28 enero 2006

Herbert Brandl, Otto Zitko y la impostura de la placidez

Para los que pensábamos que la tan traída y llevada Era del Vacío había quedado cerrada con el cambio de siglo y de aires políticos, nos resulta llamativo ver que todavía existen reductos que no se resignan a abandonar una cómoda tranquilidad espiritual. Como si aquí no hubiese pasado nada, la envidiada modernidad trans-germánica (¿queda alguién por allí que todavía no se haya animado a pasar por Berlín y alrededores?), sigue ofreciendo dulces ensueños y actos artísticos tranquilizadores. Desde esa envidiada Mittleuropa de la mente, los austriacos Herbert Brandl y Otto Zitko, presentan una colección de ensueños, bromas y visiones cómodas que resultarán estéticamente placenteras siempre y cuando se tenga la mirada y el ánimo acostumbrados a una pausada (y agradable, por otra parte) banalidad.

Excelente aperitivo mental para que podamos abrir boca antes de ARCO, dedicado este año a Austria; así los profanos vamos teniendo el paladar hecho para los canapés estético-psíquicos que nos deparará nuestra cita annual con la actualidad artística. Brandl y Zitko nos presentan una colaboracíón relajada, intrascendente y simpática para que podamos ocupar nuestros pensamientos y retinas durante un rato con visiones dulces y modernas. Impactos visuales que producen placer contemplativo y deján tras de sí un vacío sin angustia calmante y benigno. Algún día agradceremos estas formas de arte que, carentes de estridencias, despliegan su ausencia de contenido sin caer nunca en el mal gusto habitual propio de las raciones de infotainment que nos lanza la Estructura Cultural. Es cierto que esto es el Mundo del Arte y no hace falta aplicar estéticas más duras: Brandl y Zitko pintan para los escalones altos de la pirámide de Maslow y no es necesario desplegar estrategias de sumisión visual como hay que hacer con la clase media. Así que, ante todo, mucha tranquilidad.

Brandl y Zitko juegan con habilidad la baza de los formatos, colores y formas; presentan aquí cuadros bien hechos, de impecable acabado y pintados con habilidad y gusto. Los trazos de Zitko, sus marañas caligráficas, sus colores ácidos y la sensación de haber encontrado una aproximación segura al caos a través de un informalismo de moderado salvajismo conectan a la perfección con las elementales y serenas figuraciones de Brandl. En ambos casos, impera una sensación de relajación, vacío y seguridad que sólo se ve animada por una tendencia en ambos a prácticar un feismo esteticista y sin aristas. A Brandl corresponde ilustrar una amable contemplación de la naturaleza en la que las formas se pierden de vista sin que uno se de cuenta... una curiosa manera de deslizarse hacia la abstracción igual que se queda uno dormido bajo un árbol.


Se da una correspondencia perfecta entre ambos artistas: a la narcótica serenidad que se diluye en paisajes en los que la calma y la inquietud se confunden gracias a una paleta de colores relativamente ácida (Brandl) responde el revoltijo entrópico de un viaje interior que disuelve los posibles sobresaltos en atracciones psicodélicas dejando que la observación distanciada del caos interior se reduzca a un cosquilleo en la conciencia (Zitko). Estas pinturas son empáticas, cercanas, casi hogareñas en su aproximación a aquellos paisajes existenciales que, si bien en otras épocas podían llegar a producir vértigo en la actualidad son generadores de sensaciones en las que se combinan sin conflicto la sensualidad y el entretenimiento. A muchos le puede resultar enervante, es cierto, pero tiene una vertiente de dulzura innegable. Tal vez no sea arte, con esas mayúsculas que pusieron primero los románticos y luego fijaron con almidón las vanguardias pero...


Como simpático bonus track, los artístas ponen una guinda amable a esta exposición dual ofreciendo una colección de dibujos conjuntos. Una travesura, un entretenimiento más de dos artistas que parecen cómodamente instalados en la digresión. Simpáticos, graciosos, humorísticos, resuletos con trazos decididos y divertidos a medio camino entre el garabato, la caricatura, el arte-pop y la nota deslizada en clase a espaldas del maestro, aparecen como la parte más amable de ese lenguaje de la dispersión que articulan ambos pintores empleando elementos coplementarios.


