31 diciembre 2005

Siguiendo la aurora boreal

Frescura, ingenuidad y melodía... el pop sueco renace de sus cenizas para satisfacción de los que rezábamos porque hubiese vida más allá de los Acid House Kings y The Legends. Dos microgrupos con unas pasmosas minicanciones aparecen de la nada para rompernos el corazón con sensibilidad, muros de guitarras jangly, melancolía y amores imposibles. Este es el sonido de nuestra vida, este el tic-tac que comunica el corazón y la cabeza. Si todavía te pondrías con orgullo una chapa de Red Sleeping Beauty empieza a mover el flequillo y preparaté para vibrar a más de mil revoluciones.

SOUTH AMBULANCE.- Una explosión de puro pop, un tortazo, un revoltijo de melodía, guitarras ecos y nervios (¿hace PUM tu corazón?) Eso es Hanging on a tie, regalo navideño colgado en la página de Labrador Records. Con un LP grabado para el emporio twee sueco, South Ambulance son la receta perfecta para curarse de la eclerosis múltiple que afectaba al reciente indie-pop de temporada. ¿Alguien se acuerda del vértigo de Don't slip it up de los Meat Whiplash? Desesperación y melodía, guitarras distorionadas, voces reberverantes y rítmos vertiginosas. Otras joyas fugaces, otros destellos para una historia secreta del pop, son Take them out, Die 5 times times 5. Urgentes, caóticos, ruidosos, afectados, efímeros... ¿Te acuerdas de la última vez que escuchaste una sola canción durante una hora seguida?


SAMBASSADEUR.- Decubiertos gracias a la recomendación del excelente blog-zine Fuck Me I'm Twee, Sambassadeur son unos Belle & Sebastian nórdicos, tangenciales, hipersensibles y quebradizos. Sentimentalismo extremo en la PRECIOSA Between the lines, sin duda la canción más bonita de este invierno. Pura sensibilidad indie que ilumina los rincones en los que refugiarse cuando la vida urbana se convierte en una pesadilla de tedio y terror. En otras ocasiones más cortantes (Whatever season), Sambassadeur encienden esas luces del norte que la nieve y el aburrimiento parecían haber consumido. Déjate mecer otra vez por palmas, guitarras tililantes y panderetas melancólicas... volverás a escribir en tu cuaderno I'm twee and I'm proud.

EL AVISO.-Pero no debemos olvidar que el pop es fugacidad ni que estos dos grupos nórdicos probablemente no resistan el deshielo. Tomen las palabras aquí depositadas como breves momentos de fiebre ante unas canciones leves capaces de encender por un momento una bengala en el ánimo. Son meras excusas para continuar con esa perpetua persecución de la magia pop, de esos tres minutos de fantasía en los que la realidad se suspende. No hay que olvidar que estas mini-estrellas son solo
luminarias menores, y pueden no ser más que destellos engañosos y traicioneros.

Y LA MORALEJA.- Y a pesar de todo, gran parte del interés de la vida consiste en perseguir una aurora boreal eterna que se nos escapará siempre más allá del horizonte, emocionarse con una canción, saltar y agitar la cabeza, sin más propósito que arañar unos
minutos de felicidad pura. Estas melodías solo ofrecen una promesa fugaz: que el corazón haga PUM! Un salto, un estallido, una chispa, un instante... ¿Te acuerdas cuando eso era lo único que deseabas?

26 diciembre 2005

Will you take me to the movies?


Desde la Tremolina eléctrica rebotan una propuesta no por típica menos exenta de complicaciones: escoger nuestras películas favoritas. Antes de acometer esta tarea, habría que aclarar que mi relación con el cine ha oscilado siempre entre la fascinación y la impaciencia. Ambos sentimientos dificultan realizar la típica lista, pero permiten la evocación de algunos momentos a medio camino entre el sabor del veneno y el de las palomitas.


