19 mayo 2006

The Research y The Concretes o la crónica de una primavera en el overground


No siempre se pueen p
edir milagros al otro lado de la tapia de casa. Independientemente de que nos duela más o menos esta España nuestra, la industria mundialde comercialización de contenidos sigue haciéndose con más y más segmentos de mercado a fuerza de llevar a sus últimas consecuencias el estilo alternativo-comercial. Los departamentos de marketing cultural están que arden; habiéndose subido al carro de la ficción multirreferencial y la utopía de la calidad total, viven sus mejores momentos. Ni siquiera la piratería impide que los Arctic Monkeys o los Spinto Band sean un éxito de público y, sobre todo, de crítica; así que el overground, sin demasiados rivales ya, se ha lanzado a la conquista de la posición dominante. Con el fín ultimo de ser el generador único , y no solo un mero distribuidor monopolístico, de la cultura juvenil planetaria.


Sobre todo ahora que la mitad dominante del planeta necesita olvidarse de la forma de la pirámide de población por la cuenta que le trae, es el momento de recuperar juventudes perdidas, ajenas y ficticias. Gracias a los quintacolumnistas de la revista Mojo, podemos disfrutar de una treintena dorada que nos ofrece música de calidad con hermosas coartadas fake-teen sacadas de la historiografía rock. Es el maisntream hecho a nuestra medida, así que ¿por qué no disfrutarlo sin complejos de culpa? Sí, es cierto que alguién podría seguir luchando con una cierta dignidad contra el ogro corporativo pero, cuando hasta Calvin Johnson se ha rendido y promociona a sus grupos en MySpace, ¿qué nos impide sentarnos y disfrutar de este final de la ética juvenil? Realmente, nada. Así que vamos a dejarnos de melancolías e intrahistorias y a disfrutar de las penúltimas joyas pop que nos trae el Sistema: The Research y The Concretes . Inconvenientes ofrecen muy pocos (tal vez una notable falta de carácter, lo que no es demasiado dramático ya) ¿Y ventajas? Además de que les puedes olvidar cuando quieras, todas estas...



The Research son un trío de Wakefield, Leeds, que no emplea ni una sola guitarra eléctrica. Para Plan B son el colmo del pop indie; en realidad, la nueva sensación de la EMI para poner música a un verano de amor, desamor y melancolía. Cuando te abandone en mitad del festival de turno esa chiquita o chiquito tan pintón y tan moderno, siempre te quedará su primer LP (Breaking Up) grabado en tu iPod nano. Este trío formado por un pajero con gorra de beisbol que toca el casiotone, una bajista de portentosa imagen y una rubita batería han conseguido sonar como la mezcla pluscuamperfecta entre Blondie y Stereolab. Te quiero pero tengo miedo de chafarlo todo, es el leit motiv de un disco plagado de canciones que merecen estar muy de moda este estío. Y yo les quiero, aunque tengo miedo de que me dejen con tres palmos de narices en unos meses. Así son los desencuentros. True Love Weihgts, I bet if we kissed, Love me tender o The way you used to smile... bonitas, modernas, canciones intrascendentes que tienen su cénit en el super-single Lonely hearts still beats the same. Me quieres, no me quieres; no se si podré cambiar, los corazones solitarios laten igual que el resto: es biológico (it's not romantic / it's just automatic); y los discos de temporada te salvan un verano, c'mon cameleon. También es biológico. La maravilla de la historia es que olvidarás a ese chiquito, no pensarás más en ese festival y borrarás de tu iPod nano estas canciones tan hermosas con las que lloraste y soportaste la canícula y... ¿no es esa la magia del pop de gran consumo?