Así, vemos que Brandl y Zitko pretenden vivir en espacios no problemáticos en los que sólo es posible la transparente espiritualidad sin historia de la levedad. Un territorio artístico en el que las miradas y las formas se entrelazan a medio camino entre la sofisticación y la inocencia. En este espacio, la ausencia de obsesiones y conflictos toma la forma de la convención artística. La única pega es que, como sucede con todas las convenciones, ésta premisa puede ser más quebradiza de lo que podía parecer en un primer momento y, cuando caiga el castillo de naipes,podemos quedarnos todos con dos palmos de narices.


Sin embargo, tampoco hay porque preocuparse demasiado porque, por mucho que en Madrid creamos lo contrario, estas neo-modernidades germánicas vienen blindadas por un Sistema Artístico Avanzado en el que la tupida red de escuelas, fundaciones, museos, disponibilidad de estudios y posibilidades de formación existentes, entre otros muchos beneficios, hace seguro cualquier salto que pueda dar el artista. Y así, mientras nuestros (todavía) pobres bohemios navegan por la web de German Wings y sueñan con instalar sus ateliers en la fría tierra austrohúngara, los hijos de la socialdemocracia aprovechan las últimas ventajas del Estado Social de Derecho para pintar con una calma absoluta hermosas crónicas de costumbrismo abstracto dando forma a lo que, tal vez, algún día llegue a ser considerado un “rococó informalista” destinado a ilustrar las mañanas de hastío de una clase dirigente que ha trascendido cualquier necesidad de suspense en sus hábitos de consumo cultural.


La exposición Herbert Brandl / Otto Zitko se puede ver en la Galería Heinrich Ehrardt (c/ San Lorenzo, 11) del 27 de enero ald 11 de marzo de 2006

23 enero 2006

¿Rojo con flashes púrpura? La historia de The Revolving Paint Dream (parte 1)

A veces la historia es serpenteante y difusa, se combina en reflejos peculiares y aperece y desaparece formando ilusiones y trampantojos que difuminan las barreras entre realidad, sueño y deseo. La historia del indie-pop es, en su mayor arte, la historia de esas sombras chinescas... como aquellas que hablan de una banda fantasma en la que militó un joven Alan McGee, junto a Andrew Innes y otros primerizos alquimistas de la psicodelia-punk de la que surgió como por arte de birlibirloque el sonido Creation. The Revolving Paint Dream son una extraña leyenda inconclusa en la que se mezclan las grabaciones esporádicas, discos que dejan pistas falsas, melodías y guitarras jangly, el espíritu “yo se dónde vive Syd Barret” y alguna que otra conexión con un primerizo Dan Tracey. Estamos en 1984, Creation es el piso de McGee y las maldades de The Legend!, anhelos y caos. Poco más. Éste es el sonido de la confusión, de los brillos en falso y de aquellas estrellas que años más tarde cambiarían el mundo. También es la historia de unas cintas llenas de psicodelia indie que se desempolvan para formar el LP Off to Heaven (Creation, 1987)...

Pienso que tan malo como dicen algunos no debo ser cuando el destino pone estas joyas en mis manos gracias al azar de las tiendas de discos romanas para que sepa que aquello que leo en los libros no fue un sueño. El caso es que aquí estamos, con este vinilo en nuestro poder, intentando desentrañar todos los misterios en torno a esta banda fantasma fruto de esos primeros tiempos en los que Creation Records era poco más que una panda de amigos, plenos de creatividad en la que las bromas, los misterios y los chistes privados formaban parte de una actitud ante la música plena de libertad y un agreste sentido de la diversión y la provocación. La misma pandilla que puso en solfa Inglaterra organizando los primeros bolos de los hermanos Reid, reivindicó a los TVPs cuando nadie lloraba lágrimas de cocodrilo por ellos, la misma que redescubrió la psicodelia y el arte pop en su versión más cavernícola y punk, editó singles extravagantes y se atrevía a reirse en su cara de los popes del primer indie británico, esto es Alway & McNay, por considerarlos unos "hippies de mierda" (sic) dió a luz esta colección de extrañas cacofonías pop.

