01 febrero 2006

Comet Gain y mil razones más para odiar la música pop

Everett True se asusta mientras Kiko Amat canta las virtudes de sus amigos británicos al rítmo del consabido sonsonete mod-punk. Y aún así, lo del último LP de Comet Gain se trata de mucho más que unas cosas y las otras. Trata de una épica en absoluto fluída, de la dependencia monolítica de las sensaciones grabadas en una cinta de varios y de las cosas de las que no te olvidas. De la imposibilidad de cambiar tu vida, al fín y al cabo. Y es que un día gris decides no mover ficha y sales a dar una vuelta y morderte los labios. Orgullo y soberbia, aficiones, aflicciones y obsesiones, posters que te observan desde la pared, la importancia del orgullo mal entendido. Tú y yo contra el mundo corriente y moliente. Cuando el tiempo te lo haya quitado todo te acordarás de que nadie que haya amado sinceramente traicionará ese amor. Y si me buscas me encuentras, porque yo ya no me marcharé de aquí... Sí, todo esto está en el último LP de Comet Gain. Y a Everett True no le gusta y a Kiko Amat, sí. ¿Estás preparado para que te rompan el corazón?


Y al final son únicamente discos y sólo se trata de si son capaces de dejarte algún arañazo en el ánimo. En algún momento tenía que aparecer este disco en estas páginas; Comet Gain harán mejores o peores canciones pero siempre hacen música con actitud y con errores de bulto. Ya no importa si para muchos este City fallen leaves (Track & Field, 2005) se queda corto ante el ruidoso y punk Realistes, o para otros es un paso que les devuelve a las digresiones de aquel Tigertown Pictures, mientras para el resto se trata del punto intermedio y perfecto entre Magnetic Poetry y todo lo anterior, una síntesis accesible, una obra maestra... El caso es que es un nuevo disco de Comet Gain y lo esperas y sales a comprarlo y lo escuchas y lo devoras. Y a estas alturas, eso ya es un logro porque estamos todos resabiados por la edad y los programas P2P. Pero estos discos de esta gente los compramos por actitud, por pura fiebre indie. Por escuchar consignas. No vendas tu alma, y di SÍ al socialismo pop. ¿Es el mejor disco de Comet Gain? ¿Es el peor? No lo sé. No me importa.


David Feck y los suyos han hecho un disco sobre su imposibilidad para madurar. Y, de paso, sobre la nuestra. Más allá de las canciones (casi siempre anécdóticos vehículos para trasladar actitudes,ideales, angustias o ansiedades ya no tan adolescentes), han conseguido transmitir todo lo que representan la música pop y la cultura juvenil cuando la zarpa del tiempo empieza a hacer mella en ellas. Han hilado la banda sonora perfecta para aquellos que suscribimos que “son las cosas no las personas las que cambian”, como dijese Boris Vian. Una vez escuchamos a las Supremes y a los Go Betweens y creímos todo lo que decían; en aquel momento descubrimos una verdad inmutable. Algo que nada en el mundo podría cambiar y si el mundo cambia, peor para el mundo. Comet Gain han conseguido articular todo esto en 15 canciones, lo que no deja de tener su aquel. El mundo cambia, efectivamente, pero, si alguna vez creíste en aquellas canciones, tú no puedes cambiar como lo hacen las cosas. Así que, auí estamos, como lisiados psíquicos o idiot savants, escuchando a estos Comet Gain que cantan para todos los que pensamos que siempre habrá madres malvadas que te digan que los niños son los únicos que se ruborizan y la vida está sólo para morirse.

A Everett True, padre reciente, esta actitud le parece suidica, enconada, freak (ya lo dice en su crítica en el último Plan B); y se escandaliza ante tanta obcecación, ante esta negativa a crecer y aceptar los hechos tal y como son... Y es que, es cierto que este es un disco inmaduro, obvio, fácil, sincero, mediocre, inmediato, cabezota y enconado. Nada que ver con los correctísimos ejercicios de estilo modernos, ajenos a cualquier conflicto interior, que gustan a los treintañeros actuales. Definitivamente, Feck y los suyos se han quedado atrapados al otro lado del espejo y son perfectamente conscientes de ello. Han creído en las canciones eternas, en las cosas que no se olvidan, en la necesidad de no dormirse mientras suenen las guitarras y, tal vez serán libres de nuevo algún día, pero empiezan a intuir que es posible que sea poco probable. Es el fallo de esta música que amamos tanto: te puede atrapar para siempre en su limbo y, entonces, odiarás al mundo que, sin embargo, se mueve...


