

Despacho especial: Prín La Lá


Tremenda presentación de Prin LaLa ayer en el magnífico NEU de Madrid. Llenazo total para un grupo que poco se prodiga en directo y que está adquiriendo nombre entre la juventud indie connoseur patria con una propuesta curiosa.

Pero recapitulemos un poco. El concierto empezó a una hora un tanto extraña (a las 7 de la tarde) porque una de sus componentes es menor de edad y no es plan explotarla teniendo que esperar hasta las 11 de la noche – recordamos que a la pobre criaturita se le abría la boquita durante su primera aparición pública en el Ladyfest cuando salieron al escenario a unas horas cuando la pobre debería haber estado ya en la piltra. El caso es que los conciertos a esta hora me parecen una idea magnífica, y me gustaría animar a este buen club para que organizara más cosas así, y que podamos disfrutar de los conciertos los que no trasnochamos.




En primer lugar, salió a tocar un grupo que responde al nombre de The Marzipan Man, y que fue una cosa chunguísima. Un chavalín con una sobredosis o una indigestión de The Incredible String Band, con un grupo alucinantemente bizarro, que incluían a dos chicas que tocaban el arpa, la melódica y un tecladito, con unas canciones horrorosas, que querían imitar a las letras más jipiosas del folk británico, esas de animalitos en bosques y de mariposas que se transforman en hadas y cosas así, pero que puestas en boca de esa persona y con una presencia escénica que daba risa, la cosa acabó siendo penosa. Y, además, cantaban en inglés chusquero, cosa que ODIO, porque cuando lo hacen es un refugio para ocultar sus deficiencias que, en este caso, eran muchas y evidentes. El chico siguió invocando la aparición de Syd Barrett y de Donovan durante un tiempo hasta que, por fin, desaparecieron del escenario. En definitiva, algo horrible.




Con la gente en la parte de abajo sentada en mesitas, de pronto sale un chaval con un saxofón tocando entre el público, que se sube al escenario, y pilla una sierra de esas que se tocan como un violín, viéndose acompañado por un chica al contrabajo, cuando sale de un extremo del escenario un caballero vestido de negro con pajarita, semblante serio y un gran reloj con una cuerda que hace girar en péndulo al compás de un tic-tac que suena por los altavoces. Muy Alice in Wonderland ¡¡¡ Cielos !!!! La cosa promete ya desde el principio. Luego sale una chica con dos jarras de agua que pasa de otra para dejar que suene el fluir del líquido... ARTY, ARTY todo aquello. Pretencioso a más no poder. Y salen las niñas Prin LaLa y el Vacas, un trompeta, una chica con instrumentos de cuerda, un batera con una máscara en la cara, y un chico al teclado. El escenario está a tope. Las canciones no suenan mal, pero ese espectáculo como que te produce una sensación extraña y de sentimientos encontrados. Por una parte la propuesta es TAN pretenciosa que te choca pero, a la vez, las canciones no están mal, y el directo queda resultón. De todas formas, aquello no deja de ser una propuesta del Vacas en donde TODO es puro escaparate para su uso y disfrute. No entiendo cómo pueden vender eso como un grupo de niñas, porque hasta las cuatro primas no son más que monigotes al servicio de un CONCEPTO. De hecho, la chiquitita apenas canta y está ahí para dar ambiente al asunto. El concierto está milimetrado y funciona a la perfección, con su teatrillo intermedio y sus fusilamientos de temas de Cecilia, una canción de The Sound of Music, un poema de Panero, la canción esa del Electrón que cantaron hace ya tiempo los hijos de la Dúrcal y que ya bordó antes Parade y referencias a The Night of the Hunter y otras revisiones de historias retorcidas con niños de por medio.




El público estaba encantado, y parece que el CONCEPTO funciona a la perfección. De hecho, es la aventura más exitosa del Vacas hasta el momento. Me pregunto cuánto más puede durar el proyecto, a medida que las primas crezcan y tal, pero la cosa puede dar más que hablar durante algún tiempo, y puede llevar a mejorar el estatus del creador de ese CONCEPTO para llegar a metas más altas y poder convertirse en una especie de Brian Wilson cordobés. Por una parte, me parece una propuesta más que bien planteada, y que está logrando una gran aceptación en un panorama musical y de creatividad TAN baldío como el que estamos viviendo en estos momentos. Una propuesta que mezcla una puesta en escena a lo Belle and Sebastian mezclada con psicodelia infantil tiene su cosa, aunque a la hora de la verdad, todo aquello tiene un tufillo realmente forzado, y me crea una mezcla de sentimientos opuestos que no me dejan discernir bien si me gusta o no me gusta, si me parece correcto o si lo aborrezco, si se debe tomar como una estrategia establecida por y para el servicio del Vacas y no como un grupo ad hoc, etc, etc... Además de todas estas disquisiciones personales, la presentación de Prin LaLa fue todo un éxito, cada cual extrajo sus propias conclusiones y, por lo menos, ofreció al público más exquisito algo nuevo y diferente. Y que cada cual piense lo que quiera.