Fascinación ante la magia eterna de la caja de luz, ante la imagen cinematográfica y su capacidad de fijarse de manera aleatoria como recuerdos en falso en la memoria; ante la facultad del cine para construir una cosmogonía insustancial basada en lo efímero y lo fugaz. Pero también impaciencia ante los complicados aparatos críticos articulados por los hermeneutas del celuloíde, tanto por los cronistas cnematográficos seniles y su absurdo formalismo clasicista y anti-moderno como por la impostada revuelta de los narradores de lo psicotrónico. Sin contar las molestas disciplinas que impone la sala de cine al espectador (silencio, inmovilidad, atención requerida)...


Pero, en general se puede decir
que siento un moderado interés ante ciertos aspectos del hecho cinematográfico; sobre todo aquellos que se vinculan a lo aleatorio del recuerdo fílmico, a las secuencias inconexas sedimentadas en la memoria y a su capacidad de fascinar, una vez liberadas del peso muerto que imponen argumentos, tramas o diálogos... Así que allá van unos recuerdos mal ligados y algunos sueños de celuloide...

Y para empezar, creo que sería justo referirse a los juegos de espejos de La Dama de Shanghai; una oda visual a la mentira y a la desesperación amorosa que acaba desembocando en un fragmentario ensueño homicida. Y, si de juegos de espejos se trata, es imposible no citar esa extraña dinámica que se articula entre El Tercer Hombre de Carol Reed y Larga es la Noche, también de Carol Reed. Viajes nocturnos ambos hacia los límites de las obsesiones que revelan que las persecuciones y las alucinaciones se parecen mucho una vez que se traspasan las fronteras de la legalidad y de la realidad. Lo mismo sucede en la insólita Jo qué noche!, donde lo lúdico acaba llevando a territorios delirantes a medio camino entre lo cómico y lo cruel, para conformar la contra-comedia noctámbula por antonomasia y retratar esos viajes modernos a la noche occidental profunda, tan en boga hoy en día.


Es la misma laberíntica conexión que se establece entre Picnic y Vértigo (De entre los muertos), con Kim Novak transformada en un extraño instrumento del destino, capaz de devorar cualquier asomo de argumento en una muestra inquietante de la capacidad totalitaria y estética del icono de la femme fatale; una imagen sensual y obsesionante, por otra parte, capaz de devolver el sabor a sal al verano y resucitar a las difuntas en noches blancas y bochornosas.

Es imposible no coincidi
r con el Sr. Tremolina a la hora de escoger El Apartamento, tal vez la única película que ha sabido retratar con absoluto acierto un tipo de desconcierto urbano más barato que la melancolía pero que a la larga resulta más caro que la tristeza. Y hay algo en su capacidad de descubrir cómo la vida moderna está fundamentalmente cimentada en cosas que no se mencionan que hace que se empareje de manera irremediable y natural con Terciopelo Azul. Por otra parte esta última es, a mi juicio, la mejor película juvenil de todos los tiempos. La mejor obra sobre el pop, sobre la excitación, la maldad, la atracción por lo oculto y el tránsito por los lados salvajes. Siempre más cercanos a la valla del jardín de nuestros vecinos de lo que podría parecer.

En clave menos romántica, podemos ver algo parecido en esa otra gran película pop que es Algo Salvaje, donde se confunden huídas no premeditadas, encuentros casuales y enredos sexuales fallidos en cuartos con paredes de cartón. En suma, historias de amor anómalo que se perfilan sobre atardeceres pintados con aerógrafo.

Anomalías que son tan cercanas que a veces se confunden, mezclando el
amor fou, la tontería y la aceleración mental en una vorágine irreconciliable. Como sucede en las fugas narradas en Al final de la escapada y en Pierrot le fou. Películas en las que uno no deja de reconocer una cierto ideal juvenil, no aunque no sin un cierto sofoco a estas alturas. También es inevitable no sentir una cierta tristeza, recordando estas películas, ante un mundo en el que los arquetipos pop no tienen más opción que la resistencia pese a que ésta no les lleva más que al agotamiento y la desaparición.