Una pandilla delirante en la que encontramos a Bobby Gillespie, Andrew Innes, los hermanos Reid, el propio McGee, Everett True, Peter Astor o Joe Foster haciendo el ganso y vacilando hasta al mismísimo Geoff Travis. Una panda que, sin recursos económicos para hacerse con una escudería pletórica de bandas, deciden sacarse de la manga una escena medio ficticia que les permita tener un rítmo de edición de 7 pulgadas constante, llevando la filosofía DIY hasta límites de delirio pocas veces igualados. The Revolving Paint Dream comienzan su andadura a principios de los 80 en aquel sello Whaam! fundado por Dan Tracey para dar salida a sus inquietudes pop-art-punk y animar la naciente escena indie-anorak con sus míticos singles y recopilaciones por los que pasarían desde los Pastels hasta versiones primeras de unos 1000 Violins (Page Boys), e incluso el primer grupo del propio McGee (The laughing apple). Para este sello graban In the Afternoon, incluída en el recopilatorio All for Art; una misteriosa tonada asiniestrada hipnótica y sugerente. El resto de la historia se entremezcla con idas y venidas en un line up variable en el que se encuentran personas de la pandilla de McGee y compañía como puedan ser Dave Musker (teclista de los Jasmine Minks y los TVPs), Christine Wanless (más tarde en Biff Bang Pow!), Luke Hayes (en la foto) o Andrew Innes (Primal Scream). Participaron en algunos de los históricos bolos de los JAMC en 1984 y algunos eruditos aseguran que algunas de las canciones de Biff Bang Pow! son descartes recuperados por Innes en su periodo de militancia en el peculiar e irregular proyecto musical de McGee. Practicamente un grupo fantasma con apenas dos LPs separados por una distancia de 2 años.

Las notas de presentación de este Off to Heaven insisten, precisamente, en lo fantasmal de la banda, su fugaz trayectoria, el misterio que se esconde tras su peripecia... son notas que, redactadas en el estilo milenarista y encendido de los primeros tiempos del sello de McGee (ya saben, la clásica retórica de estamos hacéndolo por los chavales ¿tú de qué lado estás? que este blog intenta copiar de manera manfiesta), hablan de un grupo que grabó uno de los míticos primeros 20 singles del sello (en concreto, Flowers In The Sky / In the Afternoon). Presentado como un primer LP póstumo y pérdido, el disco está compuesto por una colección de canciones dispersas, grabadas con un considerable grado de disolución mental y un notable desaliño. En ellas está contenido el germen de Biff Bang Pow!, desde luego, pero sin caer en ningún momento en el anquilosamiento compositivo propio del combo de McGee. Tal vez porque, a fuerza de desparpajo, Revolving Paint Dream, consiguen que toda la mezcla sónica parezca pender de un hilo y el oyente lo aprecie más como una colección de “situaciones musicales” sin que en ningún momento eche en falta las canciones. La sensación gobal es similar a la que produce la escucha del Jane From Occupied Europe de Swell Maps, un disco igualmente estimulante y, por momentos, también enervante, pero sobre todo curioso y juguetón. En ambos casos se transmite una sensación de ligereza, libertad creativa y, sobre todo, un imposible aire de indiferencia artística.

Repleto de psicodelia nocturna, contenida en canciones como Flowers in the Sky, pop preciosista revelado entre sueños como la frágil Sun, Sea and Sand o canciones muy similares a las que firmasen luego Biff Bang Pow! como 7 Seconds, este disco abre una puerta al otro lado del espejo del pop y presenta un reino de dispersión y ensueño inocente y un poco macabro, pero también tremendamente libre y anárquico. Con todo lo que esto tiene de excitante, no vayamos a engañarnos a estas alturas. The Revolving Paint Dream son un ejemplo de creatividad, desparpajo y ensueño que merece la pena ser recordado en unos tiempos en los que la provocación y el pensamiento independiente son censurados como extravagancias propias de diletantes y el juego, la broma o la provocación se toman con la seriedad del burro por nuestros transgresores oficiales.

Esta es una música emparentada de manera directa con el lado más imperecedero de la chiquillada juvenil. Un paseo por el subconsciente del pop, a la vez travesura y carnaval sónico, como se aclara en la contraportada: “the Revolving Paint Dream no es otra banda más, ni siquiera es una banda. A pesar de lo cual es esencial que les escuches y que les ecuchen tus hijos y los hijos de tus hijos... Revolving Paint Dream son la Eternidad... ¿que quiere decir esto? Escucha este disco y descubrelo”. Libertad mental, ensueño, engaño y misterio... más allá de la complaciente conciecia de uno mismo, más allá del ombliguismo tan característico de estos tiempos, esta música es una invitación a liberar la mente y volar a regiones de fantasía y encontrarse con esa Risa Suprema que pasa por el abandono de las futiles aspiraciones mundanas, por la mística de la broma y por la práctica arbitraria de la provocación gratuíta.