Federica Pulla


22 mayo 2007

Adios a Keith Girdler



Como todos los miércoles hoy teníamos que haber incluído la tradicional intervecnión de Federica Pulla en este blog. Sin embargo, desde discos Siesta nos han reenviado una tristísima noticia que corto y pego a continuación. Poco más se puede decir a la nota adjunta; tan sólo desear que el bueno de Keith haya encontrado un poquito de esa eternidad que nos hizo
intuir a todos los que hemos escuchado con embeleso sus discos.




Dear Friends

It is with immense sadness that I write to inform you that my dearest friend Keith Girdler died on May 15th 2007. Keith passed away peacefully after a recent deterioration in his condition - he was diagnosed with cancer in July 2004. Keith was a truly special person and I know that many people will hold very fond memories of their time spent in his company. Keith is survived by his partner, his siblings and their families. We are all devastated at the tragic loss of Keith and we will miss him enormously.



Keith was known to many as the singer in Blueboy - a brilliant band who are still seen as influential many years since they last released a record. He was a gifted songwriter and he had beautiful voice. I considered Keith to be not only my best friend but an amazingly talented person. It was a huge privilege to know him. Despite continuing to release records with his other groups Arabesque, Beaumont, Lovejoy and The Snowdrops, Keith's focus shifted away from music in recent years.


He enjoyed a successful career,
first by training as a qualified social worker and then developing a skilled role as Volunteer Services Manager for Age Concern Eastbourne. He was passionate about his work and the need to stand up for some of the most vulnerable elderly people in our society. Keith was exteremly brave and he continued in his work for as long as possible during his illness. I know that Keith was very highly regarded by his colleagues and the people for whom he provided care and support in his work. He was a selfless and gentle person who genuinely affected everyone he knew with his warmth, kindness, humility and humour.


Keith wanted to be remembered, to use his own words, with 'happiness and smiles' - which for those of us fortunate enough to have known him, will come all too easily despite our grief. Words cannot really come close to describing the feelings we have about Keith. However, I know that many people will want to express their sorrow at this news and their sympathy to his family and friends. If you would like to send a message of condolence, or share your memories of Keith, please send an email to:
snowboundipc@yahoo.co.uk Messages and tributes to Keith will be published online in the near future, when a suitable web location has been established.


Richard Preece


May 2007


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20 mayo 2007

La felicidad era esto


La felicidad resultó estar concentrada en apenas cuarenta y cinco minutos de pop vital, divertido, goloso y rítmico. Saturday Looks Good to Me dieron un espectáculo de altura, aún viéndose forzados a hacerlo a toda prisa y a contrarreloj, en el escenario de la sala Neu! y nos recordaron a todos los asistentes que la música puede ser energía, melodía y amor y puede sobreponerse a las circunstancias más adversas.

Saturday Looks Good to Me y su principal factotum, Fred Thomas, han decidido exiliarse en sonidos mágicos y perfectos. En un limbo en el que las canciones siguen haciendo tic-tac al rítmo de los corazones, sin perderse en circunloqios de cinismo, pedantería o estupidez. Cuando escucho a SLGTM me da la impresión de que Thomas sólo quiere divertirse, emocionarse y compartir su talento con el resto del planeta. De hecho eso fue lo primero que dijo al pisar el escenario: hemos venido para divertirnos y hacer que os divirtáis con nosotros. Un planteamiento falsamente modesto que puede hacer pensar a muchos que SLGTM sólo son un ejercicio de estilo más. Un planteamiento sin embrago que, cuando las canciones aparecen, muestra su celestial maravilla cósmica. Canciones hechas para captar tres minutos de verdad y dulzura eternas; tonadas que estarán vigentes hasta que el mundo deje de girar y con él lo haga el último disco.





El sábado noche Thomas y los suyos tuvieron la gallardía de presentarse sin las melosas voces femeninas que tanto encanto añaden a sus discos; desde el primer instante subieron el volúmen y aceleraron el rítmo para llevarnos a un delirio de pop, guitarras restallantes, espectáculo, risas y melodías infalibles. Mucho más roqueros y rotundos que en sus discos, mostrando un reprís emocionante y un alucinante sentido del espectáculo, Saturday Looks Good to Me se centraron en su nuevo repertorio, recordaron que tendrán nuevo disco en K Records el próximo otoño y, poco después se lanzaron a una increíble sucesión de momentos de pop máximo que lo mismo recuerda a Motown, que a Comet Gain que al Crazy Rythms de los Feelies. Como lo oyen. Fueron tres cuartos de hora de rímos locos, de canciones preciosas, de un Thomas que tocaba la pandereta mientras se hacia un punteo (totalmente sic), de baterías que trotaban hacia el infinito apoyadas por unos tambores -también Thomas, al quite- retumbantes, de certeras excursiones hacia la estratosfera, de improvisadas jams de pop progresivo y soulero...