También creo que debería mencionar aquellas otras icursiones en los terrenos de la inteligencia que son El Bazar de las Sorpresas, con su peculiar manera de revelar y
encubrir con torrentes de palabras lo que la imagen no debería narrar (en una estrategia brillante que mantiene intacto con el encanto de contar historias). Algo parecido a lo que sucede con la melancolía de Desayuno con Diamantes o la ansiedad monstruosa de Sola en la oscuridad. Las tres verdaderos homenajes a lo que se lee entre líneas...

Y faltaría una última película, para completar una lista que es muy difícil no dejar incompleta. Tal vez debería ser Ciudadano Kane, la escogida; y tal vez
por ser la más totalizadora y la más triste y la más cinematográfica ya que es la única que nos hace ver que el cine no es más que un intento de fijar aquello efímero que se va perdiendo (esos Rosebuds acumulados en los almacenes de nuestra mente) para salvarlo sin éxito. Y que son esas imágenes dispersas, aleatorias y emocionantes las que dan sentido a una narración que sin ellas, como sucede con la vida de Charles Foster Kane, se reduce a una enumeración de hechos inconexos cuyas versiones se multiplican sin conducir nunca a verdad alguna. Justo lo que ni los críticos, ni los aficonados quieren ver nunca en el cine. Justo lo que a una persona dispersa y tendente a ser cautivada por linternas mágicas diversas puede hacerle apreciar este peculiar arte en el que luz y oscuridad deben respetar escrupulosas proporciones.




25 diciembre 2005

El rock contra Karpov!


He descubierto con satisfacción que los chavales del foro ipunkrock se hacen eco de las humildes opiniones vertidas en este blog. Especialmente de las últimas entradas acerca de los renaceres más o menos artifiales, del rock en la ciudad de Madrid.

Pero lo verdaderamente bonito y el objeto de este post es el hecho de que uno de los chavales se haya decidido a realizar una semblanza de Karpov! no totalmente desacertada, cargada de una directa sinceridad absolutamente encomiable. Así que, en homenaje a ellos y movido por una cierta coquetería, corto y pego su opinión. Esta es la voz del rock:

"Un listo un puto moñas que desde que el rollo indie
se ha ido a donde tenía que haberse quedado, a la puta mierda, no sabe ubicarse, esta perdido, y claro sigue el camino mas fácil el pataleo. Manda huevos y siempre lo mismo "los rockeritos" qué clase de complejo tendrán los indies que siempre se meten con el rock, que si posturitas, que si ... pues que curioso que ése circulo es el que se mueve y no se dedica a quejarse en un blog"

