Despues de años de misterio en torno a los Triffids, el olvidado y oscuro grupo australiano (de la garagera Perth, en concreto) se le aparecen a uno un sábado lluvioso como otro cualquiera. Por cuatro eurillos, una oscura tienda de discos cutres usados (el Club de Amigos del Disco, en Argüelles) nos ofrece el tercer LP del misterioso combo. Un trato a todas luces irresistible ¿no creen?Es una pena. Lo mismo que el destino unas veces nos guía hacia algunas canciones en los momentos adecuados, otras veces nos escamotea discos que, en instantes concretos, nos hubiesen colmado de placer. Es lo primero que pienso al pinchar en el tocadiscos este Born Sandy Devotional de los Triffids. Si en aquellos inviernos en que temblábamos de frio espiritual y autocomplacencia artie con Nick Cave y sus Malas Semillas y su corte de divinos conspiradores (Harvey, Bargeld o Hugo Race, por ejemplo) hubiese tenido acceso a este LP lo hubiese disfutado cinco veces más que ahora, ya más calmado de los vaivenes abisales propios de ése rock de alto octanaje espiritual. Hubiese sido perfecta compañía para tardes de melancolía teen y, de haberlo comprado en una edad impresionable, hoy formaría parte de mi altar pop particular. Las conexiones con las Malas Semillas es lo priero que viene a la cabeza; no en vano encontramos en su line up a Martin Casey, presente al bajo en las formaciones de Nicolás desde mediados de los 90.
Los Triffids, leo en All Music, fueron un grupo dedicado a plasmar fundamentalmente las visiones y
obsesiones de David McComb. Tuvieron una anónima vida en el submundo de Perth hasta que fueron descubiertos por una major (gracias a este LP, por cierto) para la que grabaron The Black Swan. Su vida se extiende durante la década de los 80, para morir con la llegada de los 90 (en 1989 se desbandaron). Este Born Sandy Devotional representa la cumbre creativa de su primera época, la más indie. Lo más curioso de este LP es ver no tanto cómo los postulados de Nick Cave y de Go Betweens se pueden fundir en un sonido lánguido y tenebroso sino comprobar hasta qué punto este disco anticipa en dos décadas el posterior sonido de Cave y su evolución hacia aguas más calmas, menos turbias pero no por ello inofensivas. Después de tantas vueltas, resulta que esa alabada madurez del reconvertido bardo de ultratumba es un pálido reflejo de este disco de 1986. Son curiosas las correspondencias subterráneas de la música pop.
obsesiones de David McComb. Tuvieron una anónima vida en el submundo de Perth hasta que fueron descubiertos por una major (gracias a este LP, por cierto) para la que grabaron The Black Swan. Su vida se extiende durante la década de los 80, para morir con la llegada de los 90 (en 1989 se desbandaron). Este Born Sandy Devotional representa la cumbre creativa de su primera época, la más indie. Lo más curioso de este LP es ver no tanto cómo los postulados de Nick Cave y de Go Betweens se pueden fundir en un sonido lánguido y tenebroso sino comprobar hasta qué punto este disco anticipa en dos décadas el posterior sonido de Cave y su evolución hacia aguas más calmas, menos turbias pero no por ello inofensivas. Después de tantas vueltas, resulta que esa alabada madurez del reconvertido bardo de ultratumba es un pálido reflejo de este disco de 1986. Son curiosas las correspondencias subterráneas de la música pop. Es innegable, este disco depara sopresas agridulces -finders keepers, losers weepers- y muy agradables. Resulta que los Triffids hacían un pop refinado y con tendencia al claorscuro que una veces aparece corporeizado en canciones de turbadora belleza como Seabirds, Wide Open Road y, sobre todo, Stolen Property (merece la pena todo el LP sólo por esta canción, una joya realmente bonita), mientras en otros momentos se cubre de tela de saco para acometer enrarecidos coqueteos con el folk-punk como es el caso de Chiken Killer (¿aires
a lo Woodentops?, un poco, un poco) sin olvidar una capacidad increíble para firmar baladas delicadas como Tender is the night, que no quedaría mal en ningún disco de indie-pop de Flying Nun.
a lo Woodentops?, un poco, un poco) sin olvidar una capacidad increíble para firmar baladas delicadas como Tender is the night, que no quedaría mal en ningún disco de indie-pop de Flying Nun. Habría que ver el resto de la discografía (Soulseek mediante) para poder hacerse una idea clara de los Triffids, a pesar de todo. En este disco hay momentos más que discutibles, donde el sonido se hace plúmbeo y los destellos se convierten en fuegos fatuos (Tarrilup Bridge, por ejemplo). A pesar de todo este Born Sandy Devotional queda como una bonita adquisición de sábado lluvioso, que permite salir de dudas largo tiempo alimentadas, al tiempo que nos deja adentrarnos en esas tinieblas musicales que dejamos atrás hace tiempo pero que nos acogen por un rato con familiaridad y simpatía.