Y los que estábamos por allí sin poder quitar ojo del flacucho rubiales que es Thomas y sus adláteres, no dejábamos de relamernos con las melodías que iban apareciendo ante nuestras orejas completamente abiertas. Melodías muchas de ellas ya conocidas, otras inéditas y novedosas y, las mejores, improvisadas y cocinadas especialmente para la ocasión. Quienes puedan pensar que su propuesta peca de manierismo y esteticismo, tendrían que ver en directo a una banda cargada de inventiva y emoción. Su hits sonaron nuevos: Alcohol más macarra, The girl distracted más richmaniana... Intensidad en estado puro, una delicia que nos dejó con ganas de pasar la noche bailando frenéticos. Muchas gracias, Fred - le dijimos al salir de la sala. El sonrió amable, satisfecho y con un cierto toque de desencanto. Y es que debe ser duro para un tipo como Thomas ver no sólo que se le escamotea el reconocimiento masivo (indie y mainstream, por igual) sino además verse forzado a telonear a unos pelanas como los The Format. Los cabezas de cartel no eran más que un grupo burdo, descaradamente comercialón e incapaces de hilar una sola canción buena. Una mierda, vamos. Menos mal que la sala es grande y pudimos irnos a un aparte a charlar con Marta Fuck Me I'm Twee, recién llegada del Ladyfest Sur con quien departidos animadamante, mientras nos hacíamos cruces pensando que ese tiempo precioso que estaban malgastando los zoquetes de The Format podríamos estar disfrutando de diversión, amor, pop, encanto y bailoteo sin fín. En fín. Al final nos llevamos un mini LP totalente DIY prensado especialmente para la gira (Green Mansions), dos singles preciosos y una sonrisa de esas que sólo se le quedan a uno después de un concierto MAGICO.


19 mayo 2007

Despacho especial: Lisa Germano en Madrid




Y llegó Lisa Germano a Madrid, casi de tapadillo y sin que apenas nadie se enterara. La magnífica propuesta de la Casa Encendida y La Caja de Música nos la trajo a un sitio excelente para conciertos de este tipo: un sitio pequeñito, muy acogedor, y a un horario apropiado para que pequeños y mayores podamos disfrutar de esta serie de propuestas. Ah!, y todo ello a UN EURO. ¿Alguien da más?

Enterarte de su concierto era casi imposible – aparecía en la Web de la
Casa Encendida y poco más-, pero allí estábamos un puñado de niños y adultos disfrutando del encanto desnudo que esta mediodía se presentaba en el auditorio de ese magnífico macrocentro cultural de Caja Madrid, una muestra del dinero bien invertido por organizaciones financieras en buenas causas. Ojalá cundiera más el ejemplo y TODOS los bancos y cajas de ahorro dejaran de darnos por las narices año tras año con los asombrosos beneficios que obtienen y dedicaran una millonésima parte de eso a levantar y mantener sitios como éste. Al menos, Caja Madrid te estruja con hipotecas y comisiones como cualquier banco, pero luego ofrece un sitio así de bueno para exposiciones, talleres y conciertos interesantes.




Pero a lo que íbamos...
Lisa Germano salió al escenario con una falda larga, su pianito, una guitarra medio rota y su amigo Sebastián Steinberg al bajo, para enseñarnos que, cuando los temas, la voz y el talento están ahí, sobra todo lo demás. Debido a la hora y a la presencia de niños y niñas entre el público, el repertorio estuvo plagado de cuentos de príncipes y princesas, de astronautas, de hombres del espacio y de unicornios, todo ello con una sencillez tal que estremecía escuchar tanta preciosidad una tras otra, dejando a un lado su repertorio más crudo y truculento, que tampoco era plan interpretar “Inconsiderate Bitch” delante de las criaturitas, o muchas de las canciones en donde plasma la desesperación en estado puro, que para eso ha pasado muchos años en 4AD, sello en donde nos dejó algunos discos IMPRESCINDIBLES que, por desgracia, pasaron sin pena ni gloria.





Lisa se portó de maravilla, y eso que se le veía algo cansada después de una larga gira que le ha llevado con sus bártulos por toda Europa. Al final, compramos su última JOYA, el más que recomendable y de poético título “In the Maybe World”, discazo compuesto por ella e interpretado a medias con la ayuda a la guitarra de ese chico de The Smiths que se llama Johnny Marr. Mucha gente se la perdió, en gran parte por falta de conocimiento sobre el evento y la artista en cuestión, - aunque también hay que tener en cuenta la apatía de la peña, que para hacer que levanten el trasero hay que utilizar una grúa,- y eso no tiene perdón. De hecho, esto es algo que sucede cada vez más a menudo en esta ciudad. Tocan grupos y se organizan eventos interesantes de los que te enteras a posteriori, y eso NO PUEDE SER. Mucha Internet, mucho Myspace y muchas gaitas, pero luego falla lo esencial: la comunicación.


Ojalá se repitan muchos mediodías más como el de hoy. Y que la gente se entere de lo que se ofrece. Y que se llene el auditorio para pasar unos momentos mágicos, suaves, cálidos, bellos e intensos.

¡¡¡Gracias La Casa Encendida!!! ¡¡¡Gracias La Caja de Música!!!


Federica Pulla

16 mayo 2007

Miércoles con Federica. Viejos amigos


Esta mañana ha sido un poco extraña. Salgo a hacer un par de cosas y me encuentro con gente que hacía así como diez años que no veía. En momentos así, se te vienen a la cabeza cantidad de cosas, ya que – imagino- nuestras vidas han debido pasar por tantas historias que lo que antes nos unía, ahora se convierte en una mera anécdota del pasado. Hablamos de banalidades, como si uno tuviéramos miedo del otro, y nos despedimos con una frialdad tremenda, como si nos hubiéramos conocido hace 10 minutos.