Y aún así la historia no acaba aquí ni así, sino en 1989 cuando se publica el LP Mother watch me burn... pero, en cierta medida esa es otra peripecia distinta que, por otra parte, está muy bien resumida aquí.


12 enero 2006

Los Punsetes y la otra manera de ver las cosas

El pop español siempre ha hecho gala de una sempiterna incapacidad para adaptar las formas musicales británicas y americanas al imaginario propio y a paisajes que resulten familiares para el oyente. Sin ánimo de generalizar,nuestros grupos tienen la molesta costumbre de escamotear decorados, lugares y realidades autóctonas que, ciertamente, son menos sugestivas que las de Londres u Olympia pero que son las que nos tocan vivir aquí y ahora. Después de la Movida y su inteligente lectura de glam-rock castizo y punk cheli, pocos se han atrevido a construir un discurso pop recogiendo los elementos de la tan traída y llevada identidad celtibérica. Lo que no ha impedido, por cierto, que esto siga sin ser Hawai. Por ello se agradecen grupos como Los Punsetes, capaces de presentarnos esa otra manera de ver las cosas más cercana a nuestro día a día; un día a día que no se resuelve entre Carnaby St. y Charing Cross Rd. sino en trayectos a trabajos anodinos, bares chungos y bocacalles que son terroríficas pero no son Elm Street. Canciones sobre esa literatura española con olor a naftalina y a dicionario Vox, cotilleos de portal, trabajos para tontos del bote y noches de insomnio en las que la única voz sensata capaz de arroparnos, desde un paraíso catódico, es la de Eduard Punset con sus promesas de sabiduría y trascendencia cientifista.


Una vez alguién se refirió a TCR con el apelativo de "pop de la escuela Bruguera", acertando de pleno al compararlos con la brillante escudería de viñetistas que supieron retratar de manera certera la esperpéntica normalidad de un país acogotado por una mediocridad orgánica asfixiante. Esa escuela de pop y costumbrismo que tiene en el humor ácido el único resorte factible para retratar nuestro peculiar sentir y obrar tuvo una sucesión secreta en Los Empresarios y sus odas a las chicas de las fotocopiadoras y a las mariscadas de los liberados sindicales. Ahora, en pleno 2006, como quien dice, Los Punsetes siguen esa línea invisible y salen con sus guitarras al bar de al lado, se pasean por la biblioteca de la facultad, comen en restaurantes de menú del día a 8 euros, vuelven de la oficina y se toman la última en el bar del tanatorio. Cuando llegan a casa cansados de trabajar no les quedan ganas de nada, así que distraen el deseo viéndo Redes y pensando si tras la tapia del solar de enfrente no anidará alguna criatura que les está sorbiendo el fluído vital. Algo raro tiene que ser para que los geranios del balcón se pochen continuamente como lo hacen.


Los Punsetes no se lían; como ellos ven el programa del Punset hasta que termina, saben que es primero el huevo que la gallina; por eso aquí hay guitarras aceradas y hay punk y melodía en primera instancia. Es pop, con sus voces exaltadas y sus canciones directas. Puro, puro pop sin complicaciones ni cubismos ni dadaismos. Todo traducido en canciones pluscuamperfectas como El secreto de tus coletas, con uno de los estribillos más insólitos e impertinentes que se recuerdan en muchos años (el secreto de tus coletas está en apretarlas bien / la razón por la que no me respetas, algo tendrá que ver) o Trabajar cansa, un guiño doble a Pavese y a los Alpino más oscuros. Punk de terror cheli en Detrás de la tapia y aceleradas diatribas urbanas en torno a los callejones sin salida de la vida social urbana como Formol (vas por la calle con esa gente/ niños y niñas pestilentes) completarían una maqueta de lo más resultona.


Pero más allá de esto, Los Punsetes además desarrollan una suerte de gótico ibérico en el que no desetona El bar del tanatorio, asfixiante canción resuelta a la manera de unos castizos Joy Division que inmortaliza la muy hispana costumbre de acabar las noches en el bar de la morgue. De la misma manera insólita, recrean en un alucinógeno y certero fresco la intrahistoria sentimental y cultural celtíbera con su proverbial e hidalga resistencia al cambio. Botarates, tele por cable, sondeos de Demoscopia y llamadas a cobro revertido desde locutorios de barrio. Pemán y Luis Rosales, en suma Juegos florales. Todo con la sabiduría de Punset de fondo (Yo amo al Punset) para cerrar este juego de círculos concéntricos sobre el sentimiento de un español.