19 diciembre 2005

No va a estallar el obus

Puesta de largo de Cohete en la sala Nasti de Madrid en un concierto que, según la leyenda urbana, estaba llamado a quedar inmortalizado como LP en directo de la banda compuesta por tres cuartas partes de los añorados Detergente. Como era de prever, la precisión de su pop quebrado y su rock zizagueante sigue funcionando con la exactitud de un reloj, sin embargo el hecho de que la sala estuviese medio vacia genera dudas más que razonables sobre la capacidad del combo para lograr el predicamento underground que le fue negado a la anterior formación.
A pesar de que la DJ Carla Presidente había señalado en alguna conversación informal el hecho de que los Cohete eran la apuesta de la sala Nasti para el próximo fall winter (y, entiendo por tanto, que también de su entramado socio-cultural), el aforo no hacía honor a lo que una persona de mundo de los mundos madrileños podía esperar ante esta declaración. Por alguna extraña razón, las caras conocidas y las presencias de relumbrón no consideraron esta ocasión tan histórica como muchos pretendían. Así que la cosa se quedó en un medio aforo por el que se paseaban los de siempre, alguna Sibyl Vane de la noche, algún encargado de sala y los incondicionales de la cosa musical. Raro, porque si algo tiene Madrid es eso de que la gente se echa a la calle ante la mínima oportunidad de pintar la mona en un concierto de dimensiones pretendidamente históricas. Algo pasa que Cohete no cuadra al establishment nocturno, o no le motiva o directamente pasa que pasan de ellos como pasaron de Detergente. Mala conciencia, tal vez.
El caso es que Cohete, convertidos en una formación de pop-rock milimetrado cumplieron con las mejores expectativas posibles, juntaron todas las canciones de su repertorio y salvaron la noche con buen tino. Habrá quién les acuse de fríos y puede ser cierto; son muy buenos, aunque un poco de magia sí es cierto que se pierde por alguna parte. A veces suenan demasiado precisos, calculados y comedidos... contribuye el hecho de que toquen muy bien, tanto cambio cubista y un cierto aire prog-rock. Pero, que nadie se llame a engaño, a diferencia de gran parte de la escena acual de fake-rock, esto no es un simulacro. Con sección de viento prestada en parte por Solex, con alguna canción muy buena, haciendo gala del temple ya conocido por anteriores ocasiones, ofrecieron un concierto modélico. Muy correcto, lleno de momentos que quedarán bien en el disco en directo. Y siguen en primera línea en cuanto a calidad musical se refiere: todavía son de lo mejorcito que nos puede ofrecer la escena de este Madrid Terminal que nos va a matar. Para muchos, esta corrección puede resultar alambicada... No estoy de acuerdo, sigo pensando que Cohete son una buena banda condenada a no levantar pasiones por facturar canciones excesivamente precisas en su concepción. Y, sobre todo, por emular a unos Wire a la par que intentan ser dignos sucesores de Patrullero Mancuso. A la vista del aforo, supongo que en pecado llevarán la penitencia. Lo que sorprende es el rechazo natural e instintivo que les produce el talento a algunos críticos de rock exquisito, a militantes miembros de la escena y a otras personas vinculadas al sarao nocturno. Si no, no hay quien entienda tanta indiferencia con estos Cohete y tanto entusiasmo con, pongamos un ejemplo fácil, Humbert Humbert. De los teloneros, Tres Delicias, no digo nada más que si usted, lector, ha estado en el barrio de Malasaña en los últimos dos lustros esto de la copia a los Stooges en versión garage le sonará a cosa ya oída.
Es decir, que aquí el obús del rock no acaba de estallar y que al final la cosa se va a quedar en unos meses de conciertos y grupos nuevos que desaparecerán sin dejar rastro. Así que, por pasar a lo efímero que es lo que gusta, habrá que centrarse en lo puramente anecdótico de la noche de rock. Porque es allí donde está la maravilla de la naturaleza humana y sus múltiples contradicciones. Sin estas contradicciones no se entiende que una persona enamorada de la música y de sus dotes dionisiacas, y por ende revolucionarias, como es Roberto Superjuez Herreros Garzón se pasase el concierto entrando y saliendo del cuartito, saludando a conocidos, yendo a por una copa, charlando... y haciendo caso a todo menos del grupo que estaba tocando. Por cierto, también resulta curioso ver cómo, después de tantos años, suenan los McCarthy en un bar de Madrid coincidiendo con un momento específico y una coyuntura histórica y macroeconómica en la que a muchos les viene muy bien hablar de McCarthy para vender los suyo. Porque ¿no es raro que siendo tan buenos (casi) nadie les haya hecho caso, reivindicado o pinchado hasta ahora? Desde luego, Herreros y Leonore es la primera vez que mencionan a Eden y compañía con tanta y tan revolucionaria pasión. Una pena, porque con sus contactos en medios de gran tirada ya podán haber conseguido que fuesen menos desconocidos. Pero bueno, hay gente que hasta que no le va lo suyo en ello esto del arte pop...
Algo parecido a lo que pasa con los Feelies y con las Sibyl Vane. Que resulta que ahora son lo más para personas que en los últimos tiempos se habían llenado la boca de improperios contra el pop de guitarras como pueda ser una DJ Presidente. Las vueltas que da la vida. Pero bueno, por lo menos los Feelies ya están en la historia del pop. Las que a este paso no llegan son las Sibyl Vane, de hecho si se confirman los rumores que sitúan a una de ellas en un super-grupo con DJ Carla Presidente ya nos podemos despedir de ella(s). Efectivamente, parece que no se les ha ocurrido otra que emular a los pobres Feelies (que ya me dirán qué culpa tienen de nada) y vampirizar las cualidades compositivas de una Sibyl Vane para seguir pintándola en esas noches blancas de la capital.
Es decir, que no, que no vamos a tener tampoco esta vez una revolución artística en la ciudad. Nuestra escena musical es parca en talento y pródiga en caraduras y zoquetes; si no entrasen en contacto es posible que hubiese alguna esperanza pero, desafortunadamente, al final a fuerza de deshacerse en indiferencia (intencionada) y procurar fagocitar (de manera artera) las gracias que no les corresponden las Presidentes y los Superjueces acaban gobernando un páramo absoluto sin que les escueza la conciencia que para eso tienen escribas y millonarios amigos que, de una u otra manera, les ofrecen consuelo para sus pequeños espíritus.