Hubo una época en la que me entró curiosidad saber lo que había ocurrido con gente con la que había compartido muy buenos momentos e incluso años de mi vida, pero a las que, por cosas de la vida, perdí el rastro. Un buen montón de años fuera de España pueden con muchas cosas, y la distancia tampoco perdona la amistad, sobre todo en unos años decisivos en las vidas personales, en las que algunos agraciados se ven catapultados al estrellato - social, económico, laboral – y otros seguimos disfrutando de una vida más o menos estándar luchando por llevar una existencia digna.



Me acuerdo que una vez descubrí una vieja agenda con teléfonos de amigos de la facultad. Jovencitos y jovencitas con los que compartí risas, apuntes, pellas, conciertos, películas, drogas y un sinfín de experiencias de todo tipo. Ojeé aquello y vi que en esas páginas estaban todos y todas: Eva, Colero, Vampirita, Paloma, Carlos ... me pregunté qué había sido de ellos, e incluso cogí el teléfono dispuesto a intentar ponerme en contacto con alguno, pero el miedo me venció. ¿Qué iba a decirles después de más de diez años? ¿Te acuerdas de mi? ¿Qué es de tu vida? 10 –15 años dan para tanto, que la respuesta podría llegar a congelarme y, quieras que no, siempre te queda la cosa de ser tú el que te metes en vidas ajenas (“¿y qué narices hace éste llamando después de 12 años?”)y que, por muchas experiencias comunes que tuviéramos, la gente cambia TANTO, que sabe Dios lo que podría encontrarme.

Los escasos intentos por recuperar las cenizas que podrían quedar del pasado siempre han resultado desalentadores. Es como si el encanto de esas personas se hubiera difuminado, ya que cada cual ha seguido su historia personal y no funciona lo de quedar para ver cómo nos ha ido a ambas partes durante todo este tiempo. Muchas personas hablan de la juventud como la época más dura, pero a mí me resulta más tremenda la época por encima de los 30 años, que es cuando cada cual elige subir, catapultarse con los medios que tenga, o seguir una vida más tranquilita. En el cole y/o la facultad todos somos más o menos iguales - estudiantes al fin y al cabo,- pero a partir de los 30 la cosa cambia. O aprovechas el momento para el estrellato o te olvidas de eso para siempre. Y da la casualidad que es en estos años cuando el estatus social aparece como elemento delimitador, cuando la gente parece unirse por algo más que por la mera amistad, teniendo un papel esencial el uso del otro como contacto (“he quedado a comer con fulanito, que es Director de XXXXX), o el descubrimiento de actividades sociales (pádel, golf, etc) utilizadas para distanciarte del resto que se ha quedado a otro nivel. Y eso por no entrar en el factor inmobiliario, es decir, lo que han logrado LA CASA (casaza o chalecito) cuando los demás seguimos con la casa (alquilada o lugar sin muchas pretensiones).





Eso es más o menos lo que me ha ocurrido hoy. Uno de mis encuentros era una persona de esas que ves y conoces en los conciertos. Me comenta su meteórica carrera profesional, y que ya no asiste a conciertos. Me dice que si yo “sigo yendo a esas cosas”, con una especie de curiosidad mezclada con desdén. Yo no sé cómo responderle, y me limito a decirle que “a veces”. No sé cómo hablar de nada, porque, simplemente, el lazo que nos unía es más superficial de lo que yo pensaba hace 15 años. La música ... esa cosa que está bien cuando eres joven, pero que es totalmente secundario cuando tu vida te lleva por otros derroteros laborales, y que es innecesaria en ambientes en donde hasta queda mal hablar de ello. Y esto me hace pensar que, igual, los que seguimos todavía interesándonos por este tipo de cosas bien pasados los treinta somos una especie de peterpanes, y que seguimos aferrándonos a nuestras canciones como un clavo ardiendo contra el que evitar el envejecimiento y, por qué no, como un arma para luchar contra todo lo que no hemos podido alcanzar y/o hemos repudiado: el chalecito, los puestos de dirección, la actitud trepa o las partidas de pádel. En definitiva, como un ejercicio de REBELDÍA contra el conformismo dominante que nos rodea.



Siempre te queda la cosa de saber si vale más la ambición y el poder económico que eso conlleva que la búsqueda de esquemas laborales alternativos y la supervivencia diaria. O si la sensación que aún se siente al escuchar/ver/leer algo innovador es superior a la adrenalina que puede generarse al ver la cuenta de resultados de una empresa de prestigio o a lograr un reto dentro de una organización.

Confusión total.

Federica Pulla

13 mayo 2007

La cuadratura del círculo



Hace unos días nos enzarzábamos en una polémica (la eterna polémica) sobre la prensa musical, sus múltiples vicios y sus escasísimos aciertos. A cuenta de un artículo sobre Sarah Records, discutíamos sobre el conocimiento, acierto e incluso conveniencia de tener artículos musicales en los medios mainstream y en la prensa generalista.