Plagado de fracasos, aquí se resumen las mil razones para odiar la música pop en tanto en cuanto que paraíso con fecha de caducidad (Days I forget to write down, This english melancholy, Daydream Scars) y las mil razones que hay para amarla en cuanto que instante eterno que puede hacer que todo cobre un sentido trascendente en la fugacidad(Just one more summer before I go). Es el testimonio de aquellos que no pueden dejar de creer en lo que creen, aunque sea ridículo o inadecuado. Ese orgullo del desatino aparece tan remarcado en Ballad of a mix tape (we felt so proud to be underground), que daría verguenza ajena si no fuésemos capaz de ver, en esas frases berreadas, ideales en los que una vez nos reconocimos de manera absoluta. Desesperación y orgullo en cada canción (hay que descubrirlas, no vale que las contemos aquí)... ¿Un sonido obvio? Sí, es muy posible, pero así son esas cosas. Imposibilidad de rendirse porque, como les sucede a los personajes de los cuentos infantiles y juveniles, llega un momento de la historia en que no puedes volver atrás. Y esta situación también tiene su trampa y su cartón. Aquí aparecen juntas la grandeza y la pequeñez de la música pop. Como aventura y como engañifa pueril que es posible que contribuya a hacer la vida un poco más roma. Sí, nos sentimos tan orgullosos de ser underground, ¿y...? Sólo Comet Gain, con su combatividad y su férrea fé en el pop podía reflejar esta dualidad tramposa con espontaneidad y alma. Qué duda cabe que, a veces, en el trazo grueso puede estar contenido todo el mérito de un disco.


Efectivamente, hemos intentado no olvidarnos, mantenernos despiertos, pensar y movernos continuamente... pero los chicos en el club siguen hablando del amor y la poesía y no sirve de mucho, la verdad. Y esta es la angustia que Comet Gain dejan entrever aunque finalmente acaben por decir SI al socialismo pop y a la revolución, no vendan su alma y reconozcan que no pueden esconder su amor para siempre, ahí están las mil razones para odiar esta música que nos ha hecho ver el otro lado del espejo y nos ha enamorado hasta el punto de no querer regresar jamás. Y ni las canciones son redondas, ni el sonido es el ideal, ni toca dan Treacy como pone en los títulos de crédito. Pero eso, como habrán supuesto unos y otros es lo de menos porque aquí están dichas las verdades que nos quitan el sueño y cantadas con melodías que podemos reconocer porque las hemos oído toda la vida en nuestra cabeza. Y nadie más que ellos tienen, en este momento, derecho a hablar de nuestros corazones rotos, y si lo tienen es porque los nuestros y los suyos se parecen mucho. Y, al final, ésas cosas son las que hacen que te guste un disco, aunque las canciones no vayan a ser perfectas nunca más.


3 comentarios:

marta dijo...

o mil razones para seguir aferrándose a ella... a mí la canción the punk got fucked, que por otra parte hay que decir que es una mierda de canción, me parece lo más triste del mundo, me recuerda al "ya no soy joven, ya no punk, ese saco de cenizas queda de mi actitud" que resume el último disco de tcr. me parece supertriste pero me encanta. y por eso escucho (y soy) pop.

Alberta Ruga dijo...

Comet gain es un grupo que no deja de sorprenderme con cada disco que sacan. Esa mezcla de rrrrrrrabia con sus hazañas sobre la vida diaria y sus pensamientos idealistas son siempre maravillosos. Tendrán discos mejores o peores, pero siempre son de EXCELENTES para arriba, cosa que, hoy en día, es ya mucho decir en un mundo tan lleno de basura.

Sólo por gemas como "draw a smile upon an egg" ya merece tener este disco.

Aniuxa dijo...

Me cuesta mucho encontrar música de ellos :(