The Concretes son otra historia porque son suecos. Para empezar, la imagen es desastrosa de puro indie y neo-liberal que resulta; esos chavalotes casualmente vestidos de modernos, esas niñas con flequillo y cara de raspa, esas maneras de listos de la clase ... vamos, que hay que hacer de tripas corazón para no sentirse culpable al escuchar su perfecto pop orquestado. Primaveral, goloso, rutilante y sin la modesta pretenciosidad de los británicos, su LP In colour es, todo él, un puro un ejercicio de estilo. De sebastianismo neo-hippie, en concreto. Mucho más logrado que el horror de los Magic Numbers o la farsa trágica de los citados Spinto Band, además. Así que, mientras los modernos se distraen con The knife, el resto de mortales tenemos que aguantar los remordimientos de conciencia por traicionar la autenticidad de Essex Green esuchando estas cosas de una hermosura insulsa pero gratificante. Porque, se mire por donde se mire, el disco tiene canciones sobresalientes como Chosen One, Sunbeams o incluso la, en el fondo estupida, Song for the songs. A veces uno no se puede negar a estos encantos. Si el disco de The Research es la perfecta y desechable banda sonora para un caluroso verano de confusión y desamor, The Concretes pueden acompañar una condescendiente primavera con una suerte de radio-fórmula after-indie repleta de canciones preciosas que distraen sin hacer daño. Curiosamente, son otro producto de EMI. ¿Pensada estrategia de gama o mera casualidad?


Bonitas canciones en ambos casos. Perfecto pop repleto de estrofas, mágicas en su vacuidad. Porque, a pesar de todo, escuchando estos discos uno no deja de preguntarse si no merece la pena, a veces, dejarse mecer por estos cantos de sirena. A fín de cuentas, es un placer inmediato, reativamente amable y poco costoso gracias a las redes P2P. Cuando el indie ya es masivo gracias a las aplicaciones domésticas de distribución planetaria instantánea ¿no nos trae la dulce intrascendencia del soma de multinacional un recuerdo de aquellos tiempos en los que la masa era homogénea y la radio se deshacía en odas a la caducidad juvenil? Posiblemente, pero, hay algo que nos chafa esta primavera overground: y es que, al es fijarse mejor en estos grupos, uno ve lo lejos que están cronologicamente de desengaños, inocencias y entusiamos juveniles. Trampas, cartones, resabios que borraremos de nuestros pequeños reproductores mp3 cuando nos demos cuenta del engaño. Sin embargo, qué bonitas son esas primeras semanas pletóricas de tontería y estribillos, cuando uno todavía está lejos de la anunciada decepción ¿verdad?

5 comentarios:

J. dijo...

Oiga, no entiendo por qué le parece mal que Calvin Johnson ande por myspace. ¿Por qué lo interpreta como una rendición?
La falta de carácter siempre es un problema

Doggy dijo...

Estoy de acuerdo en esto último con J. Calvin Johnson me la pela. Los lirismos finales tienden a estrpearte al andamiaje que, esta vez, me ha parecido especialmente acertadísimo. Las Pulpas, anoche, geniales en el Nasti, pese a rozarse lo tunotunotuno con invasión de escenario. Las alemanas aguantaron el tipo, lo cual, anoche, ya era un logro. Abrazos y besos!

Karpov Shelby dijo...

Para el tema myspace se puede consultar la acertada reflexión en el blog-zine fuck me i'm twee (otra vez) en

http://fuckmeimtwee.blogsome.com/2006/04/20/tu-mierda-de-espacio/

y reflexionar sobre el mantra de K Records y el ogro corporativo.

Pero solo reflexionar, que no vamos ahora, desde esta realidad, a ponerle los puntos sobre las íes al señor Calvin. Ni mucho menos.

Lo del andamiaje me hace ilusión, por lo anómalo, y lo del lirismo... ¿qué sería esto sin los lirismos finales?

Anónimo dijo...

Toca la nota pedante: tanto The Spinto Band (merecen otra oportunidad, Karpov, sobre todo si sigues disfrutando Of Montreal) como The Concretes existían mucho antes de EMI. En ambos casos los discos de debú (como deletrea la ortodoxia del pensamiento único) llevaban un par de años siendo disfrutados por el underground más reducido. No debería relacionárseles con la multinacional más de lo necesario, y nunca artísticamente. Se trata de un caso raro y afortunado de A&R avispado que sabe pescar y al que hay que desearle suerte (no durará).

Z

Karpov Shelby dijo...

El disco de The Concretes me ha parecido asombroso, muy bueno... poco se puede decir de él, salvo que tanto talento y autocomplacencia en la melodía perfecta hace añorar una cierta falibilidad.

Por contra, The Spinto Band no me dicen nada... algo he leído en alguna crítica sobre la historia de la comuna y tal. Pero aún así, lo veo "alternative commercial", aunque sea facturado de manera inconsciente por los propios artistas. Incluso desde el underground. Radio fórmula moderna y conductista, podría ser...

En cualquier caso, lo que está claro es que este overground se disfruta, desde luego. Y mucho.