Los Punsetes no van a estar en las listas de lo mejor del año. Son un grupo de pop español, pero de verdad... de los que hablan de que el trabajo cansa, de la tele, de discutir, del café, de la gente que da mal rollo y de Punset, claro. Por eso esto no va a gustar a la crítica y si a los que hacemos caso de radio macuto. Así que hagan caso a un cotilla y pongan a bajarse estas canciones de la página web del grupo, que éstas sí que tienen que ver con su vida que diría el fistro duodenarl de Manchester, y además está todo dicho y cantado en su idioma. Y tocado que da gusto oirlo, oiga.


Se pueden bajar todas las canciones de Los Punsetes en www.lospunsetes.com. Además prometen ocho canciones nuevas en breve y el sábado 21 de enero tocan en la sala Nasti de Madrid junto a Motormark







08 enero 2006

LD & The New Criticism: los resabiados nunca mueren jóvenes

Las almas perdidas están de enhorabuena, el amor por el desamor y la alegría de reencontrarse con la tristeza están a salvo gracias a LD Beghtol que viene a llenar el vacío creativo dejado por Stephin Merrit. Afortunadamente, las dosis de humor negro, odio, venganza y autodesprecio vertidas en su primer LP, Tragic Realism (Darla/ Acuarela, 2005) son tan altas que lo que podía haber sido poco más que una vulgar colección de canciones de amor a la manera de los Campos Magnéticos se transforma en un barroco cabaret-folk para celebrar la vergüenza propia y ajena.

LD Beghtol es un cantautor moderno de Brooklyn al que muchos recordarán por sus interpretaciones en el momunental 69 Love Songs de Magnetic Fields. Como se aclara en las laudatorias notas interiores (a cargo del escritor Peter Straub), se trata además de uno de los muchos animadores culturales neoyorquinos, amiguete de Merrit para más señas, y que como él tiene una pasión desmedida por multiplicar su presencia en proyectos y bandas diversas (moth wranglers, flare, the three terrors... más respuestas en soulseek). Estos factores y el hecho de que en una primera escucha el disco se desenvuelva por los derroteros habituales de ese muzak moderno consistente en la inteligente mezcla de country, pop, Edificio Brill, folk y unas gotas de rock melódico inspiran en el oyente una total desconfianza. Otro enterado de Williamsburg, gay, editor del Village Voice, con amigos modernos... ¿demasiado viejos para que nos cuelen esto otra vez?

Pero, si a pesar de estos temores, uno continúa la travesía propuesta por LD y compañía encontrará un LP estimulante, lleno de canciones excelentes y una descripción en clave bufa de las pequeñeces, ruindades, cursilerías, terrores y ridiculeces propios de la vida interior actual. Todo lo que sospechabas que se ocultaba bajo el pulcro sentimentalismo melodramático de Magnetic Fields queda aquí al descubierto. Aquí no habrá tristeza y pena estéticamente correcta, sino infantiles deseos de venganza (Eulogy for an Ex), humor chocarrero (Barbie and Ken), vulgares elípsis sobre prácticas fetichistas (In Blue), estúpidas y ruines baladas sobre la eutanasia (If you love me baby pull the plug), aceradas visiones sobre el consumo de psico-fármacos (Unpaid endorsement)... todo salpimentado por pequeños paréntesis de country bufo (Burn, burn in hell) o autocompasión de tres al cuarto (Apathy!)

Beghtol propone un viaje al lado ridículo del mal rollo sin perder nervio compositivo (aunque en ocasiones la deuda con Magnetic Fields es notable y resta frescura al disco). Y, de la misma manera que se agradece el tono cutre de stand up comedy (ese mal gusto que tanto gusta a los americanos), el tono barroco y la mezcolanza instrumental dan a todo un aire de barraca lo-fi absolutamente estimulante en estos tiempos de contención estética, pulcritud y obsesión desmedida por la calidad.

Sin duda el mayor mérito de este disco es poner al descubierto el cúmulo de estupidez y cretinismo que se oculta tras el desamor, la tristeza y la melancolía. Su tracklisting es un paseo por el lado tonto del desconcierto vital imperante y la perpetuamente inconclusa fase anal que trae consigo. LD Beghtol viene a decirnos que, detrás de la perversión y la cicuta, el vicio y el odio, la maldad y la tontería, la obsesión solipsista, el narcisismo y las pulsiones de muerte propia y ajena, hay un mundo banal en el que los modernos de largo recorrido todavía se preguntan (nos preguntamos), en mañanas de resacas y rupturas, "cómo encaja todo esto con las lecturas de Baudrillard y Derrida". Así que, por una vez, no hay engaño y, efectivamente, este disco tiene tan sólo realismo trágico para modernos viejos... sólo el soniquete del resabio cultural adaptado a esta época tan pródiga en estulticia como en incertidumbres espirituales.