11 diciembre 2005

Una sensación nueva. ¿Otra más?


De este año no pasa, parece que toda la prensa gratuita y no gratuita que tiene algún tipo de predicamento en el mundo alternativo se ha decidido a colarnos como sea la nueva escena de after-rock. Para ello son pocos los esfuerzos mediaticos, porque la cosa no termina de despegar. Lejos de preguntarse si esto no será debido a que los grupos son muy malos, los críticos muy interesados y parciales o a que el público se ha dado cuenta de que en realidad estos que vienen ahora son los mismos feriantes de siempre, nos bombardean con artículos que nos hablan de La Movida y el resugir del underground. Sin ánimo de que esto se convierta en una suerte de Libertad Digital del subsuelo, ahí van unas evidencias sobre lo familiar que resulta a veces lo más nuevo.
1. Alguien tenía que decir que Garzón, el grupo político con más predicamento del momento está formado por históricos de la escena Noise Pop 92. Pero no lo dice nadie. No, no arqueen las cejas, el Superjuez Roberto Herreros lleva más de una década intentado colar lo suyo para lo cual ha hecho fanzines (Koolzine), ha sido A&R de multinacional, hombre de Esan Ozenki en Madrid (o eso decía)y lo que hiciese falta... Por no hablar de Malela, la bajista, que es conocida por todos gracias a sus trabajos en Nosotrash (no precisamante un grupo de rock ni de punk, after o no). El chiquito de Secret Society que les pone las baterías si es nuevo, eso sí.
2. Curiosamente, uno de los mejores amigos del Superjuez, Víctor Leonore es otro histórico fanzinero (de esos que con total naturalidad se integraron primero en Rock de Lux y luego en La Razón de Ansón) y le ha firmado elogiosas críticas en varios medios de tirada nacional (toda una lección de ética fluida), además de hacerle la promoción nocturna siempre necesaria para lanzar un grupo de hondo calado político. Por cierto, de las letras políticas y radicales de Garzón nadie sabe nada; ni siquiera el propio grupo que parece haber vislumbrado un futuro más prometedor en facturar burdas melodías indies y canciones de amor. Eso sí, siguen sobando la referencia de los McCarthy y cantando su radicalismo a los cuatro vientos que queda de fábula. La política vende, amigos, o en cualquier caso es buena excusa para llevárselo crudo también en lo artístico.
3. A Veracruz están intentado colarlos desde los últimos tiempos del fanzine YO-YO (es decir desde hace cuatro o cinco años, al final del Tonti Pop). Su principal valedor en el underground no es otro que el propio Sr.Pon, felizmente integrado en un conglomerado mediático muy poco underground con fucniones de category manager para la zona EMEA y teniendo entre sus responsabilidades la ardua tarea de lanzar a Sergio Dalma. Curiosamente ni siquiera estas ayudas hacen que los barceloneses acaben de convencer, pero por si acaso acaban de componer una canción al hijo del capo de YO-YO Industrias (Leopoldo).
4. De los agitadores nocturnos Chema Nasti y Daniel Fletcher no hace falta decir nada. El segundo, además de factotum de los Ginferno, es un conocido millonario loco de la noche madrileña que lleva en danza desde los tiempos remotos de la Sala Maravillas. Al parecer también era fan del post-rock (God Speed you Back Emperor y esas cosas tan feas...). Por cierto, en Ginferno milita Ramón de Usura, ya saben aquel grupo de noise español que no consiguió facturar ni siquiera una canción estructurada y que, tras irse a Londres a triunfá desaparecieron para alivio de todos (gracias al cielo, Orlando pasaron sin pena ni gloria). Es decir, todo caras nuevas.
5. Tan nuevas como las de la comuna Alehop! y Olaf Ladousse que llevan ahí, insitiendo con lo suyo desde el año ¿90? Incluso puede que un poco antes... Pero eso sí, sin bajarse de su moto, haciendo lo mismo siempre e intentando colarlo como sea por algún resquicio que quede abierto en alguno de los canales de comercialización establecidos (sean alternativos o no). Les honra la monolítica insistencia en sus potulados ácaro-vanguardistas, aunque la falta de contenido de los mismos sea más que sospechosa.