Al final, la conclusión que sacábamos unos y otros daba vueltas en torno a la idea recurrente de "menos da una piedra". Más vale poco, hilado de aquella manera, contado al buen tuntún y con un par de fotos a color que el arenoso ostracismo, habitual en nuestra prensa diaria. Desterrada quedaba, por tanto la idea de que los medios generalistas puedan llegar a contar con artículos de altura y profundidad para hablar de música. Y no nos referimos a tanto a altura académica como a una cierta sagacidad crítica, la curiosidad necesaria para navegar entre los tópicos más típicos yla capacidad de interpretar (no sólo de contar) los hechos, incluso polemizar sobre ellos. Mucho pedir, concluímos, después de tanto comentario airado, indiferente o resignado.




Pues bien, para que no pensemos que pedir lo anteriormente citado es pedir la Luna, Federica Pulla ha lanzado a mi correo un fenomenal artículo publicado por el semanario británico The Observer sobre los Smiths. Fijándose en la influencia de la banda -la última banda de la Historia del Pop previa al imperio de la ironía - Sean O'Hagan, al que muchos recordarán por ser el líder de los High Llamas y unos pocos menos por ser el cincuenta por ciento de los irregulares, y aún así divinos, Microdisney, describe la relevacia de los Smiths con acierto e inteligencia.

El artículo, que se puede leer aquí, cuenta entre sus aciertos con una atinadísima descripción de cómo los Smiths dieron al indie el empujón necesario que posibilitó la aparición de una nueva brigada de guitarras tililantes:

The parallels were lost on the indie brigade, though, and on the core readership of the NME, who were, and remain, essentially conservative: in thrall to the familiar - young men with guitars and adolescent neuroses. For the indie boys, the Smiths arrived at the very last minute and saved the day.
De la misma manera, O'Hagan da a entender -sin muchos miramientos- que los Smiths cerraron la Historia del pop británico y que, tras ellos, sólo ha habido reiteración formal. A lo que podemos añadir desde aquí cínica mercadotecnia, estupidez y ausencia manifiesta de talento. Tal vez fuesen el último respiro antes del Fín de la Historia del Pop, parece sugerir:
Now, ironically, the Smiths also represent something lost in British pop culture, their premature and messy break-up - the result of Morrissey's self-defeating control freakery as much as anything - has left a hole in the pop landscape that has not been filled by the altogether more obvious noise of the Britpop brigade or the rock-by-rote thrust of the current wave of traditional British guitar bands. You could even argue that, for all their skill and fire, their otherness and eccentricity, the Smiths did turn the pop clock back, ushered in the formal conservatism that was to follow.
Buena aproximación póstuma, por tanto, a la obra de los de Manchester que demuestra que sí es posible que la prensa general dedique páginas consistentes al mundo pop. Claro que también hay que tener en cuenta que estamos hablando de las Islas Británicas, un lugar donde el periodismo musical ha alcanzado sus más altas cotas de relevancia y maestría ¿Es posible trasladar el modelo a nuestro menudo panorama?


11 mayo 2007

Tonadas karpovianas. Il cielo in una stanza


La verdad es que esta semana no tengo demasiado que contar. Por eso, antes que hablar de los insoportables Lucky Soul, prefiero inaugurar una sección nueva, aperiódica y discontínua, dedicada a las canciones que me intrigan, fascinan y obsesionan. Y ¿qué mejor que comenzar la serie con esa balada mesmérica que es Il cielo in una stanza?


Sin ser demasiado aficionado a la canción melódica italiana (a pesar de su dramatismo impostado y su tontuna inherente), tengo que reconocer que siempre me ha parecido que esta canción de Gino Paoli tiene una carga importante de misterio. Se trata de una descripción, un poco saturnal, del abandono y la disolución ¿Disolución amorosa? Es posible, pero no necesariamente. La ilusión y la nada se dan cita en la extraña intensidad cadenciosa de la canción de Paoli. A medio camino entre la realidad y el deseo, el sueño y la vigilia, la enajenación y la nada, se trata de un extraña invitación a desaparecer. Una proposición inocente que esconde una intención crepuscular y perversa. Por alguna razón siempre asocio esta canción al disco Desertshore de Nico y a los pocos fotogramas que he visto de su (malrrollista a tope, se intuye) película hermana, La cicatrice interieure de Philippe Garrel.




Por eso, me fascina la imagen de esa jovencísima Mina que, cual sonámbula loca oscila entre la pasión amatoria y el olvido en una extraña escena musical que no hubiese desentonado en Blue Velvet. El vestido blanco inmaculado, coronado sin embargo por esa capita de tul negro, casi alegórica que cubre unos brazos que se adelantan con ansia para abrazar la nada; los extraños músicos tristes vestidos de rojo, al fondo; las asfixiantes plantas artificiales sobre una noche de verano terminal... Y Mina que entrecierra los ojos para, de repente, abrirlos con gesto ido mientras cuenta cómo el universo se consume devorado por una extraña fuerza psíquica. La histeria contenida, la destrucción inminente y el amor caníbal. El mal estético y egoísta de las mejores canciones románticas. Y qué jovencita y qué aspecto de maniaca tiene.