05 enero 2006

www.c-86.tk : keep an open mind!

Pese a que muchos siguen sosteniendo que el indie-pop es una música para pusilánimes que no hacen más que mirarse el pie, su reverberación sigue inflamando mentes y corazones desde las catacumbas de la memoria colectiva. Aquellos dulces gritos de guerra (Should the bible be banned, Think!, I can't get no satisfaction thank god!... mil más) no sólo conservan toda su vigencia, sino que además congregan a su alrededor un culto subterráneo que celebra aquella contracultura de guitarras y flequillos como el último bastión juventud frente a un establishment musical, político y vital gris, adulto y mezquino.

Por ello, todos aquellos interesados en recordar aquella revolución y todos los que quieran descubrir músculos musicales que nada tienen que ver con lo que les cuenta el RDL que es el indie, están de enhorabuena. Nuestro buen Jesús Miguel, artífice del blog Post-Tremolina, amigo querido, maestro y referencia permanente de quien esto escribe, se ha lanzado a la aventura de crear la web www.c-86.tk para conmemorar los 20 años de la aparición de esta mítica casette editada por el semanario New Musical Express. 20 años de indie pop, ni más ni menos.

La página es un buen recordatorio de todo lo que evoca la sola mención de esta cinta, C-86, en la memoria de indie-kids de todo el globo. Guitarras urgentes, microsellos, bandas olvidadas, una imagen de chulería y fragilidad, la pose desafiante, una impostada cursilería, una iracunda soberbia, caos y melodía, odio a la realidad impuesta, ética underground, elegancia moral y espíritu de resistencia. Nada más, a fín de cuentas que rabia punk y alma pop cargada de inocencia, sentimentalismo, amor verdadero, fé en lo imposible y en las peleas a la contra, desconfianza hacia el sistema... nada más que lo que realmente importa: Actitud (con mayúscula, sí).

Más allá de la casette, todas estas sensaciones fueron prensadas en flexis, capturadas en singles, fotocopiadas en fanzines, atrapadas en maxis, distribuídas en por correo de un dormitorio a otro en mil soportes caseros tan múltiples e insólitos que es absolutamente imposible encontrar en la actualidad siquiera un rastro de la mayoría de ellos. Se trató de un fenómeno efímero, fugaz, tan fragmentado que a la fuerza tenía que incorporarse al mundo de la fantasía y las obsesiones no al de la historia. Por eso, uno no es fan de ese indie canónico: uno es militante, fiel, creyente, fanático u obseso. Ese espíritu y esa fe es la que recoge esta página web y la que dota de energía los interesantes textos que recopila (promete ser una auténtica referencia para el indie popster hispano).

Éste es el espíritu que Comet Gain recuerdan con tanta pasión en su último LP (está pendiente un post-torch al respecto, prometido): esos agujeros negros de tres minutos capaces de sacarte de la realidad, agitarte, devolver el orgullo a aquellos que nunca podrán volver a confiar en una cultura juvenil vendida al por mayor por mercachifles
; el indie-pop representa la ira de los corazones rotos, la rabia del romanticismo irredento, el orgullo del que sabe que tiene razón y son los demás quienes se equivocan... Ya lo dice el zoquete de Feck: We found a a sound in the underground / we felt so proud to be underground.

20 años del C-86 y una excelente página web que nos recuerda que la canción perfecta, los sentimientos puros, los últimos veranos siguen siendo lo único importante en un mundo aburrido y demasiado pequeño... Por mucho que los hechos se empeñen en demostrar lo contrario, 2006 es un buen año para no olvidarnos de nada, para no quedarnos dormidos. No olvidar jamás hasta qué punto odiamos esta realidad. Are you scared to get happy? No? pues teclea la URL que da título a este post y vuelve a la vida porque además se anuncián fiestas, pinchadas, historias contadas boca a boca, es decir momentos de eternidad recogidos en flashes de tres minutos o, en otras palabras...

Here come the saviours, they've come to break your hearts.
Here come the saviours,

They've got electric guitars in their hearts


The Chesterfields, Completely and utterly