6. Algunos cronistas que intentan vender esta escena como "nueva" saben que no es tan nueva. Lean el artículo de Joan Vich Montaner en Vanidad y piensen que este promotor alternativo ya militó en un grupo noise a principios de los 90 y sabe todo esto y mucho más que no cuenta en sus crónicas de esta música novísima, que es como la de La Movida pero con más heterodoxia (casi sic).
7. Por raro que parezca y a pesar de que todos los que integran esta fake-scene tiene arraigadísima una honda ética alternativa, se puede apreciar que quien no está en determinados corrillos (el entorno Ginferno, el constructo político-social Leonore-Herreros, la pyme familiar YO-YO Industrias...) no existe. Es decir el que no sale, saluda, se invita o se deja invitar a cambio de las consabidas genuflexiones no mola. Tan crudo como siempre. Por eso, el Mondo Sonoro tiene la desvergüenza de afirmar que Ginferno tiene más prestigio underground que Hello Cuca. ¡Toma! y se quedan tan anchos. A estos les invitan en el próximo concierto de Cohete, seguro.
8. Algunos malintencionados están empezando a pensar que esto es una historia ideada por los de siempre para poder seguir pintando la mona o pintarla otra vez, colocarse mejor o recolocarse en determinados ámbitos de la industria del espectáculo y / o la hostelería. Y, como evidencia marginal, está el hecho de que sea Subterfuge quien haya cobijado este movimiento (en su sampler Madrid Terminal) para terminar de confirmar que la novedad y la frescura parece que está monopolizada por aquellos que en su día cogieron lo alternativo por los cuernos y no están dispuestos a soltarlo.
Pero bueno, dirán algunos, alguna cara nueva habrá, una por lo menos. Y sí, resulta que para darle un aire irónico a todo este sarao madrileño, las caras nuevas son chavalitos garageros y punk rockers, nietos malasañeros de Turmix y despistados neo-mods que, visto que el rock en la capital langidece, se apuntan a esto como a un clavo ardiendo (los chavales del foro ipunkrock, los webelos, maría bilbao...)Así que, paradoja de las paradojas, lo verdaderamente nuevo de todo esto es que tenemos a los nietos del Ruta 66 bailando after-punk al compás que marcan redactores, adláteres y allegados del Rock de Lux y otros espectros modernos de la antigua Sala Maravillas; será la nueva cara del rock, yo no digo que no pero a mi todavía me lo debería explicar D. Ignacio Juliá para que lo entendiese del todo. Sobre todo porque todo esto se nos viene encima a unas alturas en las que ya pensabamos que no tendríamos que ver a grupos con cajas en la cabeza nunca más...


06 diciembre 2005

I bet you look good in the dancefloor (?)

Leyendo la Tremolina eléctrica veo que se hace eco del último LP de Go Kart Mozart y lo destaca como una de las piezas discográficas del año. Al hilo de las reflexiones de Jesús Miguel, recuerdo que tenía en alguna libreta algunas notas sobre este disco que puede ser conveniente recuperar. Poco será todo lo que se pueda decir del actual momento vital y creativo de Lawrence (probablemente junto con Momus la voz más lúcida del underground musical global), simplemente resaltar que mientras el mercado sigue bombardeando con sus Artic Monkeys y demás patochadas, da gusto sumergirse en otras pistas en las que se bailan compases muy diferentes. El rítmo del engañoso disco inferno que articula Lawrence está apuntalado por inapelables acusaciones a un mundo que una vez que le ha robado sus logros artísticos no ha tenido reparo alguno en darle la espalda; un rítmo que no es otro que el que lleva todo aquel que va con el paso cambiado en un panorama propicio para el latrocinio cultural y la mendacidad creativa.