Otra cosa es la versión del Gran Maestro Battiato que da a toda la historia un acento
mucho más místico. Con su serenidad oriental y esas gafas oscuras, aparece cegado por la Visión. De vuelta de una inmersión en el Absoluto Relativo de Paoli, Battiato parece haber accedido a un nuevo estado de conocimiento alegórico. No en vano esta versión está incluída en su introspectivo disco Fleurs3, donde parece regresar al fondo de sí mismo a través de las canciones que le convirtieron en lo que es.



Personalmente, esta canción, en ambas lecturas me parece una más que intrigante oda al abandono de uno mismo. Y me sorprendo en más de una ocasión tarareándola como si fuese un extraño mantra. En la versión de Mina, este abandono pasa por la combustión instantánea y varias ascensiones y caídas y tiene un toque a medio camino entre Lynch y Breton,un estilo con el que me siento más identificado. Battiato es demasiado sabio para mi gusto.

Por si ustedes quieren cantar cuando no se puedan dormir les dejo también la letra para que la musiten como quien llama al ángel exterminador o al amor de su vida.

Quando sei qui con me
questa stanza non ha più pareti
ma alberi,
alberi infiniti
quando sei qui vicino a me
questo soffitto viola
no, non esiste più.
Io vedo il cielo sopra noi
che restiamo qui
abbandonati
come se non ci fosse più
niente, più niente al mondo.
Suona un'armonica
mi sembra un organo
che vibra per te e per me
su nell'immensità del cielo.
Per te, per me:
nel cielo





09 mayo 2007

Miércoles con Federica. Días en suburbia




Hace ya algunos años que me retiré a la periferia. Harto de vivir en la ciudad, harto de ruidos, harto de obras, harto de no poder aparcar, HARTO DE MADRID, me refugié en las afueras de la ciudad.


Me ha costado acostumbrarme a vivir aquí. Aunque hay tiendas –en las afueras de las afueras– la vida sin bullicio me resultaba un poco extraña. Incluso ahora, echo de menos salir y verme rodeado de gente, y dar un paseo sólo por el hecho de ver tiendas. Esto es más como una ciudad dormitorio. La gente huye en manada a trabajar fuera de las afueras y regresa a casa después de largas horas de atascos. En mi caso, como trabajo en casa, no tengo que sufrir esos horrores todas las mañanas y todas las tardes. Y cuando lo veo, me pregunto siempre si merece la pena perder dos horas de tu vida (como poco) atrapado en un vehículo y rodeado de seres iguales de cabreados que tú. Un misterio por qué la gente NO comparte coche. Será cosa de la insolidaridad de la vida en las afueras, en donde la palabra vecino está perdiendo su significado, y en donde aprendes a la fuerza una serie de comportamientos asociales propios de estos lugares como, por ejemplo, no saludar a nadie, no ofrecer ayuda a tu prójimo, y lucir lo que tienes o lo que no tienes cuanto más puedas. Por aquí, tener un Q7 para llevar a los niños al cole es algo normal. Tengo un par de vecinos que llevan a sus hijos al colegio – que está a dos minutos andando – en BMWs y en despampanantes 4x4. Literalmente, dan la vuelta a la esquina, los recogen y vuelven a casa.



Y divorcios. Muchos divorcios. Las parejas no duran nada. Cada vez que veo un cartel de “se vende” es muy probable que se deba a un divorcio. Es normal... el síndrome de las “desperate housewives” ... mujeres abandonadas por maridos abandonados que tienen niños a los que abandonan, con lo que, al final, es mejor abandonarlo todo.



La vida en la periferia es extraña, fría y dura. Sobre todo si la ves desde fuera rodeado de un gran caparazón y de gran sentido crítico. Aquí no existe la amistad, sino sólo el interés. La gente se te une por lo que puedes darles, no por lo que ofrezcas. Hablas en el parque con personas que al día siguiente las ves por la calle y no te dirigen la palabra.



Este es un entorno duro para un indiekid. Ser indie y vivir en las afueras es casi incompatible. Aquí no hay modernos, y parece que la gente vive para el trabajo y para lucir sus posesiones. La cultura – en cualquiera de sus manifestaciones – es algo muy secundario. He aprendido a ser autosuficiente en este entorno un tanto hostil, y sobrevivo gracias a Internet y al pésimo servicio de Correos que, aunque tarde siglos en llegar, forma una parte esencial de mi vida. A veces pienso que el cartero debe estar sospechando de mí en gran medida, preguntándose qué contendrán esos paquetitos que recibo tan a menudo y por los que estoy siempre tan ansioso por ver que llegan y cómo llegan. De todas formas, aunque viviera en Madrid seguiría utilizando una gran parte de estos proveedores, porque las tiendas me resultan caras en su inmensa mayoría, y el saldo del banco no da para mucho.



