15 octubre 2005

Adam Green y la fuerza del destino

Inmersos en la rutina moderna de fake-pop que nos asola (vean, vean post anteriores), el concierto de Adam Green se presentaba como un paso más en esa espiral descendente hacia el corazón de esta modernidad actual que ha superado estilos, actitudes e incluso tareas compositivas en aras de los cánones del marketing alternativo y sus vacuas construcciones multirreferenciales. Craso error, el desenvuelto bardo ha demostrado estar más allá de estas minucias y nos ha recordado que todavía hay sitio para canciones y espontaneidad en este valle de lágrimas.
Olvidándose en gran medida del insoportable Gemstones (Rough Trade,2005) (¡menos mal!), la parte contratante de los Moldy Peaches ha superado las ínfimas expectativas de los más escépticos (sí, yo). Más allá de su papel como folk-man políticamente incorrecto, superando la categoría de hype para modernos, acompañado de una banda sencilla y efectiva, Adam Green ha mostrado que pese al tropezón de su último LP tiene carisma y simpatía (aunque a veces es un poco ganso) para sostener un directo con carácter. Pero, sobre todo tiene canciones propias magníficas, buen ojo para elegir covers, gracejo y estilo para el directo.
Esta noche ha quedado demostrado que si bien sus últimas composiciones pecan de efctistas, abusan de los toques de musical chungo y están jalonadas de un lmentable espíritu AOR, las canciones de su segundo album (Friends of mine) merecen todos los aplausos del mundo como gemitas (éstas sí) de chamber pop travestido de espíritu (anti)folk. Así, Jessica Simpson, Bluebirds, Friends of mine o The Prince's bed han cobrado vida de manera emotiva y vibrante. Mérito doble debido a un soberano trancazo que traía nuestro amigo y le dejaba la voz a medias en ocasiones. Creo que gracias a la enfermedad sólo hemo sido víctimas en una ocasión del inevitable momento tuno; sí, en Bunnyranch ha sacado a dos americanas del público a hacer de conejitas poniéndolas a pegar saltillos por el escenario (¡ejem!). Muchas de las canciones han sido solicitadas por el propio respetable a quien ha preguntado por los derroteros por los que quería que discurriese el show, en compensación por las inevitables limitaciones técnicas.
En efecto, Green, consciente de que el resfriado no le iba a dejar culminar un concierto redondo se ha esforzado por agradar a los fans (y no tan fans), empeñándose en cantar algunas canciones más allá de las posibilidades de su dañado chorro de voz y mostrando una entereza notable por darlo todo y cumplir con las personas que habíamos pagado por verle sobre las tablas.
Y en eso ha residido parte del encanto de la noche; en eso y en ver al moderno y pariolo cantautor tener gestos toreros como arrancarse con una versión del Proud Mary o llevar al terreno del estándar (y muy bien) una referencia indie como es el Cast a Shadow, en un homenaje respetuoso y emotivo al subterráneo pop que le vió nacer. Y así, mientras otros en su lugar (CocoRosie o el tarugo de Antony) se hubiesen ceñido al guión, nuestro amigo se ha salido por la tangente reinventándose el concierto, sin perder la simpatía la compostura y demostrándo que con canciones de verdad (sí, de verdad, ni simulacros ni constuctos culturales) se llega a todos los corazoncitos (incluso los de los más resabiados)
Porque la realidad es que Adam Green habrá dado un traspiés con su último LP pero hace pop de verdad. Nada de simulacro, trampa o cartón; vamos que se cree lo suyo y cree en el pop como una manera de narrar las vicisitudes de la esta vida y no lo considera un mecano más de nuestra era del infotainment. No se confundan, que lo suyo (y lo de Devendra o lo de Rufus), va más allá del alpiste artístico para suplemento moderno. Al final no se si será la fuerza del destino lo que hace que uno se tenga que rendir ante cosas como Dance with me o siplemente esa magia imperecedera del pop. En el primer caso, Adam Green se entiende bien con aquellos que, cándidos, todavía pensamos que una canción es más que importante en esta vida de lo que se cren algunos. Si es lo segundo, contra todo pronóstico, ha demostrado que a él le ha tocado en el reparto un trocito (pequeño y todo lo que quieran pero trocito al fín y al cabo)de esa insólita piedra lunar que es el encanto compositivo.
Por otra parte, como no hay mal que por bien no venga, el resfriado nos ha ahorrado bailes sonrojantes y gracejos de stand up comedy made in usa, chistes tunos en la onda del último Jonathan Richman y demás desastres propios de la espontaneidad de los que, como Green, piensan que están dotados para el humor sin que los demás seamos capaces de ver muy claras la razones.
Adam Green tocó en la sala Arena el 14 de octubre de 2005

1 comentario:

hermesa trimegista dijo...

Curioso cuaderno de notas de Adam Green publicado por los alemanes de Suhrkamp.
http://www.suhrkamp.de/autoren2/green/12405_english.htm