Cuando pensábamos que aquel Instant Wigwam and Igloo Mixture quedaría como la última y anedótica pista que dejaría Lawrence antes de sumirse en el limbo narcótico donde reposan las estrellas que no pudieron ser, regresa con lo que se supone un ácido disco de éxitos. Habrá quienes quieran ver aquí una secuela nihilista y totalmente descarnada de aquel Different Class de Pulp; pero desengañensé, aquí no va a haber happy ending que valga. Este es el sonido del no hay futuro adapatado a estos tiempos de capitalismo melancólico y parálisis espiritual: éxitos disco para engañar el hambre de respuestas.

Tras la desaparición de Denim (ante la indiferencia más absoluta de ese establishment objeto de su vitriólica mala uva) Lawrence pareció perderse en una suerte de indefinición que oscilaba entre la revolución y la vanguardia para caer irremisiblemente en el desencanto. Al menos esa era la sensación que ofrecía el primer LP de su flamante proyecto: Go Kart Mozart.

Este Tearing Up the Album Chart (West Midlands Records, 2005)nos devuelve en plena forma al ideólogo irónico y al francotirador dialéctico armado con su artillería más potente. Amargura en la letra combinada con un saltarín y goloso sonido disco-chicle en la partitura. A rítmo de tecno-glam de baratillo, pretende esconder tras una maravillosa rotación de hits la narración detallada del infierno cotidiano, de la pérdida de perspectiva, de orden y concierto. Este LP es una crónica de la frustación escrita con tinta invisible en una servilleta de boite. Quien no quiera ver nada, no lo hara. Pero no hay nada escrito entre líneas, ojo, todo está muy clarito dicho. A pesar de que para los más simples haya sólo diversión melódica asegurada.

Lawrence finge así la reinserción a través de un LP fácil, un último guiño a los indie charts actuales haciendo gala de su condición de gloria del pasado en el subterráneo musical británico. Y por el otro lado nos cuenta historias de tedio, frustación, crónicas sin principio ni fin propias de quien se ha quedado sin espacio creativo presente y ya no tiene miedo a un futuro que aparece, directamente, como inexistente. En este disco hay recuerdos de ese baratillo que es cualquier tiempo pasado (Electric Rock and Roll), crónicas de supervivencia en el arroyo en el que lo indie pierde su buen nombre y la música pop no sirve para nada (Listen to Marmalade), metáforas hermosas sobre el aislamiento sentimental (Summer is here)o relecturas de nihilismo punk teñidas de menesterosidad moral y monetaria (City Centre).

Así, Lawrence, una de las mentes más peculiares a la par que preclaras de la Islas, uno de sus más talentosos compositores y, posiblemente, el crítico más avezado con que cuente la decadente cultura pop anglosajona, firma una opereta-bomba para recordarnos a todos que, mientras algunos se lo llevan crudo a costa de las ideas ajenas y disfrutan un botín del que le debería haber tocado una parte, el sigue atrapado en atardeceres acrílicos y no parece que vaya a salir de allí nunca. En conclusión, a pesar de que Tearing Up the Album Chart es un disco bailable y alegre, es también un paseo por el lado oscuro de los fracasos personales y por los mercadillos de sueños rotos en que se ha convertido la música pop.

El propio Lawrence en el libreto ya nos hace una confesión totalmente cruda: "Todavía quiero ser una estrella pero acabo de vender mi guitarra y ya sabéis como van estas cosas...". En resumen, un disco de tecno-glam-protesta para contarnos que, efectivamente, estamos en un mundo en el que nadie paga lo que debe y en el que cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, tenemos sobrados motivos para que se nos caiga la cara de vergüenza.