Pero vivir aquí aísla. Te lo piensas dos veces antes de tener que coger el coche para ir al centro a, por ejemplo, un concierto, aunque cada vez me apetece menos salir hasta las tantas de la noche. Y los conciertos suelen empezar muy tarde. Creo que, aunque viviera en el centro, tampoco iría a tantos sitios por la noche. Cuando vuelvo a Madrid observo con pesadumbre que esa ciudad que yo pensaba que era MIA está desapareciendo a marchas forzadas y que, sobre todo en verano, es un sitio INSOPORTABLE para vivir. Y caro. Y sucio. Y contaminado. E incluso hostil. La conocida camaradería gata está llegando a ser cosa del pasado y la convivencia se está acercando a la falta de contacto que ya sufrimos los que vivimos en la periferia, pero en pisos más antiguos y caros. Imagino que para jóvenes sin ataduras familiares, la ciudad debe ser un lugar muy interesante, pero en cuanto te ves rodeado de churumbeles, es un sitio casi imposible, y aprendes a ver las excelencias de la vida en las afueras, volver del parque recogiendo flores silvestres, y dar grandes paseos por las dehesas de la zona, rodeado de pinos y margaritas, con la sierra enfrente y el campo inmenso para ti. Más indie ñoñi imposible.


07 mayo 2007

Poesía magnética, poesía simple



A veces es sorprendente cómo se nos puede pegar un grupo a los mil y un recovecos de nuestra vida. Hace unos años un buena amigo me dio un cedé-R con mil canciones de Dear Nora y, desde ese mismo momento, la no-banda de Katy Davidson se convirtió en uno de los grupos más importantes de mi vida. Puede que otros tengan más méritos, más canciones, más salero, pero fueron las canciones de esta chiquita las que han llenado horas y horas de mi vida con una poesía sencillita y cariñosa.


The New Year (Magic Marker, 2002) es la segunda referencia en la discografía de la buena de Katy. Con múltiples y variopintas formaciones, con la ayuda de la legendaria Amy Linton, ha venido grabando aquí y allá delicias de indie-folk diminuto, doméstico, artesanal y artístico (en el sentido más puro, elevado y disfrutable, de la palabra) desde 1999. Hay otros discos suyos con canciones más pegadizas, como el ESENCIAL We'll have a time (Magic Maker, 2001); más largos y elaborados, sin ir más lejos Mountain Rock (Magic Marker, 2004). Hay EPs que no lo son, que son discos cortitos y concentrados y que están llenos de guitarras tililantes que recuerdan a las divinas Softies o a la maravillosa y majísima folkie a la k recs que es Mirah, como Dreaming out loud (Magic Marker, 2000). Pero The New Year es, para mí, el más precioso, el más sobrio y el que está dotado de una belleza más elevada, beatífica y melancólica. Esta tarde estaba en mi buzón, y gracias a la eficacia de los señores de la segunda mano de Amazon UK por sólo seis euros (gastos de envío incluídos).




The New Year es una intimista colección de canciones especiales. Es un viaje peculiar a la simplicidad y a la sinceridad. Se trata de un mal llamado EP porque cada canción está apuntalada por una sutilísima coda. Así que para el observador menos sensible las canciones no instrumentales sólo son ocho. Sin embargo su aparente brevedad (es un disco interminable, ya que vuelves a él una y otra vez) sólo aumenta la emoción y el enorme amor cósmico que contagia. Planteado como una búsqueda de lo esencial, sus letras se inspiran con acierto en la alegórica quietud de la naturaleza, en el amor, en la angustia y en una melancolía fugitiva. Cada vez que escucho este disco no puedo evitar emocionarme y sentir un nudo en el estómago. Estas canciones microscópicas, contienen un hondo sentido, un vitalismo discreto pero definitivo. Una sencillez emotiva y esencial.




La naturaleza del amor (A polar bear), el paso de las estaciones (On to september), el amor que supera la naturaleza (As vast a you)... este disco logra retratar esa tristeza infinita que decían los beatniks que producía la observación amorosa de la existencia. Es demasiado pequeño e imperceptible para ser una obra maestra; es mucho más que eso es un disco especial. Que te da ganas de llorar sin saber muy bien si las lágrimas son de alegría o de pena. El primer recuerdo que tengo de la música es esta sensación esencial de angustia y dicha simultánea. Algo de eso vuelve cada vez que escucho este The New Year. Aunque sea una mínima parte del ensueño difuso de la infancia, la sensación no tiene precio. Éste es un disco que celebra la grandeza mínima de ser persona humana en un cosmos grande y etenamente triste. Un disco, en fín que, apareciendo un lunes cualquiera en el buzón, viene a recordar que las cosas esenciales de la existencia no siempre deben quedar fijadas con la terrible Forma de la Obra Maestra, sino en un lenguaje más cariñoso, dúctil, amoroso y sencillo; mas discreto y cercano. Más de persona, ya digo y que recuerda que el ensueño casi nunca se encuentra demasiado lejos para quién se deja llevar por la emoción, aunque ésta sea imperfecta.




Coda-homenaje.- Dear nora se despidió del mundo real en 2006. Cuando su música empezó a evolucionar hacia postulados estéticos menos esenciales, Davidson en un gesto de coherente conciencia lírica decidió dar por terminado el invento. No habrá más discos de Dear Nora, por lo que su legado queda inmaculado en lo fonográfico. Ella sigue girando con este nombre. Ahora mismo, según su espacio, está en la Gran Carretera Americana de la Vida. Estaría muy bien tenerla en algún Ladyfest de todos los que se celebrarán en 2007, creo yo.

Espacio de Dear Nora


06 mayo 2007

Sinsentido arácnido

Al final no pudo ser. No saqué la correspondiente invitación para entrar en el Low Club por la cara, no estuve puntual en la puerta y no quise pagar trece eurazos, trece, por ver de nuevo a los Tarántula ¿Hice bien? ¿Hice mal? No lo sé, el caso es que, a modo de premio de consolación dejo aquí unos documentales autoedtados por el grupo y una reflexión en torno al tarantulismo publicada en blog B'dum B'dum.


Una pena, la verdad, porque tenía ganas de ver qué tal les ha sentado a los barceloneses su particular año de tarantulismo y de viaje interior y exterior por la Península. Yo, que no lo veía muy claro desde el principio (a pesar de que el LP Esperando a Ramón me parece una de las mejores cosas que pasaron el año pasado, aunque no LA MEJOR como dicen muchos), he estado toda la semana con el que si-que-no-que-si-que-no. Al final por no enviar un correo electrónico al Low Club, por la pereza tonta, me quedé fuera. Otro día hablaremos de esta política de regalar conciertos para llenar la primera hora de un macro-discotecon y si es acertada o no. El caso es que otra vez será. Si alguien fue, ahí estan los comentarios para lo que guste decir acerca del evento.





B'dum B'dum les vió hace unos dias en Barcelona y sacó estas conclusiones.


Y la videográfía básica de Tarántula, según el youtube...











04 mayo 2007

El control de los medios de producción sentimental


El reconocieminto y el éxito masivo constituye la eterna e irresoluble paradoja a la que se enfrenta el indie-pop y, en general, toda la contracultura y el undreground. Pese a que sus programas buscan el reconocimiento masivo, la democratización del arte y poner la creatividad al alcance y servicio de todos, cuando el público general se acerca a su pequeño mundo, curioso y sinceramente interesado por sus actividades, se cierra en banda en aras de la integridad, la pureza y la ética subterránea.


Si este acercamiento tiene por objeto uno de los fetiches que con más fuerza ha brillado en el universo indie-pop como es Sarah Records, el recelo se puede tornar ira y feroz desengaño. Una sensación que no pude reprimir cuando vi escrita en las páginas de cultura de un diario nacional la palabra twee (a la que tantas, tantísimas vueltas hemos dado). Máxime cuando, tras mirar dos veces incrédulo, pude observar que servía para ilustrar un artículo sobre la legendaria discográfica de Bristol. Sin embargo, tras con detenimiento concluí que no estaba nada mal. Recordaba que este año 2007 se cumplen 20 años del nacimiento del sello. Si tanto nos quejamos de la indiferencia inicial que rodeó a los 20 años del C-86, no podemos quejarnos ahora de lo contrario.





Obviamente, la pieza publicada en el suplemento Cultura/s del barcelonés diario La Vanguardia no se acerca al rigor de ese legendario artículo de Manuel Soleado que circula por la Red y que, en mi opinión, sienta cátedra de manera definitiva sobre el sello, su trayectoria y significado. Pero hay que reconocer que está muy bien. Documentado y consecuente es un primera paso para que, por fín, se empiece a reconocer que el indie-pop es una parte MUY IMPORTANTE de la historia de la música pop ¿Cuántas veces hemos hablado de lo injusto que es el desprecio de la crítica general hacia los sonidos más pop? Pues está muy bien que en un suplemento de cultura serio hagan un artículo ameno, bien escrito que sea capaz de ir más allá de lo anecdótico para contar en qué consistió el movimiento indie. Sin banalizar, sin ideas preconcebidas sobre el infantilismo o la melodía, redactado desde el aprecio, el conocimiento y el reconocimiento. Ojalá saliesen más artículos así en las revistas de música. Se lo he escaneado y pirateado para que lo lea tranquilamente quien no tenga la costumbre de comprar este diario. Para respetar el espíritu DIY lo he troceado en dos, eso sí. Se lo montan ustedes en su casa con su impresora y su papel celo.





Y a quien proteste, o le diría que nuestra condición indie no os puede hacer olvidar una faceta esencial de toda la historia. El indie-pop nunca quiso quedarse en las catacumbas; el suyo era un programa para cambiar el mundo. En sus inicios la filosofía DIY tenía que ver con la democratización de los medios de producción culturales y no con el sumirse en un mundo aislado y protegido de los peligros exteriores para entregarse a un pajillerismo autocomplaciente. Si hubiesen podido elegir, los muchachos de los flequillos hubiesen ido a cantar las cuarenta a cada una de las radios de esa Inglaterra thatcheriana que, como bien nos recordaban hace una semana, hemos mitificado hasta lo ridículo. Que, en los tiempos que corren un diario de tirada nacional dedique su espacio con textos de calidad, accesibles y perfectamente comprensibles para el público general, sobre el significado de determinados sellos está muy, pero que muy, bien. Aunque la tribu se enfurezca y toque a rebato desde sus trincheras virtuales, llamando a conservar los principios del movimiento intactos aún a costa de traicionar su espíritu vitalista y su ansiedad por contar y cantar las cosas.


Nota: hay que hacer click en las imágenes para poder leer correctamente el texto, que hay que decirlo todo.